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La nueva embajadora de Estados Unidos en el Vaticano y la visita del Papa a su país
Entrevista a Mary Ann Glendon, presidente de la Academia Pontificia para las Ciencias Sociales


Por: Carrie Gress | Fuente: ZENIT.org



ROMA, domingo, 23 marzo 2008


Mientras se encuentran en efervescencia los preparativos a ambos lados del Atlántico, la nueva embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, Mary Ann Glendon, está convencida de que la visita de Benedicto XVI dará aliento a su país en momentos en los que tiene particular necesidad.


En esta entrevista a Zenit, Glendon, hasta ahora profesora de Derecho en la Universidad de Harvard, y presidente de la Academia Pontificia para las Ciencias Sociales, expresa sus esperanzas para la visita papal del 15 al 20 de abril, a Washington y Nueva York, en particular a la sede de las Naciones Unidas.


En 1994, Juan Pablo II nombró a la profesora, de casi 70 años, casada y con tres hijos, para presidir la delegación de la Santa Sede ante la IV Conferencia sobre las Mujeres de la ONU en Pekín.

¿Tras representar al Vaticano por tantos años, qué supone representar a Estados Unidos ante la Santa Sede?

--Mary Ann Glendon:
Muchos de los trabajos que he hecho a lo largo de los años como voluntaria laica para la Santa Sede han sido académicos más que de representación --ha supuesto usar mi preparación en derecho y ciencias sociales para preparar estudios y documentos para la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y para el Consejo Pontificio para los Laicos. De manera que la gran oportunidad para mí será la transición de la vida académica a la vida pública.

Por una coincidencia, en el momento en que recibí la llamada preguntándome si quería ser embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, estaba en medio de la escritura de un libro, «El foro y la torre», sobre personajes históricos, como Platón, Edmund Burke y Max Weber, que estaban divididos entre la filosofía y la política.

Espero que mi larga experiencia de trabajo con oficiales de la Santa Sede me sirva para asumir la responsabilidad de reforzar la ya sólida relación entre Estados Unidos y la Santa Sede.


¿Vuáles son las principales prioridades en las que le gustaría centrar su trabajo?

--Mary Ann Glendon:
El cercano 25 aniversario de las relaciones diplomáticas formales entre Estados Unidos y la Santa Sede en enero del año próximo coincide con el 60 aniversario de dos documentos que encarnan el compromiso común de Estados Unidos y la Santa Sede en la protección de la dignidad humana: la Declaración universal de los Derechos Humanos y la Convención sobre Genocidio.

El equipo de la embajada, grupo enormemente dotado y con energía, y yo estamos trabajando mucho para preparar una serie de cuatro foros de un día que conmemorarán estos aniversarios.

El primero será en mayo en la Universidad Regina Apostolorum y se titula «Latinoamérica y el proyecto de derechos humanos internacionales: ayer, hoy y mañana». Tenemos previstos compromisos de una estupenda serie de oradores incluyendo al presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, profesor Paolo Carozza, y el hijo del brillante diplomático cubano Guy Perez Cisneros, que fue el principal líder de las delegaciones latinoamericanas y caribeñas en la conferencia fundacional de la ONU en 1945.

Los otros foros se celebrarán en invierno cerca de los aniversarios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención sobre Genocidio, el 10 y el 11 de diciembre respectivamente. El primero se titula «Para todos, en cualquier lugar», y será dedicado al dilema de la universalidad de los derechos humanos en el mundo caracterizado por la diversidad cultural y religiosa. El segundo conmemorará la Convención sobre Genocidio y probablemente invitaremos a gente para reflexionar sobre la noción de vidas reputadas «indignas de vivir», una perniciosa noción que se mantiene y resurge con nuevas formas.

La cuarta conferencia probablemente será en enero de 2009, cerca del 25 aniversario de la actual formalización de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y la Santa Sede y servirá como celebración de esta relación, que empezó informalmente hace 230 años, y desde sus inicios tuvo el objetivo de liderar y proteger la dignidad humana y la libertad.

