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Reconocimiento es la máxima condecoración que otorga el Gobierno del Perú a sus ciudadanos
Cardenal Juan Luis Cipriani recibe Orden “El Sol del Perú”


Por: Carlos Enriquez Beck | Fuente: Arzobispado de Lima



El viernes 09 de enero de 2009, el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne recibió la condecoración de la Orden “El Sol del Perú”, en el Grado de Gran Cruz, por el Ministro de Relaciones Exteriores y Canciller de la República, Embajador José Antonio García Belaunde, a nombre del Estado peruano, al conmemorarse los primeros diez años de su nombramiento como XXXII Arzobispo de Lima y por su contribución a la unión y paz entre peruanos.

La ceremonia que se llevó a cabo al mediodía en el Palacio Torre Tagle con la asistencia del Presidente de la República, Dr. Alan García Pérez; de la Primera Dama, Sra. Pilar Nores de García; así como principales autoridades políticas, civiles y eclesiásticas del país.

El Canciller de la República, Embajador José Antonio García Belaunde, manifestó que “el Perú ha querido el día de hoy condecorar al Cardenal Cipriani y no es una fecha arbitraria. El Gobierno del Perú ha decidido que a los diez años de haber sido designado por el Papa Juan Pablo II, Arzobispo de Lima, entregar esta condecoración que tiene un doble mensaje. En primer lugar, un reconocimiento a esta vasta trayectoria de Pastor, de un hombre dedicado al ejercicio de su vocación y a satisfacer las necesidades de los más débiles”.

“En segundo lugar, destacar el profundo respeto que el Estado Peruano mantiene por la Iglesia Peruana, a la que considera elemento esencial de la cultura y de la identidad nacional. Somos un Estado que respeta una institución definitiva, concluyente en la construcción de la nacionalidad peruana”, añadió.

Expresó estar muy complacido de poder imponer esta condecoración “y al hacerlo estoy cumpliendo un acto de justicia que es motivo de satisfacción enorme para quien lo hace”.

Por su parte, el Cardenal Juan Luis Cipriani, después de ser condecorado expresó que recibía esta distinción en nombre de la Iglesia Católica, “precisamente hoy se cumplen diez años en que la benevolencia del Siervo de Dios, Juan Pablo II, me nombró Arzobispo de Lima y Primado del Perú; y, dos años después honró a la Iglesia en el Perú elevándome a la dignidad cardenalicia en el año 2001”.

Comentó que uno de sus antecesores, el Cardenal Juan Landázuri Ricketts OFM fue “quien me dio la primera comunión, confirmación y ordenación episcopal. Fue él quien también recibió esta alta distinción del Gobierno Peruano”.

El Primado del Perú señaló que esta distinción cumple un alto anhelo personal, que lo ha llevado en el alma hace diez años, que es un deber de solidaridad con la Iglesia en Ayacucho y con todo el querido pueblo de Ayacucho al que sirvió humildemente once años.

“Quiero renovar el compromiso que la Iglesia realiza no solo al servicio del crecimiento del pueblo peruano en la fe y en la vida cristiana, sino también en su progreso en las sendas de la concordia y de la paz. Cuando el mensaje de Cristo es acogido, la comunidad civil se hace también más responsable y atenta a las exigencias del bien común y más solidaria con las personas pobres, abandonadas y marginadas”.

El Arzobispo de Lima agradeció la amistad y la cercanía del Presidente de la República del Perú, Dr. Alan García Pérez y de su esposa, la Sra. Pilar Nores de García.

También agradeció a sus padres, a sus hermanos y a todos los asistentes; y, recordó a San Josemaría Escrivá, Fundador de Opus Dei, quien fue el que marcó la orientación de su vida definitivamente y quien un día como hoy nació hace exactamente ciento siete años.

Finalmente, el Cardenal Cipriani al dirigirse al mandatario peruano mencionó que el Santo Padre Benedicto XVI le agradece este gesto cordial y cercano del Gobierno Peruano con la Iglesia del Perú.

