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María ¿Cuál es tu respuesta?
Dios respetó la decisión de María de ser virgen para siempre.


Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net





La primera persona que alabó a María fue Dios mismo. La trató con mucha finura. Veamos como lo hizo. Mandó un arcángel a dar el mensaje a María. No fue cualquier ángel, sino un arcángel. Hay sólo tres arcángeles: Miguel, Rafael y Gabriel. Además lo mandó a su casa. No hizo una cita con María en la sinagoga o en el Templo de Jerusalén, sino fue a la misma casa de María.

El arcángel la saludó de manera muy respetuosa: “Salve, llena de gracia” (Lc 1,28). Podemos imaginar con qué reverencia y fervor pronunció estas palabras. Desde su creación Gabriel estaba ensayándolas. A él le tocó dar el mensaje más importante y trascendental a la humanidad. Indudablemente Dios lo creó precisamente para que diese este mensaje a aquella que iba a ser la reina de todos los ángeles y santos en el Cielo. Gabriel sabía que estaba delante de la Reina del Cielo. Si así trató Dios a María, ¡con cuánta reverencia debemos nosotros alabarla!

Dios pudo haber encarnado a su Hijo dentro del seno de María sin pedirle permiso. Él era Dios y tenía todos los derechos y ella todos los deberes. Pero quiso conseguir el consentimiento libre de María. Dios quiere que tengamos la obediencia de hijos y no de empleados y mucho menos de esclavos. Debemos someternos a Dios, pero como hijos.

Cabe preguntarnos con qué espíritu cumplimos con los mandamientos de Dios. Tal vez lo hacemos con el mismo ánimo con que pagamos los impuestos o vamos al dentista. María no dio un sí forzado a Dios sino un sí libre y amoroso. María vivía por Dios y para Dios. Esta confianza de saberse suya, de abandonarse en Él, de estar bajo su cuidado la lleva a convertirse en su esclava, en su esposa, en la Madre de su Hijo, en corredentora, en una palabra, en la hija fiel que cumple la voluntad de su Padre.

Dios respetó la decisión de María de ser virgen para siempre.

Dios había inspirado a María desde una edad muy tierna hacer una promesa de virginidad. Le dio la gracia de la consagración total a Él por medio de la virginidad perpetua y no quiso exigirle renunciar a este don.

¿Por qué quiso Dios nacer de una virgen? La fe nos dice que Cristo es Hijo de Dios. Era conveniente que Cristo tuviese sólo un Padre, Dios. Indudablemente también se ve aquí cuánto aprecia Dios la virtud de la pureza y de la castidad. Dios ama la pureza y la castidad. De hecho Cristo también optó por este estado de vida.

“Hay en Belén un aura de delicadeza, de dignidad, de pudor que conmueve al corazón sensible. Allí se mueve una virgen joven y bella; no hay curiosos, Cristo nace virginalmente y naciendo así opta Él mismo por la virginidad y consagra una Iglesia virgen. ¡Como que la misma soledad del lugar y del momento es un signo precisamente de la excelsa pureza de los protagonistas de aquel acontecimiento!”

María acogió la Palabra de Dios con un gran Sí. “Dijo María: he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. María dio este sí a Dios y nunca se arrepintió de haberlo hecho. A veces nosotros somos como el semáforo en nuestra respuesta a Dios. No siempre le damos a Dios luz verde; con frecuencia le damos luz roja (le decimos que no) o somos ambiguos (le damos luz amarilla) y le decimos tal vez.

Dios nos habla de muchas maneras, pero especialmente a través de nuestra conciencia. ¿Qué nos dice nuestra conciencia? Tal vez la tengamos un poco dormida por no decir domesticada. Puede ser que nos estemos haciendo sordos a la voz de Dios. Él nos pide amar y nosotros preferimos odiar; Él nos pide mansedumbre y nosotros respondemos con violencia; Él nos pide decir siempre la verdad y nosotros nos permitimos decir mentiras; Él nos pide establecer la unión entre todos y nosotros nos dedicamos a sembrar la discordia.

La mejor manera de prepararnos para vivir la Navidad es imitar a María. También es el camino necesario que debemos recorrer para poder establecer la paz dentro de nosotros y en el mundo. El mundo nunca estará en paz, mientras no cumpla la voluntad de Dios.

María estuvo totalmente abierta a la voluntad de Dios, escuchando su voz, que es la voz de su conciencia.
Mantuvo un corazón puro donde pudo entrar el Purísimo. Era su pureza en un sentido amplio: no tuvo su corazón apegado a ninguna criatura.
Amó a Dios sobre todas las cosas. Amó a Dios más que a las cosas de Dios.

“Por encima de todo, conservad la paz del corazón, que es el mayor tesoro. Para conservarla, nada ayuda tanto como el renunciar a la propia voluntad y poner la voluntad del corazón divino en lugar de la nuestra” (Santa Margarita María Alacoque, (Santa Margarita María Alacoque, Antología de Textos, Ed. Palabra, España, p. 1088).

Oración: María, Tú eres la persona humana más perfecta que ha existido. Tú eres la reina de todos los ángeles y todos los santos en el Cielo. Ayúdame a imitarte en tus actitudes para que yo pueda recibir a tu Hijo esta Navidad como tú lo recibiste hace 2000 años, y ser así un instrumento de paz en el mundo.












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