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Estamos en Guerra y como si nada
“Lo triste de la guerra no es la muerte, sino el camino que abres para que camine sola”


Por: Padre Marcelo Rivas Sánchez | Fuente: Catholic.net



Basta con abrir las páginas de los diarios o ver los noticiares para confirmar que entre nosotros hay una guerra que es una señora guerra porque se realiza a toda hora y todos los días. Mamá maldice porque papá no llega a tiempo o tiene otra a la vuelta de la esquina; Papá grita porque las pantuflas no están en su puesto sabiendo que ayer se le rompieron de tanto arrastrarlas penosamente porque no acepta la jubilación; mi hermana murmura en voz alta porque el novio no se acordó de su cumpleaños; mi hermano insulta y mienta la madre porque no encuentra el pantalón de bota ancha y mi hermanito hace berrinche porque la señal de la televisión saltó de satélite… Así es en las casas y, uno se pregunta ¿Cómo será en las calles?

Vivimos en guerra y para nadie es un secreto, y lo que es peor, a nadie le da escalofrío esta verdad. Es tan natural saber que estamos en guerra. Ya los países desarrollados lo tienen como parte de su programación y uno se interroga ¿Hasta cuando será suficiente tanto dolor, hasta cuando…? Somos testigos de un escenario real de guerra donde en los primeros planos están los números de muertos, heridos y las atroces tragedias que surcan el universo. Es toda una tecnología que dirige sus antenas a la caza de estas noticias de muerte y dolor. Pero lo que más me aterra es la indiferencia, como meros espectadores, a la cual nos colocamos. La guerra en Irak, la lucha del narcotráfico en Colombia, la muerte de niños en Brasil, los 172 muertos en seis días de fiesta en el diciembre venezolano…

Esta indiferencia está rallando en la naturalidad de un acostumbrarse a verlo y callar. Actitud inhumana que nos permite observar como a una película donde no es ciencia ficción o engaño de cámaras, sino realidades: vidas muriendo, grupos de personas padeciendo el error del secuestro, armamentos a montones, palabras que alientan a la venganza, cargamentos de droga nadando plácidamente en nuestras costas… Esto nos arrincona en esa vieja poltrona de una indiferencia terrible, sin poder aún despertar de esa pesadez que nos impidiera descubrir la realidad.

¿Qué hacer?

1. Volver a la familia. En estos momentos la familia vive desintegrada, llena de peleas donde todos se enfrentan y discuten. La familia es la célula fundamental para que el Beato Juan XXIII la llamara “La Iglesia doméstica” y Juan Pablo II “El Santuario de la vida” Es en la familia donde se siembran las bases de una sana y excelente personalidad y la vida honesta obtiene su espacio específico y natural. Es allí donde las actitudes positivas de solidaridad, colaboración, respeto, comprensión, entusiasmo. Es el lugar donde se aprende a ser feliz y punto.

2. Educarnos para ver la televisión: educarnos para comprender que es un medio masivo de comunicación importante donde se pasan muchas horas y necesita ponerle límites a los horarios y programación. Hay que enseñarles a los hijos a seleccionar con criterio recto los programas. A no dejarles caer en las garras de las ventas donde todo es permitido y en el amarillismo necesitado de sangre para impactar y mantener. Además, saber que muchos contenidos son nocivos: traición, infidelidad, sexo desordenado, homosexualidad, poligamia, pornografía, incesto, violación, homicidios, suicidios… Hace falta que la veamos en familia y haciendo comentarios al final e invitando a los productores a crear programas educativos, sanos y divertidos.

3. Educar la diversión: ya no son los parques o los paseos en familias, son los videos juegos los que mandan y controlan a nuestros hijos. Estos tan de moda hoy tienen temas explosivos que atan y esclavizan: guerra, muerte, explotación, venganza, peleas a todo color y a full sonido que entretiene y hace ver como natural todo un ambiente peligroso. Estamos hablando hasta de seis horas frente a las pantallas de estos juegos que entregan violencia virtual. Estos niños no buscan al Corazón de Jesús o a san Martín de Porres, sino a Playstation, Game Cube, Sega… Por tanto se necesita educar en los límites y selección de contenido. Volviendo a los encuentros de relajamiento y tranquilidad de un domingo de paseo familiar donde la pelota y el guante hacen que la familia sea el mejor equipo.

4. La educación: se ha creado una corriente muy liberal donde al niño se le debe dejar hacer y así encuentro su ser. Es un disco gastado donde el bendito “trauma” dañará a los niños. Eso no es verdad, porque los niños y los jóvenes tienen que ser formados en la responsabilidad siempre. NO podemos dejarlos a la deriva donde el viento del modernismo los mueva a su antojo. Los primeros maestros, los padres, y en la escuela deben seguir en la educación a la libertad sin egoísmos para obtener seres pensantes, seres llenos de amor y dignas personas dedicados al trabajo y al progreso.

Señor, colocamos en tus manos nuestro amor por la paz.

No permitas que nada, ni nadie nos haga enfrentar.

Dios, jamás se esconde, somos nosotros los que jugamos al gato y al ratón. Dejemos que Dios nos encuentre y todo estará resuelto.
Desde hoy y para siempre Dios nos bendice, porque en el amor está la presencia total de Dios en cada uno de nosotros.

Comentarios al autor:diosbendice1@cantv.net

 





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