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5.2 Conocer la voluntad de Dios sobre nuestra vida (formación de la conciencia)
En la segunda parte del quinto tema, analizamos los medios para ayudar a quien recibe dirección espiritual a formar su conciencia y discernir así la voluntad de Dios en su vida.


Por: Mayra Novelo de Bardo | Fuente: Catholic.net




¿Qué es la conciencia? ¿Cómo se forma? ¿Cómo saber qué tipo de conciencia tiene la persona a quien dirijo y cómo influyen ciertas corrientes de pensamiento del mundo actual en la formación de su conciencia? Son temas tan esenciales para director espiritua


“Puesto que la conciencia es centro de la persona y guía de su obrar natural, esfuércense activamente por formarla recta y madura, temerosa de Dios, abierta siempre al bien y a las inspiraciones del Espíritu Santo, capaz de discernir lo bueno de lo malo y de la mentira, y eviten la insinceridad y la inautenticidad, tan contrarias al espíritu de Cristo”.


Pero, ¿Qué es la conciencia? ¿Cómo se forma? ¿Cómo saber qué tipo de conciencia tiene la persona a quien dirijo y cómo influyen ciertas corrientes de pensamiento del mundo actual en la formación de su conciencia? Son temas tan esenciales para director espiritual que requerirían todo un libro. Haremos un resumen ilustrativo y práctico a la vez.

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TEMA 5.2 Conocer la voluntad de Dios sobre nuestra vida (formación de la conciencia)

1) ¿Qué es la conciencia?

Veamos algunas definiciones tratando de comprender su contenido:

“Es un juicio de la razón mediante el cual la persona examina la bondad o malicia de una acción en razón de la relación de ésta con la norma moral universal, de suerte que todo hombre esté en situación de realizar en el modo singular e irrepetible que le es propio, las exigencias de la verdad objetiva de su ser personal como tal” (C. Caffarra en Vida en Cristo. EUNSA. Pamplona. 1988 p. 114).

“Es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla” (Documentos del Vaticano II, Const. Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, GS, n. 16).

“Es la capacidad de percibir el bien y el mal y de inclinar nuestra voluntad a hacer el bien y evitar el mal”.

“Es la “anamnesis” (memoria) del Creador (Card. J. Ratzinger, Verdad, valores, poder. Rialp. 2ª ed. Madrid 1998. Págs 64-71).

“La conciencia es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho”) (Catecismo de la Iglesia Católica, Asc. Editores del Catecismo, España, 1992, n. 1778, p. 404).

La conciencia formada rectamente garantizará la realización personal. En cambio, una conciencia deformada donde se anidan la doblez, la insinceridad y la hipocresía, se convertirá en fuente de división interior, de tinieblas, de zozobra y de fracaso.

2) Funciones de la conciencia.

a. Percibir el bien y el mal como algo por hacerse o evitarse.
Por ejemplo, un joven invitado a ver una película pornográfica, si tiene una conciencia formada se dará cuenta que “no está bien hacerlo”; pero si no la tiene formada dirá “no hay nada de malo, todo el mundo las ve”.
b. Impeler a hacer el bien y evitar el mal (fuerza que lleva a la acción). En el primer caso sentirá la fuerza para elegir «no voy», mientras que en el segundo dirá «voy»; y
c. Emitir juicios sobre la bondad o maldad de lo hecho; en la conciencia bien formada habrá aprobación y paz subsecuentes al hecho de haber elegido objetivamente el bien, o sobrevendrá el remordimiento y la desaprobación si no eligió conforme al juicio de su conciencia.

En la conciencia se dan dos tipos de juicios: el juicio de discernimiento (juzgo la bondad o malicia del acto: «ver una película pornográfica está mal porque no presenta la verdad sobre la sexualidad humana rebajándola y fomentando en mí la impureza») y el juicio de elección (puesto que está mal, opto: «no veré la película pornográfica aunque mis amigos me ridiculicen»). En el juicio de discernimiento interviene y se pone en juego la razón iluminada por principios de la ley natural o de la ley positiva; en el juicio de elección, la voluntad movida por valores, ideales. La razón queda iluminada por la virtud de la fe; la voluntad se mueve por la virtud de la caridad: el amor.

3) ¿Cómo se forma?

