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Entrevista a Mons. Reig sobre la anunciada reforma de la ley del aborto
Es necesario desterrar posturas hipócritas que no afrontan directamente el tema de la defensa de la vida. Entre la vida y la muerte no hay situación intermedia


Por: Juan Antonio Reig Pla | Fuente: Alfa Omega



¿Cómo valora lo que ya se sabe de la reforma y su retraso?

No conocemos el anteproyecto, por lo que no es posible hacer una valoración. En todo caso, un solo niño al que se le quite la vida es demasiado; no podemos darnos por satisfechos porque haya menos muertos o menos esclavos: la vida y la libertad son derechos inalienables. El aborto, enseña el Concilio Vaticano II, es un crimen abominable (GS, 51). El partido que sostiene al actual gobierno de la Nación dispone de mayoría absoluta en el Parlamento; por tanto, tiene la oportunidad histórica de colocar a España a la cabeza de Europa en la defensa de la vida. El retraso de la propuesta de ley está creando una gran incertidumbre entre los católicos.

¿Qué papel jugarán la Iglesia y los fieles laicos, durante la tramitación de la ley y tras su aprobación?

La Iglesia, a través de sus Pastores, debe mantener encendida la llama de la libertad respecto de todos los partidos políticos y anunciar de modo integral, con caridad y misericordia, el Evangelio de Cristo, aun cuando esté en contraste con el mundo o vaya a contracorriente, defendiendo el tesoro del cual es solamente guardiana. Los laicos católicos, como le gusta decir al Papa Francisco, no pueden dedicarse a “balconear”, no pueden ser simples espectadores: los católicos deben situarse a la cabeza de los movimientos de renovación y procurar con el testimonio y asociadamente que cambien todas las leyes inicuas como las que permiten el aborto e incluso lo afirman como derecho, o como las leyes que suponen la muerte legal del matrimonio. Sea cual sea esa “reforma” de la ley, el trabajo de los católicos irá encaminado a procurar la ayuda a las madres para que no aborten y a acogerlas en cualquiera de sus situaciones.

¿Puede un católico apoyar una ley que dé pasos positivos pero tenga importantes limitaciones?

La respuesta la dio el Beato Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium vitae, n. 73: «Un problema concreto de conciencia podría darse en los casos en que un voto parlamentario resultase determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, dirigida a restringir el número de abortos autorizados, como alternativa a otra ley más permisiva ya en vigor o en fase de votación. […] En el caso expuesto, cuando no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos».

¿Qué criterios deben seguir las entidades provida, con sus distintas estrategias, para considerar que realmente defienden la vida? ¿Cómo preservar la unidad?

La unidad es un don de Dios; hay que orar permanentemente para que nos la regale. Los contenidos de la fe y de la moral católicas se pueden encontrar en el Catecismo y demás documentos de la Iglesia: esto es irrenunciable. Las estrategias, que pueden ser diversas, no pueden estar en contradicción con la verdad que enseña el Magisterio. Sean cuales sean los intereses en juego, ningún fiel cristiano (ya sea laico, religioso, sacerdote u obispo) puede colaborar con el mal, ni puede dar por buenas leyes inicuas; tampoco puede guardar un calculado silencio o mostrar su desaprobación con un deliberado perfil bajo para no molestar demasiado: si así lo hacemos Dios nos lo demandará.

¿Cree posible una sociedad que acepte, o pida, el fin de aborto?

Es necesario desterrar posturas hipócritas que no afrontan directamente el tema de la defensa de la vida. Entre la vida y la muerte no hay situación intermedia. Gracias a Dios, la sociedad, respecto al tema de la vida humana, ha ido madurando en los últimos años. El ejemplo de lo que está ocurriendo con la guerra de Siria (los esfuerzos por la paz) es muy elocuente. En lo que atañe al aborto, quienes lo defienden se han quedado sin argumentos. Como ocurre en otros campos, la biología y la genética han arrojado la luz que faltaba sobre el inicio de la vida humana. Lo único que queda es cambiar los corazones. Cuando se invoca el derecho a decidir de la mujer, hay que recordar que en ningún caso existe el derecho a matar a un inocente. Lo que queda por ganar tiene que ser fruto de la gracia de la conversión, del testimonio y de la nueva evangelización.
 





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