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Mantener la Verdad

Mantener la Verdad
La seducción por llevar una vida sin problemas, cómoda, adaptándose a las así llamadas “realidades contemporáneas” es una tentación que pone zancadillas a cada paso en la vida


Por: Germán Sánchez Griese |



Kayro es el nombre con el que se designa un cambo profundo y permanente en nuestra cultura y en nuestros valores que transforma nuestra forma de vida. Y en la historia, ha habido muchos kayros. En tiempos en los que florecía la cultura egipcia a lo largo del Nilo, un kayro se llevaba a cabo cada mil años, aproximadamente. La escritura jeroglífica, la invención del papel, la aplicación del cero en las matemáticas. En tiempos de Gutemberg, con la aparición de la imprenta, el kayro acaecía cada 100 años. Ya para la época de la Revolución Industrial los cambios que provocaban un kayro tenía lugar cada 25 años. Y hoy, como afirma el psicólogo italiano Massimo Marchisio del Instituto Skinner, dichos cambios se efectúan cada 25... minutos.

Un cambio cultural se mide en dimensiones cósmicas, no por sus efectos externos sino por el profundo desgarrón que inciden sobre los humanos. Detengámonos un poco a analizar cómo ha cambiado nuestra vida por el Internet. Veamos. Hoy estoy escribiendo este artículo en Roma y tú, amable lector, amable lectora, puedes estarme leyendo el mismo día y a la misma hora en los Galápagos o en Bora Bora. Ya no hay distancias, ya no hay tiempo. El valor de la intimidad puede resquebrajarse en cualquier momento, así como el florecimiento de una mayor (¿o menor?) solidaridad internacional.

Estos kayros intempestivos exigen de parte nuestra la suficiente agudeza mental para mantener vivos ciertos valores (humanos, morales, religiosos) que por ser patrimonio del hombre y dados por Dios no pueden ni deben estar sujetos a kayros, modas o caprichos del hombre.

Bien sabemos que la democracia ha querido custodiar dichos valores, pero como Juan Pablo II ha escrito “En realidad, la democracia no puede mitificarse convirtiéndola en un sustitivo de la moralidad o en una panacea de la inmoralidad. Fundamentalmente, es un ordenamiento y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter moral no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que,, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse” (Evangelium vitae, 70).
Por lo tanto, con los cambios que acaecen día a día, no podemos dejar tan sólo a la democracia la salvaguarda de los valores.

Hay personas, sacerdotes para ser más claros y explícitos, que hoy en día, por mantener la verdad a pesar de todos los cambios culturales y técnicos arriesgan su vida día tras día. En aras de los cambios, muchos son los que piensan que ciertas cosas deben cambiar. La droga, la anticoncepción, la defensa de la vida desde su nacimiento son tan sólo algunos hechos en los que los cambios tecnológicos (los kayros) han influido poderosamente sobre los valores perennes en ellos involucrados.

Mantener y mantenerse en la verdad no es tarea fácil. La seducción por llevar una vida sin problemas, cómoda, adaptándose a las así llamadas “realidades contemporáneas” es una tentación que pone zancadillas a cada paso en la vida. Y cuando esas zancadillas toman el nombre de “amenazas de muerte” asistimos a una nueva forma de la defensa de la verdad. ¿Por qué el mundo se ensaña contra ellos?

No debemos escandalizarnos. Ya la historia nos trae a la memoria persecuciones en donde hombres y mujeres han dado su vida por la verdad. No es nada nuevo cuando los católicos tenemos Alguien que nos ha dado ejemplo de dar su vida por la Verdad.


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