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Homosexualidad y catolicismo
Un porcentaje importante de las personas que manifiestan tendencias homosexuales sufren intensamente a causa de ellas


Por: Eduardo Armstrong | Fuente: Eduardo Armstrong



Homosexualidad y catolicismo

Introducción

Vivimos una era de la información y tiempos en que las comunicaciones han adquirido un carácter nunca antes experimentado por la humanidad, más, simultáneamente, la falta de interés por el conocimiento y la búsqueda de la verdad han conducido a gran parte de nuestra sociedad a experimentar elevados grados de ignorancia, reflejados en los abundantes juicios insensatos que día a día escuchamos. Opiniones, muchas veces basadas en la comodidad, donde buenas intenciones alejadas de la realidad causan un daño inimaginable a millones de personas.

La homosexualidad representa a una desviación de la conducta natural, que afecta la vida de una proporción de la población. Las cifras fluctúan según estimaciones de unos y otros especialistas, entre el 1,5 y sobre el 3% de la población. Aún así, es un estado de vida tan incomprendido como también lo es el desconocimiento sobre la posición de la Iglesia Católica frente a esta realidad que afecta a tantas personas y familias. Desarrollaré este tema en dos partes: primero, abordando sus aspectos generales, y, en segunda instancia, proporcionando al lector la postura oficial de nuestra Iglesia, entregada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una Pastoral dirigida a nuestros obispos, la que debe ser conocida por todos los católicos que deseen comprender esta realidad humana.

Para facilitar la lectura me referiré aquí como homosexual a ambos casos, el masculino y el femenino (lesbianismo).

¿Una enfermedad o una condición?

La homosexualidad está definida como una orientación, o tendencia que orienta el impulso sexual hacia miembros del mismo sexo. Recientemente ha sido excluida como patología o enfermedad por la Asociación Americana de Psiquiatría (USA), por causas que no comparten todos los miembros de ciencia. Sin embargo pocos desconocen que constituye una situación que en sí misma puede llegar a ser un obstáculo que limita a quienes la padecen para alcanzar una vida personal y social, plena y satisfactoria. De aquí, que en ambos casos, ciencia y religión coinciden en la necesidad de dar ayuda a toda persona que la sufre, y las liberan de responsabilidad moral en cuanto a que su condición obedece a un fenómeno ajeno a su voluntad. Diferente situación se presenta cuando de los actos se trata, ya que su condición de homosexual no los exime de responsabilidad social alguna, por lo tanto, en cuanto a sus acciones, están en igual condición moral que cualquier persona.

Situación que se niegan a aceptar algunos, participando activamente en foros internacionales buscando obtener ventajas políticas para su condición, y luchando por supuestos derechos –ventajas- no pocas veces antinaturales y ajenos al mínimo sentido común, y sin consideración alguna por su efecto para con toda la sociedad. Este tema, como tantos otros, no se trata de ser buenas o malas personas, de ser comprensivos y tolerantes, ni de lo contrario, se trata de ser objetivos y justos desde el punto de vista de mantener y cuidar el bienestar común a toda nuestra sociedad (no aceptando presiones dirigidas a dañar la base social). Todos tenemos derechos y obligaciones, libertades y limitaciones, determinadas por la responsabilidad social que nuestra participación en la sociedad conlleva. Como ejemplo, podemos tomar el hecho de una persona que posea tendencias delictivas, si este libera sus tendencias nocivas para otros, su condición no lo exime de su responsabilidad social. Este ejemplo extremo, ayuda visualizar lo que ocurre en aquellas condiciones donde algunas parejas de homosexuales hoy presionan a la sociedad para formar “familias” por medio de la adopción de hijos, lo cual es una aberración antinatural; Los hijos no son un bien que puede comercializarse y el cual está disponible en un mercado de oferta y demanda según el antojo o la legítima necesidad de entregar afecto que alguien pueda sentir en un momento de su vida (es un asunto de formas y también de principios morales). Siempre, el hecho de conducirse por la vía de conductas impropias, malsanas, o reñidas con la moral natural y las costumbres o la cultura, tiene consecuencias para con los miembros de la sociedad. Un segundo ejemplo, sería el de quienes utilizan el escándalo expresando tendencias pervertidas, lo que no les libera de responsabilidad ante ninguna ley natural de recta moral (en sana conciencia). Por ejemplo:

• El supuesto caso de una autoridad pública que visita casas de prostitución masculinas, es para la moral, similar al de una autoridad que visita casas de prostitución femeninas. En su contexto, demuestra ser una persona a quien sus debilidades preceden a las obligaciones que su cargo amerita. No es un asunto de orientación sexual, sino de moral humana, igual para todos.

