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Las cosas que principalmente nos incitan y tientan
Las cosas que principalmente nos incitan y tientan

El Padre Jorge Loring analiza los pecados de Soberbia, Avaricia, Lujuria, Ira, Gula, Envidia y Pereza, que pueden pervertir a cualquier empresario y trabajador católico.


Por: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte




5. Las cosas que principalmente nos incitan y tientan a pecar son:

a) el mundo (criterios relajados, costumbres corruptoras, ambientes pervertidos) con sus atractivos, que tienen fuerza seductora para los incautos que se dejan llevar por él.

b) El demonio con sus tentaciones: engañando con apariencias de bien54.

c) La carne con sus inclinaciones al pecado
55.



La inclinación al pecado se llama concupiscencia. Ésta se concreta en los llamados siete pecados capitales que son: Soberbia, Avaricia, Lujuria, Ira, Gula, Envidia y Pereza.

Soberbia es un apetito desordenado a la autoestimación excesiva.

Avaricia es una estima desordenada de los bienes materiales.

Lujuria es un apego desordenado a los placeres de la sexualidad.

Ira es un apetito de venganza.

Gula es un apetito desordenado de comer o beber.

Envidia es un pesar del bien ajeno o alegría de su mal.

Pereza es una negligencia en el cumplimiento de las propias obligaciones.

Dice el Apóstol Santiago: «Cada cual es tentado por sus propias concupiscencias»
56. Y San Juan: El que peca se hace esclavo del pecado»57. «El que peca se hace hijo de Satanás»58.

A veces, los malos ambientes pervierten a muchos católicos.

Como dijo Pablo VI, en una solemne alocución: «Muchos cristianos de hoy, en lugar de misionar, son misionados; en lugar de convertir, son convertidos; en lugar de comunicar el Espíritu de Jesús, son ellos contagiados por el espíritu del mundo».

No podemos vencer las tentaciones nosotros solos; pero tenemos la ayuda de Dios, su gracia, que la tenemos a nuestra disposición si la buscamos con la oración y los sacramentos.

Dice San Pablo que Dios no permite al demonio que nos tiente por encima de nuestras fuerzas
59.

Muchas veces el demonio se vale de los mismos hombres para hacernos pecar. Unas veces con su mal ejemplo. Otras, también con sus palabras.

Es necesario saber luchar contra los malos ambientes, y no dejarse arrastrar al pecado por el respeto humano.

El mejor medio para esto es huir de las malas compañías y juntarse con buenos amigos.

Ocurre con frecuencia que, en un grupo, los más indeseables llevan la voz cantante y dominan a una colección de individuos vulgares y endebles.

Ten mucho cuidado de que nadie atente contra la integridad y rectitud de tu personalidad.

Y si alguna vez te integras en alguno de estos grupos, ten la valentía suficiente para hacer una acto de independencia y abandonar el grupo, aunque tal vez la ruptura te traiga algún contratiempo desagradable. No importa. Es decir, esto tiene menos importancia y merece la pena afrontarlo.

La mejor manera de vencer los malos ambientes es tomar desde el primer momento una actitud decidida, clara, inquebrantable. Si ven que contigo es inútil, te dejarán en paz. Pero si ven que vacilas, volverán una y otra vez a la carga hasta tumbarte.



6. El respeto humano consiste en obrar mal por vergüenza de obrar bien temiendo al «qué dirán» los demás.

Y dijo Jesucristo: se avergüenza de Mí delante de los hombres, Yo lo ignoraré delante de mi Padre
60

Es una cobardía indigna. Es vergonzoso tenerle miedo a la sonrisa maliciosa de una persona que -por su conducta- es indigna de nuestro aprecio.

En cambio, quien cumple con su deber por encima de todo, consigue la estima de todas las personas buenas, y también el respeto de las que no lo son, que -digan lo que digan por fuera- en su interior no tienen más remedio que reconocer y admirar la superioridad de la honradez y de la virtud.