Como hemos podido constatar, la conciencia no es una facultad diversa de la razón y la voluntad; por lo tanto, formando éstas como indicábamos en el apartado correspondiente, formaremos la conciencia. Resumiendo, diríamos:

a) Buscar que la fe y la verdad objetiva guíen la razón: verdad del ser, del pensar, del actuar.
b) Formar la voluntad en el amor al bien objetivo por encima del bien egoísta; el bien moral por encima del bien útil o placentero de las pasiones, de los sentimientos y de los afectos desordenados.
c) Hacer de Jesucristo el criterio, centro y motor de la conciencia.
d) Atender a las inspiraciones del Espíritu Santo.
e) Y puesto que la vocación a la vida religiosa y en general la vida cristiana es un llamado para una misión, aquí entra de lleno, como preocupación esencial en la formación de la conciencia, el cumplimiento de la misión. "Es bueno cuanto me ayuda a cumplir la misión y es malo cuanto me aparta de ella”.
Como algo más práctico, podemos enseñar a hacer bien los exámenes de conciencia, preparar bien las direcciones espirituales, hacer buenas confesiones, seguir los programas de vida y ayudar siempre a tener presente la invitación de Jesucristo: “vigilad y orad”.

4) ¿Por qué es importante formar la conciencia?

Porque Dios la ha dado al hombre como medio para conocer y realizar su voluntad santísima, alcanzando así su último fin.
Porque, como decíamos en la definición, en la conciencia el hombre escucha la voz de Dios y se abre a ella o se cierra. Por tanto, la conciencia diferencia al hombre de los seres inferiores, y lo constituye en persona humana libre y responsable de sus actos. En consecuencia, alcanza una importancia vital el formarla recta, delicada e insobornable.

"Cuando un hombre forma una conciencia recta y alcanza un buen grado de madurez, automáticamente tenemos al hombre justo, responsable, trabajador, exigente consigo mismo. Podrá tener, como creatura débil que es por naturaleza, caídas y momentos de debilidad, pero su misma conciencia le ayudará a rectificar rápidamente y a seguir su camino con nuevos bríos. No permite la corrupción del principio, señal inequívoca de la corrupción de la conciencia, ni se hace su ascética y su moral personal. El hombre recto sabe dar a Dios lo que es de Dios y al prójimo lo que es del prójimo, ama la verdad y vive en ella; ama la justicia y detesta la iniquidad; es fiel en sus compromisos con Dios y con los hombres; guarda y mantiene la palabra dada; es auténtico y vive la propia identidad...

Ocupando las veces del divino Maestro, el orientador moral nos escucha en un clima de fe: analiza junto con nosotros nuestra situación personal, con sus logros y proyectos, con sus conflictos y posibilidades; repasa con nosotros el plan de Dios, el Evangelio, colaborando con el Espíritu Santo a modelar nuestra conciencia. Supone, por parte nuestra, una actitud de fe sobrenatural, de madurez humana, de honestidad, de rectitud, sin buscar paliativos o sofismas - de edad, saber o santidad propias- de confianza, de claridad y de responsabilidad".


Pero para formar la conciencia en la dirección espiritual se considera como algo imprescindible la apertura y la sinceridad del dirigido. Ordinariamente existe una resistencia natural a manifestar la propia conciencia y el propio estado de ánimo. Con quien asiste a la dirección espiritual sólo por cumplir con un compromiso o buscando una compensación afectiva o sentimental, tendremos necesidad de mucha paciencia; deberemos tratarle con prudencia, sin presionarla, pero motivándola y haciéndole ver los beneficios de la dirección espiritual en su vida, dando el tiempo necesario para que logre formar su conciencia de acuerdo con las exigencias del Evangelio.

También deberemos evitar el infantilismo. Este consiste en actuar solamente bajo las indicaciones del orientador espiritual sin ninguna convicción personal. El director espiritual ha de propiciar la madurez humana de su dirigido, de formar rectamente su conciencia y hacerle interiorizar los principios cristianos y de concretizados en las Constituciones y reglamentos (en el caso de que sea religioso); y en los deberes del propio estado de vida (en el caso de que sea seglar); de que adquiera autonomía, seguridad personal e independencia frente a los ambientes favorables o adversos, y así puedan sacar de la propia interioridad el sentido, la motivación y la dirección de sus acciones y comportamientos.