• El caso de los homosexuales que desean exhibirse, manifestándose en lugares públicos donde buscan presionar para obtener franquicias sociales especiales, con conductas excéntricas que no debieran estar permitidas cuando las formas de expresión atentan contra las buenas costumbres de su propia sociedad (atentando contra la formación de los menores o contra la libertad de quienes no comparten su punto de vista). Prueba de lo cual es que estas manifestaciones y organizaciones son una minoría que causa enormes daños a una inmensa mayoría de personas que viven dignamente su condición de homosexualidad. No es asunto de orientación sexual, sino de conductas morales o amorales, válidas para todo ser humano.

¿Qué es la homosexualidad?

Por homosexualidad se entiende la inclinación amorosa y sexual hacia individuos del mismo sexo, constituyendo un fenómeno de excepción. Se sabe poco acerca de las causas de la homosexualidad, en la actualidad, no hay una explicación acabada de cómo una persona llega a convertirse en homosexual, manifestando una inclinación erótica (afectiva y sexual) hacia individuos de su propio sexo.

Al hablar de homosexualidad, hay que hacer una distinción entre conductas homosexuales ocasionales y transitorias, y la homosexualidad como orientación sexual prevaleciente en la adultez. Experiencias juveniles aisladas no necesariamente desembocan en un homosexualismo en la adultez; es una práctica reñida con la moral y las costumbres, que, en la gran mayoría de los casos, se supera. En la base de estas experiencias están: la debilidad espiritual y en la formación de la conciencia, la fuerza con que nace el impulso sexual en la pubertad, la dinámica de la curiosidad, el deseo de experimentación propio del adolescente y la mayor cercanía que se suele dar con compañeros del mismo sexo a esa edad. Indudablemente, el que estos encuentros sexuales puedan ocurrir, no significa que constituyan una práctica recomendable o moralmente adecuada: prueba de lo cual es que generan angustia, dudas e inseguridad con respecto a su propia identidad y orientación sexual y, además, existe el riesgo de contagio de enfermedades del cuerpo, la mente y el espíritu. Esta, como otras causas, pueden inducir a sentimientos de dudas acerca de una real orientación sexual, creando en ciertos casos estados sicológicos que semejan al de un homosexual; un especialista ciertamente puede conducir a un exitoso resultado y permitir al afectado darse cuenta de su realidad sexual, permitiéndole reiniciar su vida plenamente.

Con respecto a la homosexualidad, como orientación sexual prevaleciente en la adultez, ella puede ser absoluta, en la cual no hay ninguna atracción por el sexo opuesto, o relativa, en la cual hay atracción hacia el sexo opuesto. En este último caso, se la denomina bisexualidad.

Una aclaración que resulta necesaria es que algunas personas creen que el percibir la belleza o el atractivo de personas del mismo sexo constituye evidencia de que existe una inclinación homosexual; muy por el contrario, es una tendencia muy natural sentir agrado estético ante la armonía física, de donde sea que ella provenga. El mito de que es fácil identificar desde la infancia a los homosexuales varones porque manifiestan un comportamiento afeminado, y a las mujeres por su conducta viril, no es así; y hay mucha gente que sufre intensamente a causa de atribuciones ligeras y suposiciones erróneas con respecto a su orientación sexual.

Un porcentaje importante de las personas que manifiestan tendencias homosexuales sufren intensamente a causa de ellas. Es comprensible que así sea puesto, que esta condición no constituye una manera plena de vivir la sexualidad humana, lo cual los afecta dificultando encontrar las formas adecuadas de manejar y conducir su afectividad.

