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Consolidar la cultura de la acogida con quien sufre
El Papa recibió a los participantes en el Congreso sobre "Las nuevas fronteras de la genética y el peligro de la eugenesia", promovido por la Pontificia Academia para la Vida con motivo de su XV Asamblea General el 20 y 21 de febrero.


Por: . | Fuente: VIS



CIUDAD DEL VATICANO, 21 FEB 2009


El Santo Padre afirmó que el progreso de la ciencia permite "llegar más fácilmente no solo a un diagnóstico más eficaz y precoz de las enfermedades genéticas, sino también a producir terapias para aliviar los sufrimientos de los enfermos y, en algunos casos, incluso a devolverles la esperanza de recuperar la salud".

La colaboración entre las diferentes ciencias en el ámbito de la investigación, dijo Benedicto XVI, "permite evitar el riesgo de un reduccionismo genético, que tiende a identificar a la persona exclusivamente con la referencia a la información genética y a sus interacciones con el ambiente. Es necesario subrayar que el ser humano (...) tiene la fuerza del pensamiento, que siempre tiende a la verdad sobre sí mismo y sobre el mundo".

"Todo ser humano -continuó- es mucho más que una singular combinación de informaciones genéticas que le transmiten sus padres. (...) Cada aparición en el mundo de una persona es siempre una nueva creación".

El Papa puso de relieve que "si quiere entrar en el misterio de la vida humana es necesario que ninguna ciencia se aísle, pretendiendo poseer la última palabra. Al contrario, se debe compartir la vocación común para llegar a la verdad, a pesar de la diferencia de las metodologías y de los contenidos propios de cada ciencia".

Refiriéndose al peligro de la eugenesia, el Santo Padre constató que a pesar de haber sido condenada en el pasado, sigue habiendo "manifestaciones preocupantes de esta práctica odiosa, que se presenta con rasgos diversos. (...) Se insinúa una nueva mentalidad que tiende a justificar una distinta consideración de la vida y de la dignidad personal fundada en el propio deseo y en el derecho individual. Se tiende a privilegiar las capacidades operativas, la eficiencia, la perfección y la belleza física en detrimento de otras dimensiones de la existencia no consideradas dignas. De esta manera se debilita el respeto de cada ser humano, también cuando tiene un defecto en su desarrollo o una enfermedad genética que podrá manifestarse a lo largo de su vida, y se penalizan desde la concepción aquellos hijos cuya vida se considera que no debe ser vivida".

"Es necesario reafirmar que toda discriminación ejercida por cualquier poder contra personas, pueblos o etnias sobre la base de diferencias basadas en factores genéticos reales o presuntos es un atentado contra toda la humanidad. Hay que subrayar con fuerza la igual dignidad de cada ser humano por el hecho de haber nacido. El desarrollo biológico, psíquico, cultural o el estado de salud no pueden ser nunca un elemento discriminante".

Benedicto XVI afirmó que "es apremiante consolidar por el contrario, la cultura de la acogida y del amor que testimonian concretamente la solidaridad con quien sufre, abatiendo las barreras que a menudo erige la sociedad, discriminando a quien es discapacitado y padece una enfermedad, o pero aún, llegando a seleccionar y a rechazar la vida en nombre de un ideal abstracto de salud y de perfección física. Si el ser humano es reducido a un objeto de manipulación experimental desde las primeras fases de su desarrollo, esto significa que las biotecnologías médicas se rinden al arbitrio del más fuerte. La confianza en la ciencia -concluyó-, no puede hacer olvidar el primado de la ética cuando está en juego la vida humana".





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