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Camino Neocatecumenal
El Neocatecumenado se presenta a sí mismo como un período de gestación, en el seno de la Iglesia


Por: Kiko Argüello y Carmen Hernández | Fuente: Catholic.net



El Señor nos ha llamado a vivir un camino de conversión, a través del cual estamos descubriendo la inmensa riqueza de nuestra fe en un catecumenado post-bautismal.

Durante este catecumenado, gradualmente, etapa por etapa, paso a paso, descendemos a las aguas de la regeneración eterna, de forma que el bautismo que la Iglesia nos confió en el pasado, mediante nuestra adhesión a él, se convierta en sacramento de salvación, en buena noticia para todos los hombres.

A través del Neocatecumenado, se abre en el centro de la parroquia, un camino de iniciación cristiana que desarrolla un trabajo pastoral de evangelización para adultos.

Esta evangelización está trayendo a una fe viva a muchos de nuestros hermanos, quienes hoy viven un cristianismo de costumbres y hábitos, y está permitiendo que mucha gente sumergida en un mundo secularizado, tenga la posibilidad de encontrarse con Jesucristo a través de comunidades cristianas, que viven su fe en un nivel adulto del amor en la dimensión de la cruz y en una unidad perfecta.

Una de las mayores experiencias que hoy tenemos y por la cual bendecimos al Señor, es ver cómo Dios nos permite anunciar el Evangelio en tantas partes del mundo. Y no sólo proclamamos el kerigma, sino que aparece un camino para la gestación de la fe basado en una comunidad, a través del cual, con el tiempo, el párroco puede pasar de una pastoral concentrada en los sacramentos a una pastoral de evangelización.

El Camino Neocatecumenal se vive dentro de la estructura existente de la parroquia y en comunión con el obispo, en pequeñas comunidades compuestas por gente diferente en edad, estatus social, apariencia y cultura.

No es un grupo formado espontáneamente, ni una asociación, ni un movimiento espiritual, ni una élite dentro de la parroquia. Más bien es un grupo de gente que desean redescubrir y vivir la vida cristiana en toda su plenitud, vivir las consecuencias esenciales de su Bautismo, por medio de un Neocatecumenado dividido en diferentes etapas, tal como el Catecumentado de la Iglesia primitiva, pero adaptado a su condición de personas ya bautizadas.

Como consecuencia, estas comunidades tienen la misión de ser, en el interior de la parroquia, el signo y sacramento de la Iglesia misionera (Sínodo de Obispos), de abrir un camino concreto de evangelización para los alejados, dando - en la medida en la que la fe se ha desarrollado - los signos que llaman a conversión a los paganos, esto es, el amor en la dimensión de la cruz y la unidad. "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado. En esto conocerán que sois mis discípulos" (Jn, 12, 34-35). "Padre, que sean uno en nosotros, como Tú lo eres en Mí y Yo en Ti, para que el mundo crea que eres Tú quien me ha enviado" (Jn, 17,21)

La Familia de Nazaret: imagen del Camino Neocatecumenal

Nicodemo preguntó a Jesús: "¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo si ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y nacer?" (Jn 3,4).

Esta frase ilustra el espíritu de las Comunidades Neocatecumenales, volver al seno de la Iglesia, volver a nuestra Madre, la Virgen, de forma que ella regenere en nosotros la semilla que llevamos dentro por el Bautismo, y hacer que esta semilla crezca.

Llamamos a este tiempo de gestación y crecimiento, el Neocatecumenado. María, la imagen de la Iglesia y de cada cristiano, recibe el anuncio de una buena noticia: el Mesías nacerá en ti. Después de que ella aceptó estas palabras, el Espíritu Santo la cubrió con su sombra y dio comienzo la gestación de una nueva criatura: Jesucristo, quien gradualmente se formará hasta el día de su nacimiento en Belén.

Anuncio, gestación, nacimiento y vida escondida en la pequeña comunidad de Nazaret donde el niño crecerá hasta que alcance la edad en que pueda tomar la misión que su Padre le había confiado: estas son las etapas a través de las cuales nosotros mismos también deseamos pasar, convencidos de que, a través de ellas, la Iglesia puede ser renovada, para dar una respuesta a los nuevos tiempos y servir al mundo moderno.

Cristo, quién ha sido consituido por Dios espíritu dador de vida, el primer nacido de una nueva creación, hace su obra de salvación accesible al mundo en el Koinomia, en el Agape de la gente que ha resucitado por Él en una Iglesia, una comunidad de personas quienes se aman unos a otros porque el Espíritu se ha derramado sobre ellos, el Espíritu Santo.

El Neocatecumenado se presenta a sí mismo como un período de gestación, en el seno de la Iglesia. En estas personas quienes, como María, dicen su "Así sea" al anuncio del Salvador, la Palabra empieza a generar una nueva creación, la obra del Espíritu Santo.

La Iglesia se presenta como una Madre quien engendra, da nacimiento y cuida de sus hijos hasta que ellos alcanzan la estatura de un nuevo hombre, de quien San Pablo dice: "Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí" (Gal, 2,20).

Y esta comunidad, en la cual Cristo se hace visible, vive en humildad, simplicidad y alabanza, como la Sagrada Familia de Nazaret, conscientes de que tienen una misión; dar tiempo a Cristo para que nazca en ella, para poder realizar la misión confiada a Él por Dios, la misión del Siervo de Yahveh.

 

Continúa con El camino Neocatecumenal







 

 





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