Si bien la tendencia homosexual es contraria al orden natural, quienes la viven pueden estar condicionados por múltiples factores que nosotros no conocemos ni podemos juzgar. Los riesgos que implica esta condición para quienes los rodean, no son diferentes de los riesgos habituales en toda relación de cercanía humana, materia que desarrollaré al final de este trabajo. Son seres humanos que merecen respeto y ayuda, jamás desprecio o rechazo. No deben se tratados con menosprecio, sino con la misma dignidad que merece todo ser humano. Todos tenemos limitaciones y vivimos en un universo de diversidades humanas, todos necesitamos aprender a convivir en comunión.

¿Puede una persona homosexual dejar de serlo?

Hasta donde llega el conocimiento actual, no; ya que a pesar de los múltiples esfuerzos por intentar cambiar la tendencia, ni la psiquiatría, ni la medicina ha logrado hasta hoy explicar sus orígenes. Tampoco existe un estudio científico terminado que demuestre lo contrario. Pero, en muchos casos, la ayuda especializada puede ayudar a cambiar una conducta (no la tendencia), para que el afectado logre llevar una mejor vida consigo mismo y con quienes le rodean.

¿Cómo es sentirse homosexual?

Es extremadamente difícil para el homosexual aceptar su condición de tal: deben sobrellevar una gran lucha interior y frustración frente a la impotencia de no poder sentir estímulos ni atracción por el otro sexo; ellos saben que nunca la tendrán, ya que esto requiere una serie de condiciones psíquicas y físicas que jamás obtendrán.
Ser “diferente”, trae consigo fuertes conflictos con la familia; la imposibilidad de llegar a formar una familia propia por medio del matrimonio; y en consecuencia, de formar hijos biológicos; deben enfrentar el desprecio de muchos de sus antiguos amigos durante toda su vida; y resignarse a sufrir grandes sentimientos de angustiosa soledad e incomprensión por el resto de su vida, cuando son rechazados.

Quienes piensan lo contrario en materia sexual, saben en su interior la verdad: Una conducta egocéntrica e individualista tan sólo permite acceder a un acto sexual que constituye una forma incompleta de relación afectiva, a una masturbación. No se trata de que no se puedan expresar afectos, sino de que en el plano sexual se estará siempre limitado, porque el cuerpo humano es una integridad, y en el acto sexual natural se despiertan diversos puntos sensibles del cuerpo, la mente y el alma, que claman por ser atendidos simultáneamente para alcanzar su plena realización; Algo imposible de lograr en una masturbación cualquiera sea su origen o la condición sexual de la persona. Una masturbación siempre es un acto egocéntrico, y jamás el egocentrismo ha contribuido al desarrollo de la persona o a construir una vida mejor.

Ellos deben aceptar la incomprensión y el rechazo de muchas personas, y que lo hacen sólo por considerarlos diferentes; sin importarles que los homosexuales también son personas, que, al igual que todos los seres humanos, nunca han tenido la oportunidad de elegir su sexo o condición sexual (irreversible). Y, lo peor, es que muchos de estos “críticos” se toman la libertad de hacerlo en nombre de la Iglesia.

Quien critica a una persona homosexual, no sabe, o no quiere aceptar, que es un ser humano con dignidad de tal. Su valor, como persona, es el mismo que el de toda persona, posición mantenida por la Iglesia. Más aún: la Iglesia califica su condición “Como una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto y delicadeza”; “Se debe evitar todo tipo de discriminación injusta”; “Los homosexuales están llamados a realizar la voluntad de Dios en su vida”; y considera a las dificultades que puedan encontrar en sus vidas, por causa de su condición, como su cruz personal (Catecismo de la Iglesia Católica).


La familia y las amistades, el apoyo natural eindispensable


Sus opciones en la vida son realmente más difíciles que las de quienes se autodenominan “normales”. Todo homosexual tiene necesidad y derecho a la amistad desinteresada y a desarrollarse como una persona integral en lo físico, psíquico y espiritual. La sexualidad de los esposos es fuente de alegría y de agrado, no siendo fácil, para ningún homosexual, saber que estará privado de por vida de esta satisfacción (matrimonio, hijos, familia, sexo,..). Por lo tanto, un homosexual merece todo nuestro respeto y, al menos, el mismo trato que se da a los demás. Nadie debe, con una actitud irresponsable, dificultar aún más la vida de estas personas, que son y sienten igual que nosotros, en todo, menos en lo sexual.

