Menu


Diego Hernández González
Tengo la esperanza que, si soy el que debo, mi granito se convertirá en una espiga de santos sacerdotes, que tanta falta está haciendo en todos los pueblos


Por: José Luis Casanova Cases | Fuente: www.padrediego.org




El Siervo de Dios Diego Hernández González nació en Javalí Nuevo (Murcia, España) el 25 de diciembre de 1914. "Pensé ser sacerdote desde que tengo uso de razón", y así con diez años ingresó en el Seminario diocesano S. Fulgencio de Murcia.

Recién iniciada la guerra civil española, el 18 de julio de 1936, de modo heroico salvó las especies eucarísticas del incendio provocado en la iglesia de su pueblo natal. Pocos días después, fue detenido y condenado a tres años de cárcel y trabajos forzados.

Ordenado sacerdote en Barcelona el 9 de junio de 1940, inició su ministerio sacerdotal en algunos pueblos de Murcia con incansable entrega apostólica: "el espíritu siempre debe tener el mismo norte: Jesús. Jesús está en todas partes y por Él sólo debemos evangelizar”.

En Villena, entre las cuevas y casas de su parroquia, descubrió las necesidades de los suyos, haciéndoles llegar, muchas veces, los alimentos de su propia mesa o entregando su propia ropa. Pero, era el crecimiento de la vida cristiana su mayor preocupación y dedicación.

Muchos encontraron en él un padre para la dirección de su vida espiritual, “un solo cuadro pintaré: Jesús. Una sola misión y trabajo... perfilar más al vivo cada día la figura de Jesús en mí y en los demás”.

En 1954 fue nombrado Director espiritual del Seminario diocesano de Orihuela (Alicante). "Tengo la esperanza que, si soy el que debo, mi granito se convertirá en una espiga de santos sacerdotes, que tanta falta está haciendo en todos los pueblos”. Compaginó esta labor con múltiples tandas de Ejercicios Espirituales, cursillos sacerdotales y retiros espirituales, Director de Catequesis, responsable de consiliarios de jóvenes de Acción Católica, primer Director de la Casa sacerdotal, formador de religiosas, Director diocesano y Consejero nacional de la “Unión Apostólica” etc.

Fuertemente enamorado de Jesucristo, sentía con la Iglesia y sus necesidades en obediencia y amor, "como S. Pablo y Sta. Teresita hay que deshacerse por el cuerpo de Cristo que es la Iglesia”. Procuró formar almas totalmente entregadas a Jesús y al apostolado fomentando la santidad en los sacerdotes y seminaristas, entre los consagrados y los laicos. Un celo apostólico que, a ejemplo de S. Juan de Ávila, brotó de sus largos ratos de oración y estudio, y se manifestó en una vida pobre, callada, y humilde, "quiero vivir a María como reflejo de Jesús”.

Durante sus últimos meses, en un barrio de Alicante, realizó su sueño de configurar en los seminaristas el estilo evangélico de “Nazaret”.

Falleció el 26 de enero de 1976 con fama de santidad.

Su causa de canonización fue introducida el 25 de enero de 2002. Testimonios de favores espirituales y materiales se atribuyen a su intercesión, así como algunas curaciones supuestamente inexplicables. Pero, sobre todo, el recuerdo de su vida y sus palabras siguen alentando a vivir en santidad. "Yo pido a Jesús que no tenga más que una manía y es desear que le amen de verdad. Y esto es lo que se me ocurre deciros: que no tengáis más que un amor, el de Jesús.”

¿Quieres saber más? consulta www.padrediego.org





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!