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El otro Franz Schubert
¿No es curioso? La historia se repite. Juan María Solare nos habla de dos siglos atrás y la situación no cambia hasta el día de hoy…


Por: Juan María Solare | Fuente: Yoinfluyo.com



Habitualmente, títulos tan horripilantes como éste se refieren a alguna faceta más o menos secundaria y recóndita de la persona en cuestión, y dejan entrever que el narcisita autor pretende revelarnos un misterio, sin él, inaccesible. Pero aquí se trata del tocayo de Franz Schubert, vale decir, de Franz Schubert.

La cosa ocurrió a comienzos de 1817, cuando Josef von Spaun, el más íntimo amigo de Schubert, presentó la partitura del lied Erlkönig (El rey de los silfos) a la editorial Breitkopf & Härtel, proponiendola para publicación. (Estos son amigos, los que no solo se preocupan por aconsejar desde el Olimpo sino que toman el asunto en sus manos.)

La cuestion es que la editorial – que aún existe – rechazó la obra, fundamentándose en que “el compositor era demasiado desconocido y el acompañamiento pianístico demasiado difícil” . No haciendo honor a su nombre (“Breitkopf” significa “cabeza amplia”), decidió devolver el manuscrito a su autor.

En la ciudad Alemana de Leipzig – sede central de la editorial en cuestión – un compositor vienés (es decir, austriaco) de nombre Franz (Peter) Schubert era completamente desconocido, a pesar de que ya había escrito a esa altura unos 300 lieder, once cuartetos de cuerda, cinco sinfonías, una buena cantidad de obras pianísticas y para escena, obras corales y religiosas.

Sin embargo, la editorial conocía a un contrabajista y oscuro compositor de iglesia con ese nombre en Dresden (que al menos queda en Alemania), y le “devolvió” a éste la obra de su homónimo vienes. La escandalizada respuesta del otro Franz (Anton) Schubert (20/7(1768-5/31827 –no 1824-) autor de numerosas obras litúrgicas , no asombra:
¡Respetadísio amigo y hermano!

…Debo aún comunicarle que hace unos diez días he recibido una muy amable carta suya, con la cual me envía usted una partitura supuestamente mía, - una canción sobre – el “Rey de los silfos” de Goethe. Con mi mayor asombro le informo que yo jamás escribí dicha cantata; pero la mantendré en mi propiedad para averiguar quien le ha enviado a usted semejante porquería (“Machwerk”: chantada, chapucería) de una manera tan descortés, y para descubrir al tipejo que abusó de mi nombre.

Firmado: Franz Schubert,
Real Compositor Eclesiástico

Tres años después (a comienzos de 1821) Schubert, con la ayuda monetaria de cuatro amigos , publica esta misma obra – y otras – por suscripción, en la editorial Cappi & Diabelli (que conservaba un 50% en tanto comisionaria). Esta editorial, al menos tuvo más visión comercial, puesto que a fines de ese mismo año solamente Erlkönig había producido unos 800 gulden, diez veces más que el sueldo anual de Schubert en la escuela.

Schubert, un nulo en cuestiones monetarias, estaba dispuesto a renunciar a todo tipo de honorario con tal de publicar, con la absurda esperanza de que el editor, ante una ganancia segura con un par de lieder, quisiera arriesgarse luego con otras composiciones de más envergadura.



¿Hay algún tema musical del cual te gustaría saber más? No dudes en solicitarlo!

1. “mit der Begründung, der Komponist sei zu unbekannt, die Klavierbegleitung auberdem zu schwer” (Hans J. Frölich, “Schubert”, editorial Carl Hanser, 1978, página 267).
2.Hasta hace un tiempo aún estaba en repertorio su breve página “La abeja” para violín y piano, llena de trinos rápidos y figuraciones equivalentes.
3. Nombrémoslos (nobleza obliga): Leopold Sonnleithner (que se ocupaba de las relaciones financieras de Schubert con las editoriales), Josef Hüttenbrenner (que con sus dos hermanos – Anselm y Heinrich – juntaba y custodiaba las obras de Schubert), Johann Nepomuk Schönpichler.





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