El impacto que causa en una familia conocer la condición de uno de sus miembros como homosexual es enorme. Habitualmente, son informados por el propio afectado, cuando él no resiste más continuar soportando en soledad una situación que lo desconcierta, sumiéndolo en profundas angustias y depresiones, acompañadas normalmente de una autoestima mínima. Lo hacen en su valiente decisión de enfrentar al mundo, ya que, como si lo anterior fuera poco, de no hacerlo, no pueden definirse ellos mismos como personas frente a la vida. Los nervios y el miedo al desprecio e incomprensión, muchas veces, los hace manifestarse de formas torpes o que parecen explosivas, lo que es interpretado casi como una agresión por sus familiares que se sienten “normales” o comunes, agravando el estado general de la situación. Esta manifestación, generalmente ocurre durante la adolescencia.

Lo que debemos hacer es darles afecto, comprensión, aceptación, y ayudarles sincera y efectivamente a buscar su camino en esta vida. No importa que el proceso sea lento, esto se comprende por lo difícil que es aceptar la realidad; pero, si no los ayuda su familia, su principal apoyo en la vida, entonces su propia familia los estará empujando a buscar fuera de su casa lo que les fue negado. Un riesgo inmenso, donde nadie puede saber hasta dónde llegará el grado de daño que se causa, tanto al homosexual, como a todos los miembros de la familia, que reniega de un hijo/a o de un hermano/a, en una forma tan cobarde.

Este tema es de especial importancia y debe comprenderse en su real dimensión: nuestra sociedad oculta la enorme cantidad de personas homosexuales que muere cada año (auto-eliminados), por no haberse sentido capaces de aceptar lo que significa enfrentar por el resto de sus vidas a una sociedad hostil, hipócrita y egoísta frente a su realidad. Conocer la posición cristiana frente a este tema es efectivamente muy importante, ya que ayudará no sólo a salvar vidas, si no, también, a formar una sociedad más justa y consecuente con los principios que decimos tener.

Prejuicios y generalizaciones, un mal de nuestro tiempo

Por último, no podemos dejar de referirnos a los homosexuales exhibicionistas y practicantes tan publicitados por los medios. Constituyen una muy pequeña minoría, de conductas claramente “anormales” las que muchas veces caen en la pornografía y la degeneración. Pero las conductas “anormales” no son exclusividad de los homosexuales; las hay también y quizás más, en las personas que nos denominamos “normales”. No existe relación alguna, entre “degenerado” o “depravado” y homosexual, como algunos creen. Los pervertidos, degenerados o depravados, de cualquier condición o sexo son personas con su mente alterada, valores escasos, y una autoestima mínima; El afecto lo tienen ligado sólo a la búsqueda de su placer personal. Son personas que requieren tratamiento especializado (médico o psiquiátrico), con cuya ayuda y mucha prudencia y el afecto de quienes los rodean, podrían llegar a cambiar su conducta. Estos son enfermos y, como tales, deben inspirar nuestra compasión, pero no seamos simplistas cayendo en prejuicios y generalizaciones que estigmaticen a inocentes.

El homosexual común es una persona, y necesita que se le permita desarrollar una vida normal y natural; Ya tiene suficientes problemas para manejar y superar su condición como para que les pongamos obstáculos adicionales. Si a alguien le es difícil aceptar la presencia habitual de un homosexual, que imagine cuán difícil es para ellos aceptarse a sí mismos para toda la vida.

Ellos pueden ser grandes. Su condición, generalmente, les permite desarrollar una sensibilidad superior a la común. El sufrimiento que les produce la lenta aceptación de sí mismos y el poder lograr un espacio en la vida, los hace crecer mucho como personas, llegando ser, muchas veces, grandes hombres y mujeres, realmente valiosos para nuestra sociedad y para Dios.

Quisiera invitar al lector a leer la maravillosa Pastoral sobre la Homosexualidad de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicada por Juan Pablo II y firmada por quien hoy es Benedicto XVI. Nos ha sido regalada a todos los católicos, para que nadie tenga dudas acerca de cuál es la postura de la Santa Sede en esta materia.

Comentarios al autor: Eduardo Armstrong

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