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La defensa del aborto: el cementerio de la razón
Los defensores del aborto siguen sin aportar argumentos racionales. Todo su esfuerzo se centra en construir un imaginario en el que lo falso resulte cierto


Por: Josep Miró i Ardèvol | Fuente: http://www.forumlibertas.com



Cada día que transcurre en esta gran batalla cultural y antropológica por la vida, que ha tenido la virtud de desencadenar la “ley Gallardón”, se evidencia la incapacidad de los abortistas para mostrar argumentos basados en la razón. En realidad, lo que hay es una inversión de la misma, un propósito feroz de crear un imaginario donde lo falso de convierta en cierto. Y la mejor síntesis de ello son los relatos-síntesis. Las caricaturas como la de El Roto en El País, que muestra una serie de manos sobre una embarazada, como la de Kap en La Vanguardia, en la que aparece Gallardón maniobrando como un mecánico bajo una mujer, o el eslogan “fuera las manos de mis ovarios” y sus variantes. Porque todos estos estereotipos es realidad son de aplicación a quienes quieren fomentar el aborto. Porque es esta manipulación quirúrgica y traumática la que maniobra en los órganos de la mujer, la que mete mano en ella, y a la inversa, quienes defienden la vida están al mismo tiempo reivindicando la dignidad del cuerpo femenino.

Los defensores del aborto, que en nombre de la libertad de expresión asaltan parroquias, impiden la celebración de actos religiosos. Quienes están respondiendo con violencia son -no pueden ser de otra manera- los defensores de la muerte del ser humano como solución a algo.

Los argumentos sobre la pegas de la ley son otro reflejo de que la cuestión es criticar aun cuando en una segunda reflexión su crítica funcione contra ellos. Así, cuando El País, azote de providas, lucia en portada el titular “el aborto no tiene nada que ver con la enfermedad psicológica” estaba reconociendo que esta figura ha sido un coladero ilegal por donde transitó el aborto libre. Es más, pienso que este ejemplar de El País, el periodista, y psiquiatra concernidos, pueden ser testigos necesarios en la repetición del juicio por el caso Morín. O cuando se afirma que son necesarios muchos trámites para abortar, cuando la realidad es que por ejemplo es mucho más exigente la normativa alemana. Peor todavía, lo es más la legislación sobre la tala forestal en muchas CCAA que exigen más controles ante y post que el aborto. ¿Puede aceptar la sociedad española sin vergüenza ser más garantista con la vida de un árbol que con la de un ser humano engendrado?

El debate sobre la vida es también un debate por la razón y contra el oscurantismo. Por el progreso de quienes somos capaces de promover la vida contra la reacción de quienes encuentran soluciones con la muerte. De quienes sabemos que los hijos son la garantía de nuestro futuro contra los que lo queman en el altar de la pulsión del deseo de lo inmediato. De quienes queremos construir contra los que destruyen.





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