En tu conducta has de ser valiente cuando otros quieran arrastrarte al mal. Pero no hay que fanfarronear.

Si la timidez y la cobardía desprestigian la virtud, no menos la desprestigia la fanfarronería, que la hace desagradable y antipática a todo el mundo.

Tu conducta ha de ser la de una persona entera, que sabe lo que es cumplir con su deber, pero que no por eso desprecia a los demás, sino que es amable con todos, y todos saben que se puede contar contigo cuando se trata de algo bueno. Si eres persona recta y amable, pronto tendrás quien te siga.

No hay nada tan atractivo como la virtud, cuando ésta es amable y valiente. La mayoría de las personas son imitadoras que siguen a las que entre ellas son capaces de dar ejemplo.

No olvides que tu conducta ejerce influjo en los demás.

Quizás tú no te des cuenta. Pero el buen ejemplo arrastra, a veces, todavía más que el malo.

Muchos no se atreven a ser los primeros y lo están esperando para seguirlo. Los cristianos deben, con su vida ejemplar, dar testimonio de la doctrina de Cristo
61.

«La transmisión de la fe se verifica por el testimonio... Un cristiano da testimonio en la medida en que se entrega totalmente a Dios, a su obra... Normalmente la verdad cristiana se hace reconocer a través de la persona cristiana»
62.



7. También te recomiendo que seas santamente alegre.
Uno de los mejores apostolados es el apostolado de la alegría. Que todo el mundo vea que los que siguen a Cristo son los más felices y alegres.
La bondad no es ñoñería.

Sólo el bueno es verdaderamente alegre. La alegría del pecado es mentira, y su gusto se convierte en tormento.

La felicidad es un don de Dios, y es imposible lograrlo de espaldas a Él. Por eso, es frecuente que el pecador sea en el fondo una persona triste, aburrida, cansada, todo le fastidia, nada le ilusiona...

En cambio, después de hacer una buena confesión, ¿verdad que se siente un alivio y un consuelo especial?

En una tanda de Ejercicios Espirituales a obreros, uno me echó en el buzón un papel que decía: «es tanta la felicidad y alegría que he sentido después de confesarme, que no hay nada para mí en el mundo capaz de compararlo.

Es algo fuera de lo material. Me he elevado de tal forma, que he llorado de alegría y de arrepentimiento. No soy digno de tanta felicidad». Textualmente. Al pie de la letra.

No he modificado una palabra. Todavía conservo el papel como recuerdo de aquel obrero.

También conservo otro papel que me encontré después de las confesiones de otra tanda de Ejercicios. Dice así: «Padre, estoy rebosante de alegría. Tengo a Cristo en mi alma.

En mi vida me he sentido tan feliz como ahora. Usted ha conseguido de mí que encuentre la verdadera felicidad».

El célebre poeta mejicano Amado Nervo confesó en su lecho de muerte, y después le decía a sus amigos: «Me he confesado y me siento completamente feliz»
63.

Realmente que la felicidad de la tranquilidad de conciencia no puede compararse a la amargura que deja detrás de sí el pecado.

El placer egoísta, antes de gustarlo, atrae. Pero después desilusiona.

Y si en su satisfacción ha habido degradación, pecado, etc., el vacío que deja en el alma no tiene nada que ver con la felicidad que se siente después de hacer una buena obra donde se ha sacrificado algo.


8. El pecado es el peor de los males
64. Peor que la misma muerte, que sólo es un mal si nos sorprende en pecado. La muerte en paz con Dios es el paso a una eternidad feliz.

Todos los demás males se acaban con esta vida. Sólo el pecado atormenta en la otra.

Muchas personas endurecidas para lo espiritual, viven tranquilamente en el pecado, pero su sorpresa en la otra vida será terrible.

Entonces se darán cuenta de que se equivocaron en lo principal de su vida: salvarse eternamente.

