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Terri Schiavo~El soporte vital, la eutanasia y el encarnizamiento terapéutico
El reciente fallecimiento de Terri Schiavo en EE.UU. enfrentó dos actitudes respecto a la vida humana que paradójicamente coincidían en defender la dignidad humana


Por: Dr. Eduardo Casanova | Fuente: El criterio asistencial en la práctica médica.Tesis de doctorado en bioética



Terri Schiavo: El soporte vital, la eutanasia y el encarnizamiento terapéutico

El reciente fallecimiento de Terri Schiavo en EE.UU. enfrentó dos actitudes respecto a la vida humana que paradójicamente coincidían en defender la dignidad humana. Unos querían evitar esfuerzos fútiles para prolongar la vida. Otros pretendían no abandonar esa vida precaria. Ambos, al sostener que defendían la dignidad de la vida humana, señalaban que sus contendores atentaban contra ella realizando respectivamente encarnizamiento terapéutico o eutanasia.

Los términos de la discusión tomaron un giro filosófico, ético y religioso, dejando de lado la motivación económica, que aunque más prosaica, es la que habitualmente está presente en los atentados contra la vida humana. En efecto, no sólo en las novelas policiales sino en la vida real, resulta útil preguntarse sobre este “móvil”, que siempre existe, y casi invariablemente es de tipo económico. Lo mismo ocurre en el encarnizamiento terapéutico y en la eutanasia; sin embargo durante el caso de Terri Schiavo casi no se oyó hablar de él.

La motivación económica de la eutanasia

El avance tecnológico de los medios de sostén vital artificial permitió superar situaciones que antes eran irreversibles en corto plazo. Dichos medios, cada vez más sofisticados y eficaces, hicieron más costosa la asistencia. La producción industrial permitió abaratar la fabricación de fármacos y aparatos de sostén vital, sin embargo, pronto se hizo evidente que el determinante del costo se relacionaba con el valor del trabajo humano asistencial, no sustituido por los medios tecnológicos. En los cuidados paliativos, la dedicación de enfermería y fisiatría, era casi de tiempo completo.

Paradójicamente, los medios diseñados, aumentaron la demanda humana asistencial hasta constituir un verdadero desafío para la salud pública, que debía administrar recursos materiales y humanos siempre limitados.
Los modernos analgésicos y tranquilizantes, como medios para combatir el dolor y la angustia, hizo que perdiese significado el antiguo concepto de eutanasia como “muerte dulce” o “piadosa”, pero la nueva situación de una “sobrevida costosa” imprimió un giro economicista al anterior significado de la eutanasia: permitía limitar los costos multimillonarios y siempre crecientes para mantener la vida precaria.
Sin duda la futilidad de la acción médica y el encarnizamiento terapéutico es una realidad, pero habría que preguntarse hasta qué punto, como en el caso de Terri Schiavo, no puede ser tomado como un pretexto para la eutanasia.

El encarnizamiento terapéutico también tiene una motivación economicista, pero es diferente a la que lleva al abandono de los cuidados paliativos, que son onerosos por la demanda de los cuidados de enfermería y de fisiatría. Un reciente congreso mundial de cuidados paliativos puso en evidencia que dichos gastos se reducen notablemente, y aumenta su eficacia, cuando el enfermo es cuidado en su propio domicilio por sus familiares. El verdadero problema se plantea cuando falta dicho apoyo, y se requiere la institucionalización del paciente y la contratación de personal. En esta última opción, aunque se prescinda de gestos activos para causar la muerte, se trata de una verdadera eutanasia pasiva, (como la prevista en reciente legislación de algunos países), que mantiene los mismos caracteres de la eutanasia activa, en la medida que comparte una idéntica intencionalidad de causar la muerte.
La eutanasia indirecta, como la aplicada con Terri Schiavo, consiste precisamente en el “abandono” del paciente cuando por sí mismo es incapaz de realizar los gestos básicos e imprescindibles que le permiten sobrevivir. La eutanasia directa se causa administrando sustancias en dosis tóxicas, o cortando las vías naturales o artificiales que le mantienen vivo. Es útil considerar en ambos casos la intencionalidad causar la muerte, ya sea por las acciones que se realizan, o por las que se omiten.