¿Cuáles piensa que son los mayores desafíos de su nuevo puesto?

--Mary Ann Glendon:
Ciertamente uno de los mayores desafíos para los embajadores de Estados Unidos en estos días es proporcionar la mayor información posible sobre los valores y políticas estadounidenses, así como contrarrestar malentendidos y estereotipos negativos sobre nuestro país y su gente.

Para mí en especial, otro desafío consiste en regular la rotación de los funcionarios del servicio público de un puesto a otro. Habrá algunos cambios de personal aquí en la embajada en los próximos meses. Esto es completamente diferente a los marcos de larga duración que uno encuentra en el mundo académico y en el Vaticano.

b>Zenit ha hablado con anteriores embajadores sobre los nexos entre las políticas estadounidenses y los valores de la Santa Sede. ¿Cuáles cree que son las áreas más importantes de acuerdo? ¿En cuáles áreas quisiera ver mas unidad?


--Mary Ann Glendon: Hay ya gran unidad en nuestro compromisos compartidos para proteger la dignidad humana, para promover los derechos humanos, especialmente la libertad religiosa, reforzar el consenso moral global contra el terrorismo, y contra el mal uso de la religión como pretexto para la violencia terrorista, promover el diálogo entre las diversas confesiones y culturas, combatir el tráfico de personas, y buscar modos creativos de mejorar las vidas de quienes sufren por la pobreza, hambre y enfermedad.

Sobre la segunda pregunta, después de sólo dos semanas es un poco pronto para decirlo, pero es estimulante ver cómo, en los pasados 25 años, el conjunto de intereses comunes ha seguido ampliándose. Espero construir sobre la fuerte relación establecida por mis distinguidos predecesores.

¿Qué piensa sobre la próxima visita de Benedicto XVI a Estados Unidos y cuáles piensa que serán los principales temas de este viaje?

--Mary Ann Glendon:
La preparación es alta en ambos lados del Atlántico. El Papa dijo durante mi ceremonia de credenciales que estaba atento a este viaje a Estados Unidos, y de su discurso en aquella ocasión se puede ver que está muy interesado en la manera en que fe y razón se han entrelazado en nuestra experiencia democrática.


También sabemos por sus escritos que está muy intrigado por ciertos contrastes entre América y Europa, y ciertas realizaciones distintivas de la cultura estadounidense. Parece intrigado por nuestra versión de la relación Iglesia-Estado y cómo ésta parece ser compatible con una gran vitalidad religiosa.

Todos nos preguntamos cuáles serán los temas de los que hablará. Cada uno está esperando y especulando intensamente. Creo que todo lo que uno puede decir es que cualesquiera que sean los temas que él quiera subrayar, serán de mucho alimento para reflexionar a partir del pensamiento de este brillante estudioso que ha asumido con facilidad el papel de líder espiritual, cuya voz moral resuena en todo el mundo.


No me sorprendería que --como Tocqueville en sus reflexiones sobre «Democracia en América»-- los discursos del Papa en Estados Unidos contuvieran mucho material que ya ha dirigido a Europa.

Muchos estadounidenses, como el resto del mundo, tienen una gran devoción por el Papa Juan Pablo II. ¿Cómo piensa que será la acogida a Benedicto XVI?

--Mary Ann Glendon:
Uno puede especular basándose en la manera en que el Papa Benedicto ha sido recibido por audiencias que acuden a conocerle por primera vez aquí en Italia y en otros países.

Desde el momento en que pronunció su homilía en el funeral del Papa Juan Pablo II --y yo estaba allí ese día-- la gente de todo el mundo estaba conmovida y asombrada de su elocuencia pastoral. Habían visto a un hombre que la mayoría había conocido, principalmente a través de sus escritos, como una persona verdaderamente académica. Pero ese día y desde entonces, hemos llegado a conocerle como un «humilde pastor», como se llamó a sí mismo, y un sabio profesor que puede hablar claramente y profundamente a la vez en modos que son accesibles a cada uno.

 







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