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VIVIENDO DE LA ESPERANZA

VIVIENDO DE LA ESPERANZA
Cuando iniciamos la editorial pasábamos largas horas armando libros en casa, compaginando las páginas.






Hace seis años, mi esposa Vida y yo, nos acercamos a los pies de la Virgen del Carmen, para leerle un pequeño manifiesto: “Nos ponemos en tus manos, dulce Virgen María”.

Teníamos un sueño entre las manos: llevar esperanza, ayudar al que necesitara un buen consejo. Lo haríamos mediante una editorial Católica y familiar. Los libros serían hechos en casa artesanalmente.

Le pusimos el nombre de Ediciones Anab, pensando en nuestra hija Ana Belén.

Empezamos con cuatro libros. Hoy son más de cuarenta. La mayoría en su quinta o sexta edición. Y con presencia en librerías de Costa Rica, República Dominicana y Guatemala.

Cuando iniciamos la editorial pasábamos largas horas armando libros en casa, compaginando las páginas. Eran más de 15,000 libros. Todo parecía tan imposible y era tan difícil, que con frecuencia nos preguntábamos si estábamos en el camino correcto. Aún así, trascurría mis días pensando en la bondad de Dios, sumergido en su amor. Era como vivir en otro planeta.

Un día recibimos una donación, de una tía, hebrea. “No compro tus libros”, me dijo, “porque no soy Católica. Sin embargo, como tu tía, quiero apoyar ese proyecto tan bonito que llevas adelante”.

“Es curioso”, le comenté a mi esposa, “somos una editorial Católica y la primera donación proviene de un hebreo”.

La segunda donación vino de un amigo evangélico. Supo de la editorial.
“¿En verdad haces todo esto?”, preguntó sorprendido.
“Ni yo mismo se cómo lo hago”, le respondí bromeando.
Entonces extendió su mano, metió unos billetes en el bolsillo de mi camisa y me dijo:
“Ésta es mi ofrenda para tu editorial, por el trabajo que realizas”.

Una vez me preguntaron:
— ¿Quién es el dueño de la editorial?
— Es Jesús —respondí emocionado—. Yo sólo la administro.

Y es verdad. Nunca dejo de sorprenderme. El buen Jesús se ha encargado de ayudarnos a vencer las dificultades. Y lo hace con pequeños “milagros cotidianos”, gestos de ternura infinita.
Proveyendo, cada vez que algo falta.

Hay una fuerza que nos impulsa a seguir.

Un ardor en nuestro corazón.

Un anhelo de eternidad.

Hace poco ocurrió lo inimaginable. Un gesto maravilloso de Dios.

Pensaba que ya no daba más, de tanto escribir, diagramar, compaginar, engrapar los libros, diseñar las portadas. Y en un momento de agotamiento, viendo mi inutilidad, le dije a Dios:
“Te dejo la editorial. Es tuya”.

¿Sabes que fue lo primero que hizo?
Se consiguió una diseñadora grafica. Y de la forma más inesperada.

Hace quince días recibí un e-mail desde Chile.
“Don Claudio”, me decían, “me llamo Susana R. Compré un libro suyo en la librería Paulina y me encantó. ¿Sabe? Siento que Dios me pide ayudarlo en su apostolado. Me dedico a diseñar portadas para diferentes editoriales. Y si usted me lo permite le voy a rediseñar todas sus portadas sin cobrarle un centavo”.

Quedé impresionado.

Llevamos estos quince días, trabajando día y noche. Ella diseñando, yo enviándole la información que necesita. Ahora, estamos por sacar una nueva y mejorada colección de libros.
Se habla mucho del silencio de Dios, yo prefiero hablar de la confianza. Confiar a pesar de todo, contra todo, sabiendo que Dios, en su momento, se hará sentir. Siempre lo hace.

Suelo pensar:
“Mira lo que se ha logrado con mi poca fe. Cómo será cuando crezca mi fe y confíe en verdad. Cuando tenga la certeza de Dios y no dude por las dificultades”.

Estoy convencido que todo se lo debemos al Padre. Y por pura gracia, con tus oraciones, podremos continuar en este apostolado, llevando esperanza.


Para más información visita

www.edicionesanab.trimilenio.net





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