En su intervención, el Presidente de la República, Dr. Alan García Pérez, manifestó que “celebramos a un Pastor hermano que es directo y severo, que comprende el mensaje universal de salvación de Cristo, que es un mensaje para todos sin exclusión”.

“El Cardenal Juan Luis Cipriani es directo, porque escoge ese camino sincero de hablar echándose a veces en la espalda, el peso de las divergencias, pero cuando debe hablar, dice las cosas y eso es algo que entendiendo la historia, valoro profundamente”, indicó.

El mandatario resaltó que con esta ceremonia de condecoración de Arzobispo de Lima “estamos poniendo en su sitio muchas otras cosas. Nosotros tenemos la necesidad de reivindicar, de compensar, -aunque no lo requiera, ni necesite- al Pastor Primado de la Iglesia en el Perú, al cual se quiso enlodar y mancillar en algún momento”.

“Y esta distinción que hace diez años debió ser impuesta ante usted y a usted; o, que hace ocho años con ocasión de su cardenalato debió ser nuevamente propuesta, recién hoy día podemos cumplirla”.

El Presidente de la República añadió “circunstancias distintas de desorden y confusión lo impidieron, hoy queremos dignificar y reivindicar lo que valoramos en usted; y, al mismo tiempo, mostrar la identidad, respeto, reconocimiento al mensaje de Cristo en el papel de la Iglesia a lo largo de los siglos en la formación del Perú”.

En la ceremonia estuvieron presentes personalidades como el Dr. Javier Pérez de Cuellar, ex Secretario General de la ONU; el Dr. Francisco Tudela, ex Canciller de la República; el Dr. Luis Bedoya Reyes, Fundador del Partido Popular Cristiano (PPC); el Ing. Jorge Camet Dickman, ex Ministro de Economía y Finanzas; el ex Presidente del Congreso, Dr. Luis Gonzáles Posada; el ex Ministro de la Producción, Ing. Rafael Rey Rey, entre otras autoridades políticas del país así como el Obispo Auxiliar de Lima, Mons. Adriano Tomasi Travaglia; el Obispo de Lurín, Mons. Carlos García Camader; el Obispo de Yauyos, Mons. Ricardo García García, el Obispo del Callao, Mons. Miguel Irizar; el Obispo de Carabayllo y Secretario General de la Conferencia Episcopal Peruana, Mons. Lino Panizza; el Obispo Castrense, Mons. Salvador Piñeiro, entre otras personalidades eclesiásticas; así como familiares y amigos del Arzobispo de Lima.

Palabras del Canciller de la República, Embajador José Antonio García Belaunde en condecoración al Cardenal Juan Luis Cipriani con la Orden “El Sol del Perú”
Palacio Torre Tagle


Excelentísimo Señor Presidente de la República, Don Alan García Pérez;
Señora Pilar Nores;
Eminencia Reverendísima, Cardenal y Primado de la Iglesia Primada;
Excelentísimo Señor Embajador Javier Pérez de Cuellar;
Señores Congresistas;
Señor Viceministro;
Señores Embajadores

Este es un honor para mí y un privilegio grato el que en mi calidad de Canciller de la Orden y cumpliendo con la decisión del Presidente de la República puedo imponer hoy día la condecoración Orden El Sol del Perú al cardenal Juan Luis Cipriani Thorne.

Y digo que es un privilegio muy grato porque más allá de los inmensos títulos que tiene y merecimientos que tiene para recibir esta distinción, tengo una gratitud especial con Monseñor Cipriani por el generoso y deferente trato que siempre he recibido de él.

Decía yo que tenía una notoria trayectoria pastoral, profesional, que todos le recordamos, además, por su rol de Garante de la Santa Sede en el triste episodio de la toma de la embajada del Japón y la crisis subsiguiente.

