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Conoce a un caballero con dulzura y amabilidad
La inmensa dulzura, bondad, caridad y servicio de San Francisco de Sales.


Por: Pedro García, misionero claretiano |



Todos sabemos muy bien que hablar de Francisco de Sales, al que hoy nos toca presentar, es hablar del Santo más bueno que tenemos en el calendario. San Francisco de Sales pasa por el Santo caballero, todo dulzura, todo amabilidad. Un Obispo que atrajo hacia la Iglesia a innumerables almas que se habían descarriado, y las atrajo no precisamente por su doctrina, que era mucha, pues es Doctor de la Iglesia sino por aquella bondad que subyugaba a todos.

Su vida y su trato fueron la estampa de aquel su dicho famoso, tantas veces repetido:

- Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre.

Y la otra frase, ya universal dentro de la Iglesia:

- Un santo triste es un triste santo.



Por otra parte, era un tipo elegantísimo. Su gran confidente y dirigida, Santa Francisca Fremiot de Chantal, dirá de él:

- Me parece que nuestro Padre Francisco era la imagen viva en que estaba pintado el Hijo de Dios y Señor nuestro Jesucristo.

Y decía él de sí mismo:

- Siempre tiendo a la condescendencia. Encuentro la palabra NO tan ruda para los otros, que no me atrevo a pronunciarla cuando se me pide algo. Jamás contradigo a nadie.

Nacido en Saboya, de la actual Suiza, su vida de cincuenta y seis años acabará en 1622, en plenas guerras religiosas surgidas del protestantismo ginebrino. Hijo de una familia noble, recibe una educación esmeradísima. Su mamá lo forma desde pequeñito en el amor del Señor. Mientras la mamá le arregla sus rubios cabellos, el niño llora porque le duele al enredarse el peine. Y la mamá:



- Piensa, hijito mío, en la corona de espinas de Nuestro Señor.

El niño calla, y ya no se queja más. Así va a ser su vida. La de un Santo que no hará grandes penitencias, pero que se impondrá pequeños sacrificios como el de no quejarse nunca por tonterías como la del pelo...

Estudiante en varias universidades de Francia e Italia, es ordenado sacerdote y muy pronto Obispo de Ginebra, cuna del protestantismo calvinista. La reconquista de tantos apóstatas de la fe le va a costar sacrificios enormes, pero su bondad se va a imponer a todo y serán muchas las decenas de miles los que vuelvan al seno de la Iglesia Católica.

Ante la propaganda fatal que le hacen, muchos no se atreven a ir a la iglesia para escucharle. Y Francisco, siempre sin enojarse:

- Bueno, ya lo haremos de otra manera. Si no me quieren escuchar, me van a leer.

Se da entonces a escribir todo en unas hojitas que serán modelo de estilo periodista, aunque entonces no existían los periódicos. Con sus ayudantes, las va dejando en las puertas de las casas, y todos las leen con avidez.

En vez de legislar muchas cosas como Obispo, prefiere formar a las personas, y se dedica a la dirección espiritual de las almas.

Con su libro Introducción a la vida Devota mete en la Iglesia una verdadera revolución. Después de tres siglos, es todavía un libro que se lee con fruición. ¡Tan sencillo, tan fácil, tan encantador! Su lema es nítido:
- Quiero una piedad dulce, suave, agradable, apacible; en una palabra, una piedad franca y que se haga amar de Dios primeramente y después de los hombres.

Son también palabras suyas:

- ¿No es una herejía querer desterrar la vida piadosa de la compañía de los soldados, del taller de los obreros, del palacio de los príncipes y del hogar de los casados?...

De este modo, Francisco de Sales es el gran precursor de la espiritualidad moderna de los se-glares, y su influencia ha sido inmensa en el mundo de las almas.

Cuando la joven y noble señora Francisca Fremiot de Chantal queda viuda porque le han matado el marido, Francisco de Sales se hace cargo de aquella alma privilegiada, a la que dirige hasta las mayores alturas de la santidad y con la que funda las Religiosas de la Visitación.

Era tal la fama de santo y sabio que le rodeaba, que un día el Rey de Francia le ofrece pedir para él al Papa un Obispado de mucho relumbrón, a lo que contesta Francisco de Sales:

- Majestad, no puedo aceptar porque estoy casado. Me he desposado con una pobre mujer y no puedo dejarla por otra más rica.

De este modo, no quiso cambiar su diócesis, tan pobre y tan trabajada por los herejes protestantes, a cambio de otra diócesis extensa y de católicos practicantes.

El mejor comentario de su vida lo hizo San Vicente de Paúl, otro Santo que lo conoció bien:

- Si Francisco de Sales es tan bueno, ¡qué no será Dios!...

Cuando se sintió morir, se despidió de su gran dirigida Santa Francisca Fremiot:

- ¡Adiós, hija mía! Te dejo mi espíritu y mi corazón.

No se lo dejaba sólo a la gran Santa. Nos lo ha dejado a todos nosotros, que, después de casi cuatro siglos, aún seguimos viviendo de sus ejemplos maravillosos y de sus enseñanzas inmortales....Introducción a la vida devota (San Francisco de Sales)





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