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CUANDO DIOS TE PIDE ALGO

CUANDO DIOS TE PIDE ALGO
Siempre, cada año, en vísperas del mismo, me hago propósitos que pocas veces cumplo.






El domingo es mi cumpleaños.

Siempre, cada año, en vísperas del mismo, me hago propósitos que pocas veces cumplo.

Procuro, pero no es fácil. Me gustaría ser mejor, amar más, orar más, vivir en la presencia del Padre. Ser más paciente, alegre, justo.

Cuando publico mis libros me doy cuenta que Dios suele usar lo poco para hacer lo mucho.

Nos usa a nosotros todos para llevar consuelo.
A veces pienso, que si me conociera mejor, buscaría a otro. En esos días siento cómo, en mi interior, me responde: “Porque te amo, te busco”.

Él es diferente a nosotros, no necesita conocernos, le basta amarnos. Lo mueve su amor. Su ilusión por nosotros.

Este año ha sido diferente a los demás. Este año no tuve tiempo de pensar en aquél voto que cumpliría a medias. Dios se me adelantó.

Suelo bromear diciendo que “a Dios no se le escapa nada ni nadie”.

Donde quiera que iba escuchaba lo mismo: “Confianza”.

Lo escuché el domingo en Misa cuando el padre habló de Abraham. Lo oí ayer todo el día por ser del Sagrado Corazón. ¿Recuerdas? “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”.

Es como si a cada paso Dios me dijera: “Confía Claudio”.

Este año ha de ser el año de la confianza.
No sé cómo lo haré.

Suelo vivir con un pie en la tierra y otro en el cielo. No me atrevo a soltar el que tengo aferrado a la tierra. Es como un seguro, un signo de que yo puedo por mis propios medios y tal vez, un gesto de desconfianza.

Si confiara de verdad, cuánto habría podido lograr.

Cuántas personas habría ayudado y no lo hago.

Este año Dios nos pide confiar, a pesar de todo, contra todo.

Y por si me quedaban dudas, leí el lunes el Diario de Sor Faustina, lo abrí y esto fue lo que apareció ante mis ojos:

"Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella. Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en mi bondad".

Creo a ti también te lo está pidiendo: “Confía”.

Me pasaré un tiempo pidiéndole que me enseñe a confiar, como una madre que enseña a su pequeño a dar los primeros pasos.

Así quiero que Dios me enseñe, sabiendo que estará allí por si caigo, para levantarme y abrazarme.

“Señor, te quiero, enséñame a confiar, plenamente, ciegamente… en ti”.





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