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Testamento de Benedicto XVI para los ateos
A propósito de un pensador ateo que se siente huérfano del Papa emérito


Por: Javier Garralda Alonso | Fuente: ForumLibertas



Que piensa (Gabriel Albiac) que han perdido los ateos “al único interlocutor de fuste en el mundo moderno”. El concepto de Dios que concibe este pensador ateo es el de Dios como una isla autosuficiente y por sí misma plena. Nada le determina ni le afecta. Sería aquello de que carecen los hombres: “ningún hombre es una isla, para sí misma plena”.

Teme que el sucesor de Benedicto XVI haga del Dios que es aquella isla inaccesible “que Pascal y sus amigos de Port-Royal añoraban, una pieza del continente, una parte del todo: mundo". Y alude a los “silencios de Dios” “tan fascinantes en el magisterio de Benedicto XVI”.

Si bien es verdad que Dios es autosuficiente y pleno y que por Sí mismo, si no tuviera una voluntad comunicadora, resultaría inaccesible para el hombre, a la concepción de Dios de nuestro pensador le falta algo que es esencial para afirmar, o negar, el verdadero rostro de Dios:

Dios siendo infinitamente feliz en su eterna bienaventuranza y autosuficiencia, ha querido salir de Sí mismo para abrazar el dolor y la pequeñez del hombre, permitiéndose a Sí mismo sufrir por amor. Y este salto de concepción e intuición de Dios queda de manifiesto en una de las últimas pláticas de Benedicto XVI, cuando ya es sabida e inminente su renuncia (“L’Osservatore Romano”, 3-3-2013, pág. 2):

“He recordado el hecho de que los teólogos medievales tradujeron la palabra “logos” no sólo como “verbum” (Verbo, Palabra, Razón), sino también con “ars”: (Así)“verbum” y “ars” son intercambiables. Sólo en las dos juntas aparece para los teólogos medievales, todo el significado de la palabra “logos”. El “Logos” no es sólo una razón matemática: el “Logos” tiene un corazón, el “Logos” es también amor. La verdad es bella, verdad y belleza van juntas: la belleza es el sello de la verdad”.

Dios es, pues Razón impregnada de Belleza, o Belleza impregnada de razón, Razón que es Belleza, Razón que es Amor inefable.

Y prosigue el Papa ya emérito comentando la piedra de tropiezo de muchos ateos, la existencia en nuestro mundo del mal, y la respuesta que no se oye que da Dios en sus aparentes silencios:

“En un mundo tan marcado también por el mal, el “Logos”, la Belleza eterna y el “Ars” eterno debe aparecer “caput cruentatum” (con la cabeza atormentada). El Hijo encarnado, el “Logos” encarnado, está coronado con una corona de espinas; y, sin embargo, precisamente así, en esta figura doliente del Hijo de Dios, comenzamos a ver la belleza más profunda de nuestro Creador y Redentor; podemos en el silencio de la “noche oscura” escuchar sin embargo la Palabra. Creer no es otra cosa que, en la oscuridad del mundo, tocar la mano de Dios y así, en el silencio, escuchar la Palabra, ver el Amor”.

Dios no es sólo una explicación lógica, el gozne necesario del razonador que da explicación de los seres. Si es una Razón de razones, también Él, origen de todo, ha de ser la fuente de toda belleza y de todo sentimiento noble: Ha de ser además de razón de razones, también, corazón de corazones. No es sólo pieza del mecano lógico en el concierto de los innumerables seres, sino meta del corazón huérfano del hombre y mujer.

Algunos semi-ateos admiten una especie de “demiurgo” que como ser necesario explique el Universo. Pero no admiten ni siquiera un Dios bueno. Y como comentaba el mismo Benedicto XVI, en diálogo con uno de ellos, el rostro de Dios permanece, entonces, desconocido.

Porque, como dice, el verdadero rostro de Dios no se manifiesta si lo consideramos sólo como razón matemática, sino también como corazón que late de amor inefable e infinito. En el rostro dolorido de Jesús, entonces captamos un Dios que es infinito en su voluntaria humillación, en su dolor sin riberas. Tocamos con la mano el Misterio que calla, porque ya nos lo ha dicho todo.

 

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