5) ¿Cómo conocer el tipo de conciencia que tiene el dirigido?

La conciencia debe formarse recta y cierta.
Debe «amar hacer el bien y hacerlo bien». De aquí podemos partir para ver cómo es la conciencia de nuestros dirigidos y cómo ayudarles.

a) En relación a la razón. ¿Cómo son sus criterios? ¿Están iluminados con doctrina buena: Evangelio, Magisterio, mandamientos, ley natural? Si es así tendrá conciencia recta. Por el contrario, ¿su razón ha sido oscurecida por la ignorancia, el relativismo moral, el utilitarismo, el hedonismo, los malos ejemplos, el permisivismo? Si es así, sus juicios le llevarán al error y sus elecciones equívocas no le conducirán a su realización humana y cristiana. Su conciencia en este caso será falsa, laxa o escrupulosa, legalista, liberal. Puede existir también la conciencia dudosa por no tener claros los principios, para actuar hay que salir de la duda.

b) En relación a la voluntad. Puede tener claros los principios y hacer juicios rectos, pero... ¿Los sigue? ¿Por qué no? ¿Dónde radica su falta de voluntad? ¿Orgullo y rebeldía? ¿Falta de abnegación y de amor? ¿Afectividad no formada? ¿Miedo al qué dirán o a ir contracorriente? De aquí brotan las conciencias deformadas, adormecidas, domesticadas, farisaicas. Si por el contrario permanece fiel a su conciencia, tendremos una conciencia madura, auténtica y delicada.

c) A nivel de «opción fundamental». ¿Qué ama con todo su corazón? ¿Ha optado por amar a Dios por encima de todo? ¿Está anclado y decidido a cumplir la voluntad de Dios en su vida? ¿Qué tipo de persona busca ser? Su amor constituirá el peso de la balanza que guíe sus decisiones.

La manifestación de la conciencia es la materia propia de la dirección espiritual: exponer el modo de proceder, los criterios, los deseos surgidos en el interior, las opciones hechas con la intención de ordenarlos a la luz de Dios. No a todas las personas les resulta fácil hablar de cuanto llevan dentro. A unos les da vergüenza y esquivan hablar de aspectos personales; otros se quedan en vaguedades; y no faltan quienes se sienten insatisfechos si no cuentan hasta los más mínimos detalles y circunstancias. Tarea propia de la orientadora espiritual será ayudar a unos y otros a abrirse con sencillez, claridad y equilibrio.

¿Cómo se puede ayudar a alguien en la manifestación de conciencia? En realidad, aunque parezca fácil decirlo, no hay recetas mágicas. Una técnica para ayudar a los tímidos, consiste en crearles, sobre todo en las primeras citas, un ambiente de amistad y de interés por sus personas, familia, ocupaciones, vida pasada. El dirigido, al hablar de tales cosas, dejará salir cuanto lleva en su corazón.

También hay que considerar el caso de quienes eluden sus verdaderos problemas por vergüenza. Necesitan sentir confianza en el director espiritual, pues de lo contrario nunca se abrirán; incluso a veces esperarán la intuición del orientador espiritual sobre su situación y querrán que él dé el primer paso, deberá hacerlo con delicadeza, indirectamente, hasta provocar en el dirigido el valor necesario para decir lo que tanto le cuesta.

En ocasiones las cosas no se dicen directamente, debemos aprender a captar esto. Implica advertir entre la narración de los hechos, algunos referidos sin ningún énfasis pero que manifiestan aspectos relevantes de la situación. ¿Qué hacer en esos casos? El orientador tiene necesidad de dar un nuevo enfoque al análisis de la situación; debe proceder suavemente hacia ese nuevo enfoque con alguna pregunta oportuna que esclarezca tales aspectos.

