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La falta de calidad de vida no justifica la eutanasia
Incluso la simple duda de encontrarse en presencia de una persona viva plantea ya la obligación de su pleno respeto y de abstenerse de cualquier acción que busque anticipar su muerte


Por: SS Juan Pablo II | Fuente: Discurso a la Federación Internacional de las Asociaciones de Médicos Católicos



La falta de calidad de vida no justifica la eutanasia

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 22 marzo 2004. La falta de «calidad de la vida» no constituye un motivo para provocar la muerte a una persona, asegura Juan Pablo II; por el contrario, debe llevar a una obra de ayuda y asistencia amorosa a quienes rodean al enfermo.

«El valor de la vida de un ser humano no puede ser sometido a un juicio de calidad expresado por otros seres humanos», afirmó este sábado al recibir a los 400 participantes en un congreso internacional promovido por la Federación Internacional de las Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC) y de la Academia Pontificia para la Vida

Sobre el valor de la vida, añadió, «no pueden prevalecer consideraciones sobre la "calidad de la vida", dictadas con frecuencia, en realidad, por presiones de carácter psicológico, social y económico».

En el número 65 de su carta encíclica «Evangelium vitae» (25 de marzo de 1995), aclara que por eutanasia «en sentido verdadero y propio se debe entender una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor».

Al mismo tiempo, distingue la eutanasia de «la decisión de renunciar al llamado "ensañamiento terapéutico", o sea, ciertas intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados que se podrían esperar o, bien, por ser demasiado gravosas para él o su familia».

«Ninguna evaluación de los costes puede prevalecer sobre el valor del bien fundamental que se trata de proteger, la vida humana», indicó el Papa.

«Admitir que se puede decidir la vida del ser humano en virtud de un reconocimiento desde el exterior de su calidad, equivale a reconocer que se pueden atribuir a cualquier personal desde el exterior niveles crecientes o decrecientes de calidad de la vida, y por tanto, de dignidad humana».

En este caso, subrayó, se introduciría «un principio discriminatorio y eugenésico en las relaciones sociales».

El Papa subrayó el principio moral, según el cual, «incluso la simple duda de encontrarse en presencia de una persona viva plantea ya la obligación de su pleno respeto y de abstenerse de cualquier acción que busque anticipar su muerte».

Ahora bien, el Papa exigió que esta defensa del derecho fundamental, en particular en el caso de los pacientes en estado vegetativo, esté acompañada por «acciones positivas», en particular, apoyando «a las familias» de los enfermos.

«No pueden quedar solas con su pesado peso humano, psicológico y económico», aclaró, por lo que la sociedad debe comprometer los recursos disponibles para prestarles ayuda.

En esta ayuda, el Papa recordó el papel decisivo que tienen los médicos, y los agentes sanitarios, así como los voluntarios que ayudan en la asistencia de los enfermos, «apoyo fundamental para hacer que la familia salga del aislamiento».

La Iglesia se siente comprometida personalmente en la ayuda a las familias de los enfermos, indicó por último, subrayando la «importancia de la consulta espiritual y la ayuda pastoral, como auxilio para recuperar el significado más profundo de una condición aparentemente desesperada».

El tema del Congreso que había reunido a los huéspedes del Papa, celebrado en Roma del 17 al 20 de marzo, fue «Los tratamientos de apoyo vital y el estado vegetativo. Progresos científicos y dilemas éticos».





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