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Mensaje del Santo Padre para la Jornada de la Paz 2009
La lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano


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Ciudad del Vaticano

“Combatir la pobreza, construir la paz” es el tema del Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada de la Paz del 1º de enero de 2009. Retomando un tema ya tratado por el Papa Juan Pablo II en su Mensaje para la Jornada de la Paz 1993, Benedicto XVI subraya que “combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización”. Esto no sólo con el fin de utilizar el fruto de las investigaciones conducidas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza, sino considerando también el significado espiritual y moral de la globalización.
El Papa invita luego a tener una “visión amplia y articulada” de la pobreza, no reduciéndola sólo a la dimensión material, en cuanto “hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales”. Por ejemplo, “en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual… en las sociedades definidas como ‘pobres’, el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana”.

En la primera parte del Mensaje, titulada “Pobreza y consecuencias morales”, el Santo Padre afronte algunos ámbitos de la pobreza hodierna. En primer lugar denuncia el “exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza”, mientras en tantas naciones “la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza”. El segundo ámbito es el de la relación entre enfermedades pandémicas – sobre todo la malaria, la tuberculosis y el SIDA – y pobreza. El Papa, poniendo en evidencia los chantajes a los que son sometidos algunos países por parte “de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida” y reconoce que es difícil combatir el SIDA “si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus… Se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base”.

Un tercer ámbito sobre el que el Mensaje llama la atención es la pobreza de los niños. Ya que “casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños” el Santo Padre invita a considerar prioritarios aquellos objetivos que los tocan directamente: el cuidado de las madres, el compromiso educativo, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguarda del ambiente y, sobre todo, el compromiso en defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones a su interno. Benedicto XVI expresa luego su preocupación por “el actual nivel global de gasto militar” que sustrae ingentes recursos destinados al desarrollo de los pueblos, e invita a los Estados “a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica… Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana”.

El último ámbito considerado trata la actual crisis alimenticia, “se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias”. El aumento de la distancia entre ricos y pobres en los últimos decenios tiene causas diversas, entre las cuales el cambio tecnológico y la dinámica de los precios de los productos industriales, que crecen en modo mucho más rápido que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que los países más pobres poseen. “Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos”.

La segunda parte del Mensaje tiene como tema “Lucha contra la pobreza y solidaridad global” y contiene una serie de reflexiones y propuestas sobre temas de la globalización, sobre el comercio internacional, sobre la infancia y sobre la actual crisis financiera, y sobre la exigencia de una governance mundial bajo el signo de la solidaridad. “Uno de los caminos principales para construir la paz – escribe el Papa – es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana. Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global, tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico… La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas”.

Vinculados a los temas del comercio internacional y de las transacciones financieras se producen hoy “procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras”. El Papa lanza así un llamamiento para que “todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones”.

El Mensaje pone luego en evidencia la fragilidad de la economía: “La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo”.

En esta parte el Santo Padre da algunas sugerencias para una eficaz lucha contra la pobreza: una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía; crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad; invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa; el aumento de la renta per capita representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. “Situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales”.

En el último párrafo de está segunda parte, el Mensaje reafirma la necesidad de gobernar “con prudente sabiduría” el fenómeno de la globalización teniendo “en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza... La lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano”.
En la conclusión el Mensaje subraya como “en el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación”. Benedicto XVI concluye con una invitación “a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro”
 





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