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¿Por qué surge el problema de la eutanasia?
En este artículo, que forma parte de una serie, se analiza el marco cultural del problema de la eutanasia.


Por: Dr. Miguel Carmena | Fuente: Dr. Miguel Carmena



¿Por qué surge el problema de la eutanasia?

El marco cultural en el que surge el problema


La secularización del pensamiento y de la vida.

El recto secularismo lo inventó Jesucristo: “dad al césar lo que es del césar y dad a Dios lo que es de Dios”. Es una justa valoración de la autonomía relativa y del valor de las realidades temporales. Pero el nuevo secularismo se ha convertido en un exclusivo interés por las realidades mundanas y en un rechazo de toda dependencia de Dios y de la ley moral por parte del hombre. Este tipo de secularismo se hace incapaz para dar sentido al dolor y a la muerte.

La muerte sólo tiene sentido si al privar al hombre de los bienes terrenales, abre la
esperanza hacia una vida más plena, cosa que no aporta el secularismo imperante. Por eso la muerte se ha convertido hoy en un tabú, en algo innombrable (comparar con el tabú sexual y el tema de la cigüeña). La eutanasia nace precisamente en estas sociedades.

El cientifismo racionalista y humanitarista.

Su tesis principal es que el conocimiento objetivo sólo es posible en el campo de la ciencia experimental (pero en esta tesis hay una contradicción porque esta afirmación no nace de la ciencia experimental, y por tanto, según esta teoría, no es un conocimiento objetivo). Esta concepción de la ciencia reduce los valores éticos al campo del mito y de la imaginación.

La descomposición de la medicina entre tecnología y humanización.

Los progresos médicos hacen cada vez más difíciles de definir las fronteras entre la vida y la muerte, entre el coma reversible y el irreversible. Las técnicas de reanimación actuales llevan a muchos pacientes a una recuperación prodigiosa y total, pero muchas veces, más que la vida, lo que prolongan es la agonía. El esfuerzo tecnológico en las salas de reanimación va acompañado a menudo del aislamiento y la soledad del enfermo; aislamiento de los familiares incluso en el momento de la muerte, soledad incluso respecto del cuerpo médico afanado en torno a las máquinas. Hace falta pasar de la simple asistencia técnica a la asistencia humana (que se prolonga cuando el paciente ya está en el proceso irreversible del camino final hacia la muerte porque el paciente siempre tiene derecho a recibir “asistencia humana”).

Consecuencias

Muchos piensan que la vida humana no merece ser vivida más que en determinadas condiciones de plenitud, frente a la afirmación de que la vida humana es un bien superior y un derecho inalienable e indisponible (es decir, que no depende de la decisión propia ni de la de otros).

Hay una imprecisión muy frecuente en el uso de los términos.

Los argumentos en defensa de la eutanasia suelen ser

Hay un derecho a la muerte digna expresamente querida por el que padece sufrimientos atroces.

Cada uno puede disponer de su propia vida en el uso de su libertad y autonomía individual.

Suprimir la vida de los deficientes psíquicos profundos o de los enfermos en fase terminal es una forma de progreso pues son vidas que no pueden llamarse propiamente humanas.

Es una manifestación de solidaridad social pues se eliminan vidas sin sentido que constituyen una dura carga para los familiares y la propia sociedad.

Se da un valor absoluto a la libertad que puede decidir sobre cualquier cosa.

¿Cómo funcionan las campañas de defensa de la eutanasia?

Siempre se comienza presentando un caso límite, una situación terminal llamativa que excite la sensibilidad colectiva para justificar la eutanasia en este caso dramático y singular. Se admite un caso y así, tomándolo como modelo, se pueden “arreglar” otros. Se habla de “arreglar un problema”, no se usa jamás el término “matar a un ser humano”. Suele presentarse a un hombre del que se dice que se encuentra en vida vegetativa, pero esta afirmación no es real; su vida sigue siendo humana, siente, oye y vive como hombre, no es un vegetal.

Se llena la opinión pública de eufemismos que aprovechan muy bien la dificultad conceptual y terminológica para distraer el punto de atención sobre la realidad del asunto (que es matar a un hombre) y superficialmente se simplifican los juicios con términos como: “ayudar a morir”, “facilitar la culminación de la vida”, “liberación del enfermo”, etc.

Se presenta a los defensores de la vida como retrógados, intransigentes, contrarios a la libertad y al progreso. Así se distrae el debate y no se escuchan con serenidad y ecuanimidad las opiniones a favor de la dignidad del ser humano pues ya están inseminados los prejuicios en las mentes de la opinión pública.

Como muchas confesiones religiosas actúan en el debate a favor de la vida (especialmente cristianos y judíos), se extiende la idea de que es un simple problema religioso, íntimo, de mera conciencia individual, que puede aceptarse en una sociedad pluralista.

Se hacen encuestas de opinión sobre la ciudadanía, los enfermos de SIDA, los de cáncer, los médicos, etc. Estas encuestas son poco fiables pues hay mucha imprecisión terminológica, muchos componentes emocionales que se ponen en juego, etc. Es famoso el caso de la encuesta realizada en Barcelona donde se decía que el 90% de los médicos de la ciudad estaban a favor de la eutanasia, pero viendo los cuestionarios, en verdad estaban en contra del “ensañamiento terapéutico”. En el fondo hay un hábil manejo de la terminología para “orientar” los resultados.

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