Debemos ver el valor real de lo que se dice. A veces el orientador deberá recordar que muchas veces las palabras usadas por el dirigido no son un reflejo exacto de la situación real. Por ejemplo, en los casos de mucho dolor y emotividad, en los casos donde hay pasión, rencor, ira, las expresiones usadas por el dirigido pueden ser extremas, expresión más del estado anímico que de la situación real. De ahí la necesidad de que el director espiritual de saber interpretar el lenguaje, mejor dicho, de interpretar el género del lenguaje, el estilo del lenguaje. El orientador tratará de entender el contexto del estado de ánimo actual de su dirigido, porque seguramente a medio día ya habrán cambiado las cosas (especialmente en el caso de las mujeres). El orientador espiritual debe exigirse a sí misma este esfuerzo de interpretación.

6) Influencia de ciertas corrientes del pensamiento actual sobre la formación de la conciencia.

La contradicción entre lo que se cree y lo que se vive resulta cada vez más frecuente en la vida de numerosos personas. Pero, además de esta incoherencia arrastrada por las personas a través de los siglos, hoy se dan fenómenos muy preocupantes, como el relativismo moral y doctrinal causadas por el utilitarismo, el hedonismo o por determinadas corrientes de pensamiento liberal y de esto tampoco están exentos los seglares ni mucho menos las almas consagradas.

Penetremos un poco en el relativismo moral dada su actualidad en la vida de muchas personas, y su presencia destructora, aún en ambientes y grupos que se denominan «católicos». Un cristiano auténtico y coherente con su fe, debe tener una actitud de comprensión ante los hechos negativos de la vida de quienes le rodean, pero nunca debe justificar el mal. No debe condenar al pecador, pero sí el pecado y las estructuras de pecado.

Para un buen número de personas la verdad moral es relativa. No creen en la existencia de normas morales universales, cada uno se forma su propia opinión o se guía por el pensar de la mayoría. Se ve la conciencia como «creadora» de la verdad y no como «servidora» de la verdad inscrita en lo más íntimo del ser del hombre por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Esta ruptura entre libertad y verdad, entre el juicio moral subjetivo y la bondad o maldad objetiva de las cosas, hace al hombre esclavo de sus pasiones, de sus opiniones y crea una sociedad caótica. Por eso se ha llegado a justificar o a legalizar lo que es intrínsecamente malo, por ejemplo el aborto, la eutanasia, las relaciones sexuales prematrimoniales, los matrimonios entre homosexuales, etc. “Se hace un derecho lo que es un delito” ha dicho Juan Pablo II en relación al aborto. (Se recomienda leer los documentos “Evangelium vitae” y “Veritatis Splendor” de S.S. Juan Pablo).


El lenguaje se pervierte y se manipula, se le vacía de significado real. Por ejemplo, si preguntamos a una pareja si se aman, aparece la duda sobre la interpretación que darán al «amor». ¿Qué significado se da a esta palabra? Desgraciadamente las respuestas pueden ser totalmente contradictorias.

Nos encontramos envueltos en una gran confusión de valores sobre la educación, la vida conyugal y familiar y en la vida religiosa estos gérmenes tratan de introducirse y contaminar a las almas consagradas en una exaltación de la libertad como ausencia de normas y de referencia al absoluto y trascendente. Se llega a proclamar el derecho de cada quien a construir su vida en conformidad con su propia verdad, llegando hasta matar al inocente o ir en contra de las leyes naturales. El Papa Juan Pablo II, gran defensor de la dignidad y de la verdad del hombre, denuncia al siglo XX como una nueva época de la Torre de Babel; una época en la cual la sociedad no se entiende, precisamente porque cada hombre tiene el lenguaje que le interesa.

¿Cómo le haremos ver a una persona cuando sus valores, ideas y comportamientos se han apartado de un esquema moral objetivo, si esta persona percibe su alrededor repleto de opiniones distintas a cuantas se le proponen? Recurriendo a las fuentes de la verdad ya mencionadas. En este sentido, debemos agradecer a Dios por la Iglesia y su Magisterio auténtico. Defensora y servidora de la verdad, la Iglesia no «impone», más bien defiende la dignidad de la persona humana y el bien de la sociedad.

Algunos consejos prácticos para formar una recta conciencia.

Para ayudar a nuestros dirigidos a adquirir una recta conciencia podemos:

• Animarles y ayudarles a estudiar la doctrina católica, los Evangelios, los documentos y orientaciones de la Iglesia de una manera constante.

