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P. José María Alba Cereceda S.J
Fundador de la Unión Seglar de San Antonio Mª Claret, de la Asociación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga y del Colegio del Corazón Inmaculado de María


Por: Manuel Martínez Cano, M.C.R. | Fuente: Meridiano Católico




El Padre José María Alba Cereceda S.J. falleció santamente el 11 de enero de 2002 a las cinco de la tarde. Había recibido los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica.
Cofundador de la Asociación de Sacerdotes y Religiosos de San Antonio María Claret y de la Hermandad Sacerdotal Española de San Juan de Ávila. Director de la revista “Ave María”. Fundador de la Unión Seglar de San Antonio Mª Claret, de la Asociación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga y del Colegio del Corazón Inmaculado de María. Fundador y consiliario de la Asociación de María Reina y Madre. Director de numerosos turnos de adoración nocturna de ANE y ANFE. Promotor de diversas actividades de vida cristiana entre la juventud. Director de Ejercicios Espirituales. Consiliario de taxistas católicos. Apóstol incansable de la Santísima Virgen María y fundador de la Sociedad Misionera de Cristo Rey.

El que escribe estas líneas le conoció en la Obra de Ejercicios parroquiales cuando tenía 21 años. En el tiempo que he vivido junto al P. Alba he conocido a más de cien jóvenes que se han consagrado a Dios en la vida misionera, contemplativa y sacerdotal. Y a otros muchos jóvenes que optaron por el matrimonio, sin miedo a la paternidad y la maternidad, que han formado familias auténticamente cristianas. A todos nosotros el P. Alba nos ha enseñado a combatir los nobles combates de la fe con su ejemplo y entrega heroica. Siempre estuvo en las trincheras de Dios, luchando sin descanso contra los enemigos de nuestra Santa Madre Iglesia. Nos enardecía en Ejercicios, retiros, Cenáculos, peregrinaciones, campamentos, en la Adoración Nocturna en el santo ideal de seguir, hasta la muerte, a nuestro Sumo y Eterno Capitán, Nuestro Rey y Señor, Cristo; y a su Santísima Madre, Nuestra Reina y Señora.

La consigna que nos ha dejado para siempre es el “magis” de San Ignacio ¡Por Cristo! ¡Por María! ¡Por España! ¡más, más y más!

Siempre fue jesuita, un jesuita extraordinario, hasta la hora de su muerte. Pocos días antes de morir gravó un mensaje para las Carmelitas de Tiana. Entre otras cosas, les decía: “Os ruego que roguéis por mí, para que se haga en mí la voluntad divina. Me gustaría volver a recuperar la salud pero la quiero a condición de no cometer jamás ningún pecado, sino más vale no tener salud, porque lo más importante es dar gusto a Jesús y a María y dar gloria a Dios. No seáis niñatas de espíritu, sino varonas del espíritu como os quería vuestra santa Fundadora. Los tiempos no están para pequeñeces, sino para grandezas. Amén. Así sea”.

Seis días antes de morir, postrado en cama, le dijo al P. Provincial de los jesuitas, el P. Pedro Borrás Durán: “Lo ofrezco todo por la Compañía de Jesús, por la conversión de Rusia y de Israel”. Tres días antes de morir le dijo a los alumnos del Colegio Corazón Inmaculado de María: “Yo sólo quiero la mayor gloria de Dios”. Y a mí me dijo: “Nosotros somos una comunidad de amor”. No puede hacerse una síntesis más perfecta de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. A nosotros nos queda ahora el reto de ser dignos discípulos e hijos de este hombre de Dios, que pasó toda su vida haciendo el bien.

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