Pero, sobre todo, el pecado es una ofensa a un Dios infinitamente bueno, a un Padre que me ama como nadie me ha amado jamás. Por eso el pecado es un mal que no tiene igual en esta vida.

«El hombre no puede renunciar a sí mismo, no puede hacerse esclavo de las cosas, de los sistemas económicos, de la producción y de sus propios productos»
65 «Hay en el hombre un afán, a veces desmedido, de poseer, de gozar, de ser independiente.

Se dan en él: ambición de dinero, hipocresía, injusticias, egoísmo, Soberbia, cobardía, mentira. Estos vicios repercuten en la sociedad. Producen malestar, indignación, rebeldía.

»Jesús proclamó la verdad, no pactó nunca con el pecado y la injusticia. Esta actitud de rechazo y denuncia le llevó a la muerte.

»Jesús, al condenar el pecado, quería hacer una llamada a la dignidad del hombre: el hombre, por el pecado, además de rechazar a Dios se hace esclavo de las cosas que valen menos que él»
66.

Dice San Juan Crisóstomo:
- «Cuando te veo vivir de modo contrario a la razón, ¿cómo te llamaré,hombre o bestia?
- Cuando te veo arrebatar las cosas de los demás, ¿cómo te llamaré,hombre o lobo?
- Cuando te veo engañar a los demás, ¿cómo te llamaré, hombre o serpiente?
- Cuando te veo obrar neciamente, ¿cómo te llamaré, hombre o asno?
- Cuando te veo sumergido en la Lujuria, ¿cómo te llamaré, hombre o puerco?
- Peor todavía. Porque cada bestia tiene un solo vicio: el lobo es ladrón, la serpiente mentirosa, el puerco sucio; pero el hombre puede reunir los vicios de todos los brutos»
67.



9. En la vida son necesarias normas morales.
Los que rechazan toda moral («prohibido prohibir»), son unos hipócritas, pues ellos quieren imponernos sus normas. Ya dijo Ortega y Gasset: «De la moral, no es posible desentenderse»
68.

Hay personas que han perdido el sentido del pecado y rechazan la doctrina de la Iglesia cuando señala que una cosa es pecado. Dicen: «Yo no veo que eso sea pecado; además lo hace todo el mundo».

Eso no prueba nada. Las cosas no se convierten en buenas por ser frecuentes: drogas, terrorismo, violaciones, etc.

Además la opinión de la mayoría no cambia la realidad observada por un entendido.

Hoy los famosos del arte, del deporte o del espectáculo se presentan como pedagogos de la sociedad. La tribuna se la facilitan los medios de comunicación: la revista, el micrófono o la cámara.

Ellos hablan de todo, y de todo pontifican: sobre política, sobre religión, sobre moral, sobre la educación de los hijos, sobre las relaciones sexuales prematrimoniales, etc. Y el modelo, naturalmente, es lo que ellos hacen.

Que un experto dé su opinión sobre lo que entiende, es razonable. Pero que el famoso de turno dogmatice de lo que no sabe, es lamentable.

La moral no puede cambiar con las modas de cada época.

Hoy está de moda permitir el aborto; pero siempre será una injusticia condenar a muerte a una persona inocente.

Hoy está de moda la democracia; pero la verdad y el bien no dependen de lo que diga la mayoría. Son valores absolutos.

Una minoría de entendidos vale más que una mayoría que no lo es.

Si se trata de la salud, vale más la opinión de tres médicos que el resto de un grupo mayoritario formado por una peluquera, un carpintero, una profesora de idiomas, un arquitecto, etc.

Lo mismo si se trata de pilotar un avión o de moral.
La democracia sólo es válida cuando todos los que opinan entienden del tema, por ejemplo en una consulta de médicos. Pero no basta la opinión de la mayoría, si ésta no entiende del tema.

