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Todos a ser luz y sal

Todos a ser luz y sal
Todos, de alguna manera, estamos llamados a ser luz en nuestra propia casa, pues se corre el riesgo "muy peligroso" de ser luz en la calle y oscuridad en la casa


Por: Padre Marcelo Rivas Sánchez |



Es muy bello contemplar a nuestras salinas de Araya, (La península de Araya se encuentra en el estado Sucre, al norte de Cumaná. Para llegar se puede ir por tierra o por mar. Si se va por tierra, para llegar frente a Cumaná se requieren más de 3 horas de carretera; en cambio por mar se puede llegar en aproximadamente 30 minutos en una lancha rápida) tierra blanca, calurosa y bañada por la brisa y el mar, donde su gente y su ambiente son espléndidos que brindan cobijo y amistad a los que la visitan. Es también regocijante contemplar en Guacarapo con sus playas bañadas por la luz de una inmensa luna donde refleja el sentir y el amor de sus pobladores. (Durante este trayecto, se pueden observar las famosas salinas de Araya, con un característico color púrpura que cambia constantemente, ya que depende del ángulo del sol y de la profundidad del agua. En efecto, para producir la sal, se inunda la laguna con agua de mar y se deja evaporar, hasta que se pueda recoger la sal)

Es propicia la ocasión con la mirada puesta en Araya y Guacarapo, (Población que se encuentra al oeste de la capital del Edo. Sucre, Cumana; este hermoso pueblo esta a 100km de esta por tierra siguiendo un camino muy colorido por la orilla de la playa. Ubicado en la Península de Paria desde Cumana se bordea el famoso Golfo de Cariaco, uno de los más profundos del mundo para unirnos a Su Santidad Juan Pablo II quien exhorta a los cristianos, es decir, a cada uno de nosotros, a ser "Sal y Luz" en la vida cotidiana.

Todos, de alguna manera, estamos llamados a ser luz en nuestra propia casa, pues se corre el riesgo "muy peligroso" de ser luz en la calle y oscuridad en la casa. O ser amargura en el en el seno de la familia y sal, sabor en la afueras. El papa nos dice que hay que aprovechar y es el momento de compartir las experiencias hechas con las familias, los amigos, los grupos, las comunidades y asociaciones, llevando a la vida de cada día serenidad y alegría. Particularmente he constatado que somos muchos los que reímos por fuera y abrazamos a otros, que no es nada malo, pero se convierte en distracción cuando dejamos a un lado nuestro compromiso familiar.

Todos, de alguna manera, tenemos que hacer un stop en nuestro caminar para señalar la necesidad de ser Sal y Luz especialmente con los jóvenes que necesitan, hoy más que nunca, nuestro calor afectivo y nuestro abrazo sincero para retomar y aceptar una vida sana en la familia. Tendremos que volver a esas reuniones familiares donde los temas son tratados en diálogo y amistad y así ir poniendo en común diferentes puntos de vista. Siempre suelo preguntar en las misas: ¿Cuándo fue la última vez que abrazamos o besamos a nuestros hijos? La pregunta va directamente para los padres de familia que tienen hijos en la adolescencia.

Es muy común observar a familias quebradas por el cansancio de lo cotidiano, por ejemplo, "es que él es así y jamás cambiará" "aquí nadie saluda, se ha hecho una costumbre". "Papá está muy ocupado y nunca tiene tiempo para nosotros". Son situaciones que a diario las observamos y lo que es peor, las vamos transmitiendo de generación en generación.

El Papa insiste "en que en esa cotidianidad que Dios nos llama a conseguir aquella madurez de la vida espiritual, que consiste precisamente en el vivir en modo extraordinario las cosas cotidianas". No podemos, por ningún motivo, dejarnos arrebatar lo hermoso de alumbrar y dar sabor a los que participan del amor tan hermoso de la familia. He llegado a hogares "bien conformados" que toda la semana están ausentes del calor de un buen padre y cuando llega el domingo es toda una sola desolación. El Padre que debía ser "luz y sal" se desvive por los caballos en la suerte del remate, en las patas de un gallo, en la mesa del dominó o en la bebida que agranda y engorda los problemas.

Necesitamos hombres y mujeres concientes de este llamado. Hacen falta personas que vivan con alegría la armonía del hogar para levantar el ánimo y poder hacer el camino de la vida con la bendición de Dios en el manto de la Virgen Santísima. Quizás seamos muchos los que no alumbramos y no damos sabor, pero hace falta que nos dispongamos a hacerlo, de lo contrario, nos quedaremos llorando como débiles lo que no supimos resolver o tratar con decisión de corazón y de verdad.

El Papa Juan Pablo II anciano y enfermo nos señala una gran verdad. Es una verdad que debemos imitar para poder mirar al futuro con ánimo de los que quieren estar cada día más unidos a Dios y así poder estar en contacto alegre y generoso con todos. Porque una persona que no tenga unas buenas relaciones de familia no las tendrá jamás ³sinceramente² con nadie. Habrá que recordar que de la abundancia del corazón habla la boca y de lo que tengamos por dentro eso seremos para con los demás.

Supliquemos a la Virgen Santísima del Valle que nos inspire, enseñe y ayude a hacer de nuestra existencia un humilde y gozoso canto de alabanza a Dios, ante cuyos ojos un acto de amor vale más que cualquier empresa grandiosa.





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