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Siena y Asís: dos santos contestatarios
Siena y Asís: dos santos contestatarios

Dos vidas que reciben el soplo del Espíritu y que lo someten a la aprobación del Vicario de Cristo en la tierra


Por: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net



Caminaba perdido entre las medievales calles de Siena. Los muros altos de las casas, enmohecidos por el tiempo y la historia, hacían difícil moverse entre la gente. No podía ver más allá de unos cuantos pasos. De pronto una bocanada de luz apareció a lo lejos y guiado por unas ansias de sol llegué hasta una plaza, la "piazza dei fiori". ¡Por fin podía respirar y ver el azul del cielo primaveral!

¿Cuántas veces, pensé, los habitantes de Siena debieron recorrer esta plaza comentando las cartas de Catalina al Papa? ¿Pedirle al Papa que regresara a Roma, que dejara Avignon, considerada la "Babilonia" de aquellos tiempos? ¿Suplicarle que no pusiera en entredicho a la ciudad de Florencia? Y es que Catalina tendría que haber dado mucho que hablar... La niña precoz, la de personalidad compleja y de acción fogosa como la retratan sus biógrafos se daba a la de tarea de pedir al Santo Padre que regresara a Roma, para gobernar a la Iglesia desde esa ciudad. ¿Puede pensarse en Catalina de Siena como una santa contestataria, como una rebelde de la Iglesia por no estar de acuerdo con la postura del Papa de no querer dejar Avignon, cuando ella misma le dirige sus cartas con la candorosa expresión del "Dulce representante de Cristo en la tierra?" ¿Cuándo lo único que hace es suplicar en nombre de Cristo y rogarle al Santo Padre que vuelva a Roma?

¿Y qué podemos pensar de Francisco de Asís que considera a la Iglesia y al Papa como fuente de disciplina y de doctrina, centro de toda la vida de religiosa? El "poverello", como cariñosamente le llaman sus coetáneos nunca levanta la voz frente al Papa. Humilde espera la aprobación de su regla y es precisamente Inocencio III quien en 1210 da derecho de ciudadanía al ideal de la pobreza evangélica sostenido precisamente por Francisco de Asís en un momento en que la Iglesia estaba un cuanto alejada de esta forma de vida. Su dulce habitar en la Porciúncula "desposándose con la dama pobreza" es ejemplo que siguen muchos y nunca una contestación a la Iglesia, si bien es fuente de reflexión para muchos. Un joven "moderno" que deja casa, padre, madre, riquezas y se lanza a la aventura de lo desconocido con el único ideal de querer vivir una vida distinta, como muchos jóvenes de nuestra época, pero que nunca se opone al Papa. Su estilo de vida no es una afrenta ni una contestación a la Iglesia sino un impulso del Espíritu que siempre somete a la aprobación del Papa.

Siena y Asís, una mujer y un hombre, dos ciudades, dos vidas que reciben el soplo del Espíritu, y que lo someten a la aprobación del Vicario de Cristo en la tierra. Dos obediencias y un corazón idéntico en el servicio de la Iglesia.

Hay muchos que quieren ver hoy en día la bandera de la contestación en Francisco o en Catalina simplemente porque ven sus ideales de vida como opuestos a la Iglesia y al Papa. Pero tanto Inocencio III para Francisco, como Urbano V y Gregorio XI para Catalina son los representantes de Cristo en la tierra y a él someten esos ideales. Habría que ahondar un poco más y no juzgar por lo que otros dicen acerca de estos dos santos. Convendría leer la maravillosa biografía espiritual de Francisco de Asís, escrita por Nikos Kazantzakis "El pobre de Asís" o la novela histórica de Catalina de Siena de Louis de Wohl para adentrarnos en su corazón y entender que son santos no porque van en contra de las posturas del Papa, sino precisamente porque someten al Papa sus ideales de vida.

Decía el cardenal Suenens que hay muchos que quisieran imitar la pobreza de Francisco de Asís, pero muy pocos quieren imitarlo en su espíritu. Habría, sí que imitar su pobreza, pero sin olvidar el espíritu. Los andrajos y las posturas rebeldes no hacen al santo, sino la docilidad del espíritu.

¿Se sataniza hoy en día a quiénes no están de acuerdo con algunas posturas del Papa? La Iglesia no sataniza a nadie. Como guardiana de la fe católica su labor es la de ser "Madre y Maestra", como ha dicho Juan XXIII en su encíclica precisamente titulada "Mater et Magistra". Como maestra enseña, guía y corrige a quien está en el error. Como madre sabe acoger a todos los que quieran acogerse a Ella.

 

Imagen: Palacio de los Papas en Avignon

 

 



 





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