• Ayudarles y animarles a reflexionar antes de actuar, pensando siempre en lo que están haciendo, en porqué lo están haciendo, en las consecuencias que ello puede tener para ellos o para los demás, en la manera como se sentirán después de hacerlo. Ayudarlos a no guiarse por instintos sino por convicciones, independientemente de lo que los otros digan o hagan, o lo que esté de “moda”.

• Ayudarles a tener bien claros los principios que deben cumplir.

• Animarles y guiarles para llevar una profunda vida de oración y de sacramentos, especialmente la confesión. Ellos iluminan la inteligencia y fortalecen la voluntad conformándolas con el plan de Dios.

• Enseñarles a hacer un buen examen de conciencia y un balance de sus actos todas las noches.
• Animarlos a pedir ayuda y consejo, acudiendo con frecuencia a un sacerdote o a un laico bien formado.

• Promover en ellos la virtud de la sinceridad, para que sean capaces de llamar a las cosas por su nombre, ante ellos mismos, ante Dios y ante quien dirija su alma. Los problemas en el campo de la conciencia es cuando se empiezan a encontrar justificaciones fáciles para no hacer el bien o, lo que es peor, para hacer el mal.

• Animarlos a obrar siempre de cara a Dios con el único deseo de agradarle, sin utilizar otros criterios de aceptación social para justificarse. Un acto sólo será bueno si agrada a Dios.

• Animarles a pedir ayuda al Espíritu Santo, ya que la relación con él será la mejor luz para la conciencia. La oración les hará ver todo desde Dios y desde el punto de vista de su amor que pide siempre lo mejor, la perfección, para sus creaturas.

• Ayudarles a mantenerse y a no desanimarse ante los fallos; aprendiendo siempre que ante las caídas lo mejor es comenzar de nuevo, y ayudarles a entender que lo peor que se puede hacer es pactar con los fracasos y las desviaciones del comportamiento aceptándolos como irremediables e inevitables. Ayudarle a reparar con amor el mal que se haya podido hacer y comenzar a construir de nuevo.

• Ayudarles a formar hábitos de buen comportamiento: programar el tiempo, saber qué queremos y qué vamos a hacer en cada momento, exigirse el fiel cumplimiento del deber, no permitirse ningún fallo conscientemente aceptado, etc. Ayudarles a cumplir su responsabilidad al detalle, no sólo por encima.

• Ayudarles a amar el bien por encima del mal y a no envidiar a quienes se rebajan a un nivel inferior, aunque esto pueda atraerles.

• Hacerles ver en todo momento lo bueno que adquieren al vivir el bien, aunque implique trabajo y renuncia.

• Brindarle un ideal valioso, recordándolos que el ideal más valioso y grande es Jesucristo, tanto en lo espiritual como en lo humano.


Después de las ayudas prácticas, es importante también conocer el proceso de un acto moral para saber dirigir bien la formación de la conciencia. Se puede hablar de tres operaciones o fases en la formación de la conciencia.

La primera, que precede a la acción, es percibir el bien como algo que debe hacerse y el mal como algo que debe ser evitado. Éste es el momento de ver: “Esto es bien hay que hacerlo” o “no, esto no está bien, debo evitarlo”.

La segunda fase es la fuerza que lleva a la acción, impele a hacer el bien y evitar el mal. Se expresa cuando decimos: “Hago el bien” o “no, esto no lo hago”.

Por ultimo la operación subsiguiente a la acción, el emitir juicios sobre la bondad o maldad de lo hecho. En esta etapa nos decimos: “He obrado bien” o “he hecho algo malo”.

En el primer paso lo importante es abrir la conciencia a la ley como norma objetiva. Es decir, educar una conciencia recta que sabe dónde va y qué es la verdad. Esto lleva al segundo paso que requiere trabajo para que la conciencia sea guía de la voluntad. Se trata de habituarse a la “coherencia”, entendida como la constancia en actuar como pude la conciencia. No basta percibir que algo es bueno o malo, hay que saber dirigir la voluntad a hacer lo bueno y evitar lo que no se debe hacer. Percibir que es bueno ser paciente y amable con los demás es bueno, pero es insuficiente; esta percepción debe llevarme a acoger a los demás con bondad y delicadeza aun cuando me sienta cansado o de mal humor.