El Cardenal Cipriani es una figura singular, y como es su caso, es una figura que su reconocimiento va más allá del espacio de nuestra Patria. Miembro de la Sagradas Congregaciones de Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos; de las Causa de los Santos; de la Pontificia Comisión para América Latina; es Consultor también de la Congregación para el Clero; pero Monseñor Cipriani quien entró –como decían en mi época “al convento” ya de profesional- lo hizo a partir de una profunda vocación del llamado divino como es el caso y ha sido fiel a ese llamado y ha sido un Pastor preocupado permanentemente por que hayan más pastores en esta Iglesia peruana.

Ha sido un Pastor que justamente y en su propósito de engrandecer la Iglesia, señala él mismo como su gran mérito en su paso por Ayacucho, marcado por numerosas obras, pero él señala que lo más importante por su paso por Ayacucho fue reinaugurar el Seminario Mayor de Huamanga después de 38 años de estar clausurado.

El Gobierno del Perú ha querido el día de hoy condecorar al Cardenal Cipriani y no es una fecha arbitraria. El Gobierno del Perú ha decidido que a los diez años de haber sido designado, por el Papa Juan Pablo II, Arzobispo de Lima, el Gobierno entrega esta condecoración que tiene un doble mensaje. En primer lugar, un reconocimiento a esta vasta trayectoria de Pastor, de un hombre dedicado al ejercicio de su vocación y a satisfacer las necesidades de los más débiles.

Pero también, el Gobierno del Perú ha querido destacar el profundo respeto que el Estado peruano mantiene por la Iglesia peruana, a la que considera elemento esencial de la cultura y de la identidad nacional. Hemos querido como Gobierno al distinguir al Cardenal, hacer público nuestro reconocimiento a esta Iglesia peruana y nuestro reconocimiento a la autoridad de Su Santidad.

Hemos querido; pues, hacer profesión de que somos un Estado que respeta a una institución definitiva y concluyente en la construcción de la nacionalidad peruana.

Señor Cardenal, decía al iniciar que me sentía muy complacido de poder imponerle esta condecoración, y quiero reiterar, que, al hacerlo estoy cumpliendo un acto de justicia que es motivo de satisfacción enorme para quien lo hace.

Muchas gracias Señor Cardenal.

Palabras del Cardenal Juan Luis Cipriani en la condecoración de la Orden “El Sol del Perú” en el Grado de Gran Cruz

Señor Presidente, Querido amigo. Creo que la ocasión amerita entrar en ese clima de cercanía y cordialidad.
Señora Pilar,
Muy querido señor Canciller.

Señor Presidente, deseo darle las gracias por el doble honor que me confiere. En primer lugar, al otorgarme esta condecoración de la Orden “El Sol del Perú” en el Grado de Gran Cruz; y en segundo lugar, por este gesto de haber querido estar usted presente en este acto y nunca mejor acompañado que de la señora Pilar. Este gesto familiar, cercano, de verdadero aprecio, lo valoro en toda su dimensión.

Recibo esta distinción en nombre de la Iglesia Católica. Precisamente hoy se cumplen diez años en que la benevolencia del Siervo de Dios, Juan Pablo II, me nombró Arzobispo de Lima y Primado del Perú, y dos años después, honró a la Iglesia en el Perú, elevándome a la dignidad cardenalicia en el año 2001.

Esta vieja tradición me lleva al recuerdo de un antecesor particularmente querido, el Señor Cardenal Juan Landázuri Ricketts, él fue quien me dio la primera comunión, la confirmación y la ordenación episcopal, y fue él quien también recibió esta alta distinción del Gobierno Peruano.

Me permito, además, pensar que esta dignidad cumple un alto anhelo personal que lo he llevado en el alma hace diez años, precisamente que es un deber de solidaridad con la Iglesia en Ayacucho y con todo el querido pueblo ayacuchano al que serví humildemente once años.

Quiero renovar el compromiso que la Iglesia realiza no solo al servicio del crecimiento del pueblo peruano en la fe y en la vida cristiana, sino también en su progreso en la senda de la concordia y de la paz. Cristo es el Salvador de todo el hombre, de su espíritu y de su cuerpo, de su destino espiritual y eterno, de su vida temporal y terrestre. Cuando su mensaje es acogido, la comunidad civil se hace también más responsable, más atenta a las exigencias del bien común y más solidaria con las personas pobres, abandonadas y marginadas.

