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¿Un aborto pequeñito?
La cuestión fundamental del debate se centra en que la píldora impide la anidación del óvulo fecundado y, en ese caso, resulta claro que se trata de darle muerte a un nuevo ser


Por: Esteban Zamora | Fuente: www.es.catholica.net




Como era de esperarse, se encendió la polémica inmediatamente después de que las autoridades
mexicanas de salud autorizaron la llamada píldora de la anticoncepción de emergencia. Por su propia naturaleza, era previsible que el tema provocara
discusiones y así tiene que haberlo advertido la
autoridad desde antes de dar ese paso.

El tema central del debate es determinar si la píldora es abortiva y los funcionarios que la promueven han afirmado "apoyados en su autoridad académica y política" que no lo es. Pero al mismo tiempo las propias autoridades han descrito la triple función del fármaco: evitar la liberación de óvulos, impedir la fecundación y evitar la anidación del óvulo fecundado.

La cuestión fundamental del debate se centra en que la píldora impide la anidación del óvulo fecundado y, en ese caso, resulta claro que se trata de darle muerte a un nuevo ser, distinto a los padres que le dieron vida, que ya se había empezado a formar. Estaríamos, pues, frente a un homicidio intencional con todas las agravantes y para hacer frente a esta evidencia han surgido intentos (véase EXCELSIOR, 27 de enero de 2004) de afirmar que el recién concebido no puede ser
considerado como un ser humano. Una supuesta "académica" de la UNAM declaró en esa ocasión que un óvulo fecundado no puede ser considerado como un ser vivo, aunque admitió que sí tiene "vida vegetativa".

La "razón" para negar la humanidad del recién concebido, según la defensora de la píldora, es que antes de las doce semanas "no ha desarrollado
estructuras neurológicas y psicomotoras que le
permitan tener sensibilidad".

Pero, ¿el que un ser humano no tenga sensibilidad es motivo suficiente para poderlo matar impunemente?

Insistimos en subrayar que el recién concebido es un ser humano porque aunque la investigadora de la UNAM intente atribuirle vida vegetativa, es evidente que la vida que se empieza a formar en el seno de una mujer no es la vida de una palmera, de un helecho o de una verdolaga, por ejemplo. Por otra parte, esa vida tiene ya su propia individualidad, su propio código genético
que va normando, desde ese momento, el desarrollo del nuevo ser.

Resulta contradictorio que mientras al concebido de le respeten sus derechos patrimoniales "conceptus pro natus habetur, (al concebido se le tiene por nacido) reza la expresión clásica que aún tiene vigencia en
nuestra legislación civil" se le pretenda negar su
derecho fundamental, que es el derecho a la vida,
inicio y sostén de todos los demás derechos.

Además de esa referencia a la tutela de los derechos de los no nacidos, conviene recordar que en materia laboral el artículo 123 constitucional tutela los derechos de los no nacidos al prohibir que a las mujeres embarazadas se les asignen trabajos que impliquen un esfuerzo extraordinario.

Si seguimos buscando en nuestro derecho positivo,
seguramente encontraremos más disposiciones que
protegen la existencia del no nacido dentro de las
cuales está, desde luego, la de la propia Constitución que, como lo ha señalado la Suprema Corte, protege la existencia de los seres humanos desde el momento de su concepción hasta el de su muerte natural.

Por otra parte, el nuevo Código Penal para el Distrito Federal conserva en su Artículo 144 la misma definición que para el aborto daba el Código anterior en su Artículo 329:

Aborto es la muerte del producto de la concepción en cualquier momento del embarazo.

A pesar de los esfuerzos de los aborteros, en nuestra legislación el aborto intencional sigue siendo delito y si la píldora del día siguiente provoca la muerte del producto de la concepción al impedir su anidación en el útero, así se trate de un ser que sólo tenga unas cuantas horas de haber sido concebido, se cae en las conductas señaladas como punibles por la legislación penal.

La vida que se extingue mediante esas maniobras
abortistas es, indiscutiblemente, una vida humana y aunque se trate de un ser humano muy pequeñito, el crimen de su aniquilación no deja de ser monstruoso.

El aborto es la muerte, dice el Código Penal, y darle muerte a un ser humano es un acto de gravedad extrema.

De esa dimensión es el problema que plantea el uso de la píldora del día siguiente.





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