Esto requiere un trabajo de formación especialmente en el campo de la voluntad y de los estados de ánimo. Los estados de ánimo tienen que ser educados para lograr en la persona una ecuanimidad que le lleve a realizar lo que le pide la conciencia en cualquier circunstancia. Además, la voluntad tiene que ser formada para que sea eficaz, es decir, para que logre lo que pretende.

Por último, y todavía más importante, viene el juicio ulterior sobre lo hecho. Aquí es donde se juega de modo definitivo la formación o deformación de la conciencia. El que ha obrado mal y toma las medidas necesarias para reparar su falta y para pedir perdón ha dado un paso firme en le formación de su conciencia, mientras que el que la acalla, no prestándole atención, puede llegar a dañarla hasta que un día quizá sea incapaz de reaccionar ante el bien y el mal.

En conclusión, podemos decir que la brújula más segura en todo este campo moral es la adhesión fiel a la voluntad de Dios, compendio supremo de la ley natural y la ley revelada.

La coherencia ante ella es el camino de la madurez y de la felicidad que brota de una conciencia que vive en paz con Dios y consigo misma.

Anexo
Nota importante sobre la conciencia y su formación.


Los siguientes puntos no se desarrollan, son una guía para quien quiera profundizar en el tema y sobre todo sepa responder al argumento que giran sobre la “libertad de conciencia”, acuñada por la doctrina laicista, ya que esta doctrina hace de la conciencia el sumo principio y criterio de verdad, negando la ley de Dios, de la que se declara independiente.

¿Hay que seguir siempre la conciencia?: La conciencia no siempre tiene razón. Lo mismo que nuestros cinco sentidos no siempre nos guían correctamente, o lo mismo que nuestra razón no nos preserva de todos los errores. La conciencia es en el hombre el órgano del bien y del mal; pero no es un oráculo. Nos marca la dirección, nos permite superar las perspectivas de nuestro egoísmo y mirar lo universal, lo que es recto en sí mismo. Pero para poder verlo necesita de la reflexión de un conocimiento real, un conocimiento, que sea también moral. Lo cual significa: necesita una idea recta de la jerarquía de valores.

Se da la conciencia errónea. Hay gente que, actuando en conciencia, causa claramente a otros una grave injusticia. ¿También éstos deben seguir su conciencia? Naturalmente deben.
La dignidad del hombre descansa, en que es una totalidad de sentido; lo bueno y correcto objetivamente, para que sea bueno, debe ser considerado también por él como bueno, ya que para el hombre no existe nada que sea tan sólo “objetivamente bueno”.

¿Hay que respetar siempre la conciencia de los demás? Eso depende de lo que entendamos por respetar. En ningún caso se puede decir que uno debe poder hacer lo que le permita su conciencia, ya que entonces también el hombre sin conciencia podría hacerlo todo. Y tampoco quiere decir que uno deba poder hacer lo que le manda su conciencia. Cierto que ante sí mismo tiene el deber de seguir su conciencia; pero si con ella lesiona los derechos de otros, es decir, los deberes para con los demás, entonces éstos, tienen el derecho de impedírselo. Pertenece a los derechos del hombre el que no dependan del juicio de conciencia de otro hombre.

Formación y verdad: La formación ayuda al hombre al conocimiento de la verdad y a la vivencia de su libertad. Pero, ¿qué es la verdad? La verdad, según Santo Tomás, es la adecuación del intelecto con la cosa conocida. Por lo tanto, la formación debe ir encaminada a que el hombre acierte lo máximo posible en esas adecuaciones con la realidad. Por ello, diremos que uno está formado en la medida en que se desenvuelve con acierto; concretamente, si sabe distinguir perfectamente, sin error, lo bueno de lo malo.