La motivación económica del encarnizamiento terapéutico
Podría suponerse que el empecinamiento para realizar un tratamiento, a sabiendas que resultará inútil, es una acción propia de un loco. Sin embargo, es una situación lamentablemente real, realizada con una motivación económica, que la hace tan agraviante como la eutanasia.
Equivocadamente se invocaron motivos filosóficos o religiosos que confunden e ignoran el verdadero móvil económico de este atentado. Resultaría obvio preguntarse: ¿qué religión, o qué filosofía, puede promover semejante práctica absurda e inhumana?

El motivo económico del encarnizamiento terapéutico (distancia), no es el “ahorro” como en la eutanasia, sino el aumento del “lucro”, bajo diferentes modalidades injustas.
Igual que en la eutanasia, para la distanasia resulta definitoria la intencionalidad con la que se realiza el acto médico, que resulta disociado del verdadero interés de la vida y salud del enfermo. El lucro puede buscarse indebidamente, cuando se pretende mantener los beneficios percibidos por la asistencia, que se suspenderían en el caso de fallecer el enfermo. En otras situaciones, las acciones de sostén vital tampoco se relacionan directamente con la vida y la salud del enfermo, sino con el interés de terceros, por ejemplo cuando se espera demostrar el beneficio de ciertas acciones con fines de investigación.

La práctica actual de una “medicina defensiva” es también una ocasión frecuente de distanasia. Ella se da cuando el agente asistencial realiza una especie de “sobre-asistencia”, que no procura el beneficio del enfermo, su salud, sino proteger de eventuales demandas a quien le asiste. Ello no sólo genera un alto costo sino una mala praxis médica, que agravia al enfermo con un ensañamiento terapéutico.
Pese a un común e injustificable denominador economicista, de distanasia y eutanasia, la primera es sólo ocasional y puntual. En la eutanasia los objetivos económicos alcanzan una proyección social, como política de salud pública, que explica que se ocupen de ella los órganos gubernamentales. El parlamento no legisla sobre la necesidad de auditoría médica que evite la distanasia; pero en cambio considera proyectos como el llamado “testamento vital” y el “suicidio asistido”. Igual que en el caso de Terri Schiavo, el encarnizamiento terapéutico es sólo un pretexto para eludir el tema económico.

El terrible valor de la eutanasia, como precedente
Pretender ignorar el “peso” del criterio económico en la toma de decisiones de casos concretos, como el de Terri Schiavo, es ignorar el peso del “precedente”. La realidad de este precedente es más concreta que una “etérea” filosofía: pesa sobre la jurisprudencia, la economía…, y la cultura asistencial de la sociedad. Resultará imposible no transitar por el camino abierto para una persona, para otras, en otras circunstancias similares. Será difícil que el camino abierto para una persona, no pueda seguir transitándose para otras, en otras circunstancias.
Como precedente, la eutanasia prima a nivel social y sobre las políticas de salud pública, más que el encarnizamiento terapéutico, pues afecta más la economía de la comunidad que la de particulares. Además, mientras la auditoría puede revertir el lucro indebido de la distanasia, la legislación que aplique la eutanasia normatizará esa auditoría, y la hará irreversible para las personas que discrimine en su asistencia.
Por último, el peor valor de precedente de la eutanasia se relaciona con la cultura asistencial: cuando por motivos diferentes a los de Terri Schiavo, alguien no pueda obtener por sí mismo, no ya agua y alimento, sino otras cosas también imprescindibles, como vivienda, educación, trabajo.

¿El enfermo puede pedir la muerte al médico?
No. El enfermo puede pedir al médico ayuda para vivir en plenitud (salud), sin limitaciones de dolor y angustia (enfermedad).

¿El médico puede consultar a familiares sobre “dejar morir” al enfermo?
Los familiares no deben “cargar” con una responsabilidad médica, técnica, que no les corresponde, y como el médico, sólo pueden promocionar la salud.

¿Qué es el cóctel lítico?
Debe distinguirse de la administración de analgésicos y sedantes. Ello no sólo es lícito sino obligatorio: calmar dolor y angustia no causa la muerte (destrucción o lisis), sino procura confort. No incluye la intencionalidad de matar, efectivizada con dosis excesivas de estos u otros fármacos, usados como tóxicos.


* Texto de referencia: CASANOVA E., “El criterio asistencial en la práctica médica.” Tesis de doctorado en bioética, Roma 2004.





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