Menu


El centro y el horizonte de la Iglesia
Recuperar el mismo ardor apostólico de las primeras comunidades cristianas superando perspectivas mezquinas


Por: . | Fuente: L’Osservatore Romano




El anuncio de la fe está en el centro de la vida de la Iglesia y es el horizonte de cada uno de sus proyectos y actividades. En el día de la conversión de san Pablo — el apóstol que «trabajo, sufrió y luchó sin ahorrar energías, tiempo y medios con el fin de dar a conocer el mensaje de Cristo»— el Papa relanza «la necesidad y la urgencia de la evangelización “ad gentes”».

Una tarea —explica durante la audiencia general del miércoles, 25 de enero, por la mañana en el aula Pablo VI —que Jesús mismo confió a sus discípulos con la oración dirigida al Padre en la hora de su glorificación. Y que —escribe en el mensaje para la Jornada mundial de las misiones difundido esa misma mañana— se repropone hoy para «promover una nueva evangelización de las comunidades y de los países de antigua tradición cristiana, que están perdiendo la referencia a Dios, con el fin de redescubrir la alegría de creer».

A «todos los componentes del gran mosaico de la Iglesia» —obispos y sacerdotes, religiosos y religiosas, diáconos y laicos— el Pontífice pide recuperar «el mismo ardor apostólico de las primeras comunidades cristianas» superando perspectivas mezquinas y mirando especialmente a las próximas citas eclesiales que caracterizarán este año 2012: el Sínodo de los obispos dedicado a la nueva evangelización, que tendrá lugar del 7 al 28 de octubre, y el Año de la fe, que se inaugurará el 11 de octubre en el quincuagésimo aniversario de la apertura del concilio Vaticano II.

Refiriéndose precisamente a esa extraordinaria experiencia de «participación» y de «universalidad», el Papa propone de nuevo la actualidad de la visión conciliar, que volvió a poner «en el centro de la eclesiología la naturaleza misionera de la Iglesia». Una visión —asegura en el mensaje— que «hoy no ha cambiado, es más, ha conocido una fecunda reflexión teológica y pastoral y, al mismo tiempo, se vuelve a proponer con renovada urgencia porque ha aumentado el número de los que aún no conocen a Cristo».

Por lo demás, el «deber» de la misión brota del mandato mismo de Jesús, que envía a sus discípulos entre la gente para «sacar al mundo de la alienación del hombre de Dios y de sí mismo, es decir, para sacarlo del pecado, a fin de que vuelva a ser el mundo de Dios». De este modo —explica el Papa en la catequesis durante la audiencia general— los cristianos testimonian la eficacia de su unidad y se vuelven capaces de «amar cada vez más a los otros, a los cercanos y a los lejanos».

El anuncio de la fe se convierte de este modo en lectura de la historia «para ver en ella los problemas, las aspiraciones y las esperanzas de la humanidad». Y se transforma en testimonio de la «alegría de creer» ante un mondo que —señala Benedicto XVI en el mensaje— conoce una «crisis de fe» pero sigue teniendo «hambre y sed de Dios». Lo demuestran, entre otros, los numerosos misioneros que desde diversas partes del mundo van a otras Iglesias para proclamar la novedad del Evangelio y llevar un mensaje de solidaridad y de justicia sobre todo a los pobres, a los que sufren y a los marginados.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |