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Un Cristianismo sin caridad es vacio y absurdo

Un Cristianismo sin caridad es vacio y absurdo
La caridad, es una llamada general y una necesaria práctica para vivir como cristiano pleno y auténtico


Por: Padre Marcelo Rivas Sánchez | Fuente: Catholic.net



Todos nos alarmamos por la situación de pobreza en que a diario descubrimos a miles y miles de hombres y mujeres que son aplastados por el hambre, la desnudez y la mala situación. En este Tercer Domingo de Adviento se nos hace un llamado a la caridad donde ninguno puede escurrir el bulto gritando la culpa a otros. Se nos presenta un Dios que nos invita a alegrarnos de todo corazón, pues quita los enemigos siendo el guerrero que salva porque nos ama. (Sofonías 3,14). Es un amor alegre que acompaña y anima. No podemos evitar que su llamado sea para que demos con alegría porque el nos ama. (2 Corintios 9,7)

Comportarse con amor frente a los demás es darle gloria al santo de Israel (Isaías 12,2). Todos, sin excepción, confiamos en el Señor porque es fuerza y poder. Cabe aquí señalar que la misericordia que recibimos de Dios es la misma piedad que debemos usar para con los demás. La distinción del buen cristiano es la clemencia en el amor al prójimo. Un prójimo que me señala que no podemos estar aislados y mucho menos cerrados a tender la mano a ese que mañana será testigo de mi juicio delante de Dios.

Una persona caritativa y compasiva siempre, pero siempre, estará alegre (Filipenses 4,4-7). Es una alegría que se mide en el termómetro del amor y lo debe conocer el mundo, pues el Señor está cerca. Aquí cercanía es un Dios que se hace humanidad para que lo podamos conocer e incluso tocar en esa llaga, en esas lágrimas, en ese cuerpo desnutrido y en esa madre abandonada que llora desconsolada la traición del braguetero y mentiroso llamado hombre progresista. Al tener compasión estoy dando honra a Dios y a la vez puedo elevar, con decisión de hijo, esa plegaria confiada que da y luego pide.

Jesús lo había comprendido y allá en el desierto “de las testaciones” dijo no a las proposiciones del maligno. Estamos en el tiempo del hacer, no se permite, de ninguna manera, mirar el cielo tratando de descifrar lo que quiere Dios o leer entre líneas lo que supuestamente manda para que nos aumente lo que damos. Esa frase tan concluyente. “El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres” No había otra forma de mirar la obra de Dios, la cual se centraba en la defensa de los pobres sin despreciar a los demás, pero si, dándole a los que sufren un trato especialísimo. Aquella comunidad le preguntan a Juan ¿Qué hacer? En Lucas 3, 10-18) para que responda que la caridad es el único camino para conectarnos con Dios. Una verdad en concreto: "El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo." (11) Es una vida que no se queda en un simple golpe de pecho o una oración medio aprendida y repetida. Es un estilo de cristianismo fuera de serie pues está viendo a los otros como hermanos y no como simples necesitados a los cuales hay que llenar por miedo a las represalias divinas. La caridad, por tanto, es una llamada general y una necesaria práctica para vivir como cristiano pleno y auténtico.

De eso bebió y se alimentó la santa Madre Teresa de Calcuta (19-10-2003) Jornada Mundial de las Misiones. Por eso no sintió asco o desprecio por aquellos enfermos terminales inundados por gusanos y desfigurados por el hambre. Juan el Bautista lo había reconocido en Jesús y por eso dice que no soy digno de desatar las correas de sus sandalias (16). Jesús es enteramente Dios y hombre, pero en su vida había metido ese amor especialísimo por los pobres como una forma nueva de dar a conocer ese amor de Dios que se hace pan, compañía, solidaridad, abrazo, paz…

Amando a los hermanos, amamos indiscutiblemente a Dios.

Dios nos amó en el extremo donando a su Hijo para nuestra salvación.

Nosotros amamos a Dios no negando que el otro es mi hermano.

La caridad es la cara nueva del cristiano abierto al llamado de Dios solidario.

Un cristiano convencido honra a Dios y lo hace realidad en el amor al prójimo.







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