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Sobre la eutanasia y puntos convergentes
En el debate actual sobre la eutanasia a mi parecer destacan cuatro puntos que hay que clarificar y se analizan en este artículo


Por: Javier Card. Lozano Barragán | Fuente: Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud



Sobre la eutanasia y puntos convergentes

En el debate actual sobre la eutanasia a mi parecer destacan cuatro puntos que hay que clarificar: qué es la eutanasia, que es el ensañamiento terapéutico, que son los cuidados paliativos y qué es el testamento biológico. Aclarados estos puntos hay que ir a los problemas fundamentales. El más profundo es el dominio de la vida: ¿A quién pertenece? Las hipótesis de respuesta son tres: a Dios, al Estado (sociedad, familia, Gobiernos, etc.) al individuo (autonomía del individuo). Yendo más allá, deben responderse las preguntas sobre la significación del sufrimiento y de la muerte.

En cuanto a los primeros cuatro puntos diremos que la eutanasia es toda acción u omisión intencionales practicadas en los enfermos terminales (o en cualquier persona "no deseada") que les causa directamente la muerte. El ensañamiento terapéutico es el uso de tratamientos inútiles y desproporcionados que en un enfermo terminal, frente a una muerte inminente, no hacen más que prolongar una dolorosa agonía. La inutilidad y desproporcionalidad es algo que debe ser juzgado por el enfermo en cuanto tal, por el médico, por su familia, por el entorno social (el Estado y sus disposiciones sanitarias justas, los aspectos económicos, los aspectos mentales y espirituales del mismo enfermo, etc.). Los cuidados paliativos son tratamientos dirigidos a aliviar el dolor en los enfermos terminales. No se trata de curación sino de alivio del dolor. Su finalidad son la calidad de vida, de manera que se disponga al enfermo a efectuar el paso más importante de su existencia que es el momento de la muerte. El testamento vital es la voluntad expresa de disponer los últimos momentos de la existencia terrena en el aspecto socio sanitario. Si este testamento dispone la eutanasia, no es aceptable para el pensamiento cristiano. Si este testamento dispone la renuncia al ensañamiento terapéutico, es aceptable para el pensamiento cristiano.

A la pregunta de ¿a quién pertenece la vida?, la respuesta es, en primer lugar a Dios, porque El nos la ha confiado en administración como administradores de la misma. Y como las vertientes de la personalidad son tanto individuales como sociales, pertenece también a la sociedad y a sus instituciones sociales. La armonía entre estos tres posesores debe dar como resultado la vida en plenitud, garantizada por Dios mismo, ya que El es verdaderamente su dueño.

En cuanto al sufrimiento, éste debe ser combatido. Cristo murió para vencer nuestra muerte y por tanto a su cohorte que es el sufrimiento. Sin embargo, Cristo lo combate con su propio sufrimiento que engloba el sufrimiento de toda la humanidad, de manera que los sufrimientos de todos en El se ha concentrado de manera que en realidad El mismo los sufre. Si voluntariamente unimos nuestro sufrimiento al de Cristo, combatimos lo más eficazmente dicho sufrimiento. Lo que significa también la obligación sanitaria de aducir todos los medios de cualquier tipo, de la ciencia médica, de las técnicas sanitarias, etc., para combatir sanitariamente el dolor.
En cuanto a la muerte, la entendemos como la madurez de la vida, de manera que la vida se constituye por etapas, de las cuales cada una tiene su finalidad de acuerdo al crecimiento humano de todo tipo; la muerte no es el término sino la madurez de todas las etapas que han preludiado su preparación como inicio de una vida plena. Es el sentido cristiano de la resurrección.

Desde estas perspectivas de la vida, el sufrimiento y la muerte se comprende la posición cristiana respecto a la eutanasia, el ensañamiento terapéutico, los cuidados paliativos y el testamento vital.

Ciudad del Vaticano, 27 de septiembre de 2006.
Javier Card. Lozano Barragán
Presidente del Pontificio Consejo
para la Pastoral de la Salud

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