Para saber si es verdad que la Tierra da vueltas alrededor del Sol, no lo sometes a votación en una tribu de la selva amazónica, que desconocen el tema.

Aunque todo el mundo dijera que el agua de tal fuente es potable, porque no ven en ella ningún microbio, si el encargado de la Salud Pública, ayudado de su microscopio, dice que el agua está contaminada, no se puede beber, aunque la gente no vea en ella nada malo.

La democracia mal empleada puede ser funesta. En frase de Francisco Bejarano «los ignorantes son muchísimo más numerosos que los sabios y los votos de unos y otros valen lo mismo»
69.

La Iglesia tiene una especial asistencia de Dios para llevar los hombres a la salvación, es decir, para señalar lo que es bueno o es malo.

«Someter una cuestión ética a votación, no garantiza la bondad moral de la solución vencedora. (...) Una actuación es ética o no lo es, independientemente de las opiniones personales de los votantes»
70.

Sobre la democracia Ortega y Gasset tiene estas ideas:
«Yo dudo que haya habido otras épocas de la historia en que la muchedumbre llegase a gobernar tan directamente como en nuestro tiempo. (...) Vivimos bajo el brutal imperio de las masas. (...) La soberanía del individuo no cualificado. (...) En nuestro tiempo domina el hombre-masa; es él quien decide. (...) Las masa populares buscan pan, y el medio que emplean es destruir la panaderías»
71.

«Es una falacia muy extendida hoy día, que es demagógica y falsa: "el pluralismo democrático exige el relativismo ético". Como si el respeto a la libertad de los demás se fundase en que no existe una verdad y un bien objetivos sobre las cosas y la naturaleza humana. Esto es un error.

(...) Lo que nunca se puede hacer es utilizar la coacción y la violencia para imponer mi concepto de la verdad y lo bueno. Pero si no defiendo lo que yo considero que es bueno y verdadero, estaría siendo injusto con la gente que me rodea.

(...) La democracia no es un mecanismo para definir lo que es verdadero o falso, bueno o malo. Creer que la votación popular es lo que define la bondad o malicia, la verdad o falsedad real de las cosas es un error. Convertir la democracia en el sustituto de la capacidad racional de hombre para conocer la verdad es una falacia.

(...) La democracia no implica relativismo ético. El respeto a la libertad de conciencia no implica ocultar la verdad o el bien objetivo de las cosas.

(...) Tenemos el derecho y la obligación de defender lo bueno y lo verdadero ante la sociedad para procurar que la verdad y el bien se reflejen en las leyes»
72.

«No todo lo ordenado democráticamente tiene la garantía de ser justo»
73.

Hoy es frecuente un concepto peyorativo del sentimiento de culpabilidad.

Es cierto que en algunas ocasiones puede ser algo patológico, cuando no responde a causas objetivas. Pero es perfectamente lógico que el que ha hecho algo malo tenga después remordimientos y sentimientos de culpabilidad. Lo mismo que la fiebre es consecuencia de la enfermedad, y el dolor de la herida.

El que después de hacer algo malo no tiene remordimientos ni sentimientos de culpabilidad es porque tiene el alma acorchada, lo cual es gravísimo
74.

«Cada uno de nosotros está obligado a obedecer a su conciencia»
75. «Es a la conciencia a la que le corresponde la decisión última sobre el comportamiento moral del hombre»76.

Conciencia «es la capacidad fundamental del hombre de determinar sus obligaciones para con Dios»
77.

Pero esta conciencia debe estar bien formada, porque el hombre puede engañarse a sí mismo considerando bueno lo que le gusta o conviene.

Por eso la Autoridad de la Iglesia, que es objetiva e independiente, señala lo que es bueno o malo.

Dice el Papa Juan Pablo II en su encíclica Veritatis splendor: «Existen normas objetivas de moralidad, válidas para todos los hombres de ayer, de hoy y de mañana. Tenemos que amoldar nuestra conciencia a la enseñanza de Cristo y de la Iglesia».