Los cristianos tienen en la Iglesia y en su Magisterio una gran ayuda para la formación de la conciencia: «Los cristianos, al formar su conciencia, deben atender con diligencia a la doctrina cierta y sagrada de la Iglesia. Pues, por voluntad de Cristo, la Iglesia católica es maestra de la verdad y su misión es anunciar y enseñar auténticamente la Verdad, que es Cristo, y, al mismo tiempo, declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana». Por tanto, la autoridad de la Iglesia, que se pronuncia sobre las cuestiones morales, no menoscaba de ningún modo la libertad de conciencia de los cristianos; no sólo porque la libertad de la conciencia no es nunca libertad con respecto a la verdad, sino siempre y sólo en la verdad, sino también porque el Magisterio no presenta verdades ajenas a la conciencia cristiana, sino que manifiesta las verdades que ya debería poseer, desarrollándolas a partir del acto originario de la fe. La Iglesia se pone sólo y siempre al servicio de la conciencia, ayudándola a no ser zarandeada aquí y allá por cualquier viento de doctrina según el engaño de los hombres (cf. Ef 4, 14), a no desviarse de la verdad sobre el bien del hombre, sino a alcanzar con seguridad, especialmente en las cuestiones más difíciles, la verdad y a mantenerse en ella. (Veritatis Splendor).

Cuestionario y participación en los foros

Las siguientes preguntas son de uso personal, NO SE PUBLICAN EN LOS FOROS. Tiene el objetivo de analizar nuestras disposiciones para vivir en la práctica el camino de la perfección cristiana, contenido principal de la dirección espiritual.

¿Escucho y respondo a la voz de Dios en mi conciencia? ¿Manda mi egoísmo, mi sensualidad y pereza?
¿Hay en mí un impulso fuerte y continuo a hacer el bien, o mi conciencia sólo funciona para evitar el mal?
¿Registra mi conciencia los pecados veniales y las faltas deliberadas, o solamente las graves?
¿Cuándo he actuado en contra de mi conciencia, ¿cuál es mi reacción íntima? ¿Hacer “como si nada”? ¿Recurrir a una confesión rutinaria y superficial? ¿Verdadero dolor por haber faltado a la amistad y amor a Dios? ¿Deseo de reparar la falta?
¿Gurdo con fidelidad mis compromisos más solemnes: en mi estado de vida, dentro del matrimonio, en mi vida cristiana?
Cuándo Dios me pide algo que me cuesta, ¿respondo con un sí incondicional? ¿me justifico para negárselo?
¿Soy delicado de conciencia en materia de caridad fraterna; palabras, acciones, comprensión, servicialidad, perdón, sacrificio, generosidad?
¿Busco conocer la voluntad de Dios en mi vida con la ayuda de mi confesor u orientador espiritual? ¿Me apoyo en mi fe o en las circunstancias humana? ¿Procedo con honestidad y sencillez buscando luz cuando tengo dudas de conciencia recurriendo a mi director espiritual?

Deja tus conclusiones de esta sesión en los foros del curso.

Guía de preguntas que pueden ayudarte para formular tus conclusiones:
¿Cuáles son los puntos importantes de esta sesión?
¿Qué resonancia han tenido en mi vida y en mi misión como director espiritual?
¿Tengo cuidado de formar mi conciencia? ¿Conozco y trato de vivir los criterios cristianos, las directrices de la iglesia? ¿Es mi conciencia cada vez más delicada?
¿Qué aplicaciones prácticas encuentro para mi vida como director espiritual o dirigido? ¿Cuáles son los medios con los que cuento para guiar (director espiritual) o ayudarme (dirigido) en la formación de la conciencia? ¿Qué dificultades debo superar?
Algún comentario particular…

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Textos recomendados para profundizar en el tema
La conciencia moral y su formación
Autor: Pablo Cabellos Llorente
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¿Hay que Seguir Siempre la Conciencia?
Autor: Robert Spaemann
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Veritatis Splendor
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¿Tienes dudas, comentarios o sugerencias? envíalas a alguno de los tutores del curso (elige uno).

Preguntas o comentarios al P. Llucià Pou Sabaté Dr. en Teología Moral

 

Preguntas o comentarios al P. Juan Pablo Esquivel. Dr. en Teología con especialización en Espiritualidad.

 

Preguntas o comentarios al P. Alberto Mestre Carbonell, Licenciado en Teología Moral.



 

Preguntas o comentarios al P. Pedro Mereu SDB Sacerdote Salesiano, se dedica exclusivamente al ministerio sacerdotal en el sacramento de la reconciliación, dirección espiritual en parroquias y comunidades religiosas, y acompañamiento espiritual por medio de internet.

 

Preguntas o comentarios a Hna. Roxanna. Misionera, acompañamiento espiritual.

 





 





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