La brevedad del Acto me obliga a una rápida mención, -no por ello menos importante-, con profundo agradecimiento: un recuerdo a mis padres, por su sincera convicción religiosa y por su onda sensibilidad social; a mis hermanos, con los que he compartido mi formación personal en un hogar cristiano.

Un particular recuerdo, San Josemaría Escrivá, que hoy cumplía años, porque fue quien marcó la orientación de mi vida definitivamente.

Y a todos ustedes, queridos amigos que han tenido la amabilidad de acompañarme en este Acto.

Señor Presidente, estoy seguro que el Santo Padre Benedicto XVI le agradece este gesto cordial y cercano del Gobierno peruano con la Iglesia peruana.

Le expreso, por último, el deseo de un continuo progreso de la Nación por el camino de bienestar espiritual y material en donde la defensa de la vida, la promoción de la familia y la educación moral sean el alma del desarrollo integral de nuestra sociedad.

Que Dios los bendiga.

Muchas Gracias.

Palabras del Presidente de la República, Dr. Alan García Pérez en ceremonia de Condecoración al Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne.
Palacio Torre Tagle
09 de enero de 2009


Eminencia, este es un acto de profundo significado y simbolismo, porque estamos poniendo las cosas en su sitio. Porque hay que decir –tan directamente como le gusta a usted hablar– lo que debe ser dicho.

Venimos a celebrar cristianos y católicos y los que no lo sean, su vocación, su larga entrega y compromiso, su disciplina dentro de la Iglesia; y, al mismo tiempo, la valiosa ayuda que ha dado usted a muchísimos peruanos a través de largos años y con su trabajo.

Celebramos a un Pastor hermano que es directo y severo, que comprende el mensaje universal de salvación de Cristo, que es un mensaje para todos sin exclusión.

Directo, porque escoge ese camino sincero de hablar echándose a veces en la espalda, el peso de las divergencias, pero cuando debe hablar, dice las cosas y eso es algo que entendiendo la historia, valoro profundamente.

Severo porque sabe enfrentar circunstancias y sabe decir sus verdades, aunque el viento y la marea se orienten en otras direcciones.

Salvífico, en el sentido universal como es el mensaje de Cristo, porque sabe reconocer en todos -y no solo en algunos- el derecho a la salvación y a la verdad.

Todo esto lo ponemos sintéticamente sobre su pecho con esta condecoración; pero, además, ponemos las cosas en su sitio, porque para nadie en el Perú es un secreto que la dignidad y majestad de un Príncipe de la Iglesia quiso ser mancillada en algún momento.

Ahora, que estamos poniendo en su sitio muchas otras cosas, nosotros tenemos la necesidad de reivindicar, de compensar, -aunque no lo requiera, ni necesite- al Pastor Primado de la Iglesia en el Perú, al cual se quiso enlodar y mancillar en algún momento.

Y esta distinción que hace diez años debió ser impuesta ante usted y a usted; o, que hace ocho años con ocasión de su cardenalato debió ser nuevamente propuesta, recién hoy día podemos cumplirla.

Circunstancias distintas de desorden y confusión lo impidieron, hoy queremos dignificar y reivindicar lo que valoramos en usted; y, al mismo tiempo, mostrar la identidad, respeto, reconocimiento al mensaje de Cristo en el papel de la Iglesia a lo largo de los siglos en la formación del Perú.

Y el reconocimiento que hacemos es que sin cristianismo, no hay democracia auténtica, y sin la palabra de Cristo, no hay trascendencia, todo esto está dicho aquí brevemente y en nombre del Estado peruano podemos decirle Señor Cardenal que estamos satisfechos de poner las cosas nuevamente en su sitio y que confiamos que por muy largos años este Pastor y Príncipe de la Iglesia siga siendo el Primado de nuestra Patria.





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