«Es cierto que hay que seguir la conciencia, pero sin olvidar que ella no es la creadora de la norma moral, y que el Magisterio ha sido instituido para iluminar la conciencia»
78.

La conciencia no es autónoma.

«No es una fuente autónoma y exclusiva para decidir lo que es bueno o malo.; al contrario, en ella está grabado profundamente un principio de obediencia a la norma objetiva, que fundamenta y condiciona la congruencia de sus decisiones con los preceptos y prohibiciones en los que se basa el comportamiento bueno»
79.

«La conciencia es el juicio acerca de la licitud o ilicitud de una acción concreta del individuo. Es la norma subjetiva de la moralidad. Mientras que la norma objetiva suministra una información general sobre el carácter moral de las acciones humanas».
80

Dijo Pablo VI el 13 de febrero de 1969: «La conciencia es intérprete de una norma superior, pero no es ella quien crea la norma».

«La función de la conciencia moral no es crear la ley, sino aplicarla a las circunstancias concretas de cada momento»
81.

Una conciencia equivocada no crea valores.
«La conciencia no obliga por sí misma, sino en cuanto refleja la verdad, porque es un instrumento de la verdad.

Es la verdad la que obliga a través de la conciencia. (...) La conciencia no nace de la arbitrariedad, sino de su vínculo con la verdad. (...) La verdad no es algo que se crea, sino algo que se descubre»
82 .

Según Balmes,en El Criterio,«la verdad en las cosas es la realidad. La verdad en el entendimiento es conocer las cosas tales como son. La verdad en la voluntad es quererlas como es debido, conforme a las reglas de la sana moral.

La verdad en la conducta es obrar por impulso de esta buena voluntad. La verdad en proponerse un fin es proponerse el fin conveniente y debido, según las circunstancias.

La verdad en la elección de los medios es elegir los que son conformes a la moral y mejor conducen al fin. Hay verdades de muchas clases, porque hay realidad de muchas clases.

Hay también muchas clases de conocer la verdad. No todas las cosas se han de mirar del mismo modo, sino del modo que cada una de ellas se ve mejor.

Al hombre le han sido dadas muchas facultades; ninguna es inútil; ninguna intrínsecamente mala»
83.

Hay actos que son malos porque están prohibidos (circular por una calle en sentido contrario al señalado por la flecha).

Pero también hay actos que son malos en sí mismos, porque van contra la dignidad de la persona humana (la calumnia).

Éstos se llaman actos intrínsecamente malos
84.

«La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas»
86.

Todos debemos preocuparnos de tener una conciencia bien formada. Pero algunas personas, por distintas razones, tienen una conciencia escrupulosa. Deben buscarse un sacerdote de su confianza, y dejarse dirigir por él.

Ten en cuenta que el sacerdote es una persona preparada para estos temas, y además imparcial.

Si él ve que eres culpable, te pide arrepentimiento y te perdona.

Pero si él ve que son escrúpulos irresponsables, no los quiere fomentar.

La solución está en que te fíes de lo que te dice el sacerdote, más de lo que tú sientas.

Hay que dejar claro que los escrúpulos, generalmente, pueden curarse, si la persona escrupulosa es dócil a los consejos de su director espiritual86.

«La conciencia errónea no siempre está exenta de culpabilidad»
87.

«Sólo la ignorancia invencible está exenta de culpabilidad»
88.

Sólo la conciencia equivocada por error involuntario e inadvertido está libre de culpa. Pero en cuanto se descubra el error hay que rectificar.

La conciencia no está bien formada si no se atiende al Magisterio de la Iglesia, como dijo Juan Pablo II en el Segundo Congreso Internacional de Teología Moral
89.

«La Iglesia, a través de su Magisterio ordinario y extraordinario, es la depositaria y maestra de la verdad revelada.

