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De qué te avergüenzas
De qué te avergüenzas

Las señales que nos identifican como cristianos


Por: José Fernando Juan | Fuente: mambre.wordpress.com






Ayer alguien me hacía una observación sobre los signos que llevamos encima puestos, que nos identifican y significan. Los curas, en principio, lo tenemos fácil. Aunque no todos lo ven claro. Y lo mismo sucede en las comunidades que acompañan. No hablo de nada complicado, ni de nada que no sepamos. Necesitamos significatividad no por nosotros, sino por el Evangelio. En ocasiones una cruz, un pin, una imagen en el despacho, un cuadro, una palabra o un libro, una pulsera, una aplicación en el móvil, un fondo de pantalla en el ordenador, un rosario en el estuche, un llavero que guarde la casa. Todo esto puede apuntar en una misma dirección. La gente, que entiende, sabe de qué va el asunto.

Me pedía que escribiera un post sobre las señales que nos identifican como cristianos. Lo decía con cierto interés y preocupación. También yo creo que es tiempo de mostrarnos como tales, porque las circunstancias lo requieren. No de callar, y esconderse, ni confundirse en la masa como algunos proponen. El silencio y la sencillez no quitan la significatividad. Y me pregunto por los cristianos que viven su fe a escondidas, con vergüenza, con mordaza. Incluso algunos curas y pastores a los que también nos cuesta dar la cara por la fe, y los comprendo más incluso de lo que a mí mismo me comprendo. No sólo de palabras, sino con las obras, dando testimonio de su presencia en este mundo sin ser de este mundo. A algunos cristianos, y también los comprendo porque también a veces sufro, muestran sus reticencias para anunciar el Evangelio, para hablar desde la fe, para dar a conocer incluso su camino, con dudas y con valentías.

Me pregunto, como la persona que me pedía el post, hasta qué punto estos signos nos ayudan, y me respondo que nos ayudan mucho. No son todo, ni agotan la fe o el testimonio, pero ayudan. Y mucho. Y más en los tiempos que corren. Quizá no cualquier signo, quizá no cualquier cosita puesta encima. Tampoco hay que ser excesivos y llamar la atención. Sino signos, de los pequeños para los pequeños, y de los claros para los mayores. Signos que nos hagan reconocernos unos a otros, signos que fortalezcan la comunión, signos que nos identifiquen y den pertenencia, signos que nos ayuden a soportar la debilidad y nos ayuden a reclamar auxilio los unos a los otros. Signos que no nos tapen, sino que nos muestren. Signos que nos revelen y cuenten, no que nos falseen. Signos que nos confieran dignidad, no que nos la roben. Signos que nos posicionen en el mundo detrás de Cristo, no de banderas, ni de escudos de otros tiempos, ni arraigados en las cosas de todos. Signos que nos protejan, custodien y ayuden.

Quizá no hay mejor signo que el de la comunidad, el de la Iglesia. El de la pertenencia a ella, de modo que no sea señalar a uno en la masa, sino reconocer a uno en mitad del mundo. Que puedan decir, como canta el salmo: ¡Mirad cómo se aman! Comunión, comunidad e iglesia que surge y se hace visible cuando Cristo está en el medio.



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