(...) Difícilmente se podrá hablar de rectitud moral de una persona que desoiga o desprecie el Magisterio eclesiástico: «el que a vosotros oye, a Mí me oye; y el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia»
90. Por lo tanto, para un cristiano, si no hay unión con la Jerarquía, no hay posibilidad de unión con Cristo.

Ésta es la fe cristiana, y cualquier otra posibilidad queda al margen de la fe»
91.

«Hay cristianos que viven habitualmente en estado de condenación, (...) sin que les importe nada, incluso encontrándose a gusto en esta terrible situación.

Cristianos que, cuando se confiesan, apenas sienten pena de haber ofendido a Jesucristo, sino que miden su amor a Dios por el miedo que experimentan ante el pensamiento del infierno.

Cristianos que no saben valorar la Pasión de Cristo, que viven como si no les importara su complicidad con la muerte del Señor, que se quedan fríos e indiferentes ante el dolor de la Madre Dolorsa»
92.

«La conciencia errónea puede ser culpable de modo directo (cuando no se quiere saber para poder pecar libremente) o «in causa» (cuando no se ponen los medios debidos para formarla). En ambos casos esta conciencia errónea no excusa de pecado, incluso puede agravarlo»
93.

El célebre moralista Häring dice: «Los psiquiatras y los psicólogos de profundidades han logrado disipar completamente sentimientos de culpabilidad, explicándolos como meros restos neuróticos de ansiedades reprimidas de infancia.

(...) Yo no me opongo a la psicoterapia, como tal, sino a una psicoterapia que niega absolutamente la culpa»
94.


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  1. JUAN ANTONIO GONZÁLEZ LOBATO: Razones de la Fe, III, 3, e. Ed. EMESA. Madrid. 1980.regresar
  2. OTTO ZIMMERMANN, S.I.:Teología ascética,nº26, II, B. Seminario Metropolitano.Buenos Aires.regresar
  3. Carta de SANTIAGO: 1:4regresar
  4. Evangelio de SAN JUAN, 8:34regresar
  5. Primera Carta de SAN JUAN, 3:8regresar
  6. SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 10:13regresar
  7. Evangelio de SAN MATEO, 10:33regresar
  8. Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 35regresar
  9. JUAN MOUROUX: Creo en ti, III. Ed. Flors. Barcelonaregresar
  10. Revista ROCA VIVA, 299 (IV-93) 177regresar
  11. OTTO ZIMMERMANN, S.I.: Teología Ascética nº 22. Seminario Metropolitano. Buenos Airesregresar
  12. JUAN PABLO II: Encíclica El Redentor del Hombre, nº 16regresar
  13. Conferencia Episcopal Española: Catecismo Escolar, 4º EGB, nº 9regresar
  14. SAN JUAN CRISÓSTOMO: MIGNE, Patrología Latina,LV,500regresar
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  16. FRANCISCO BEJARANO: DIARIO DE CÁDIZ del 11-VIII-2000, pg. 9regresar
  17. MIGUEL ÁNGEL TORRES DULCE: 39 Cuestiones doctrinales, II, 1. Ed. Palabra. Madrid. 1990.regresar
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  24. BERNHARD HÄRING: SHALOM: Paz, X, 2. Ed. Herder. Barcelona. 1998.regresar
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  38. PABLO CABELLOS LLORENTE: 39 Cuestiones doctrinales, IV, 4. Ed. Palabra. Madrid. 1990.regresar
  39. FEDERICO SUÁREZ: La Virgen Nuestra Señora,VI ,2. Ed. Rialp. Madrid. 1984. 17 edición.regresar
  40. JUAN ANTONIO GONZÁLEZ LOBATO: Razones de la Fe, I, 5, c. Ed. EMESA. Madrid.1980.regresar
  41. BERNHARD HÄRING: Shalom, Paz, III,1. Ed. Herder. Barcelona. 1998.regresar



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