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Roma, Italia

Un santuario mariano dentro de San Pedro
La capilla gregoriana es uno de los lugares más sugestivos de la Basílica por la historia, el arte y el simbolismo mariano que en ella se desbordan


Por: Juan Armando Sotelo | Fuente: Catholic.net



Cuando Miguel Ángel proyectó la actual Basílica Vaticana quiso realizar dentro de ella una capilla grande y majestuosa como una iglesia: es la capilla llamada “gregoriana”, compendio del arte y la devoción mariana dentro de San Pedro.

La “capilla gregoriana”

El peregrino que visita la Basílica de San Pedro no puede dejar de orar ante la imagen de la Virgen del Socorro en la capilla llamada “gregoriana”, compendio del arte y la devoción mariana dentro de San Pedro. Su nombre se debe al papa Gregorio XIII, el cual le dedicó atención particular, visitándola y pasando ahí mucho tiempo durante la construcción, especialmente al final de las obras.

Este es uno de los lugares más sugestivos de la Basílica por la advocación mariana que ahí se venera, por la historia, el arte y el simbolismo mariano que en ella se desbordan. Los jefes de estado y soberanos católicos en visita oficial, después de un momento de adoración al Santísimo Sacramento y antes de venerar el sepulcro de San Pedro, se detienen ante la imagen de la Virgen para solicitar su auxilio.

La planta de la capilla fue proyectada por Miguel Ángel, que tuvo la idea de realizar una capilla grande y majestuosa como una iglesia. La obra fue completada por Giaccomo de la Porta en 1573. Está adornada con mármoles variados, bronces, columnas de mármol africano, y verde antiguo, estucos dorados y bellos mosaicos que realzan el esplendor de la capilla.

Según la tradición, la imagen fue pintada en tiempos de san León Magno y se encontraba en la antigua Basílica. Hoy se venera enmarcada entre mármoles preciosos. La parte superior del cuadro luce una corona de estrellas. La parte inferior ofrece un hermoso vaso de flores a la Madre de Dios en un intarsio de mármol finamente elaborado. La Virgen se presenta de frente, serena, con su Hijo divino en brazos. Por su parte, el Niño Jesús bendice con la derecha y sostiene el mundo en la izquierda, apoyándolo suavemente en su costado.



En la luneta sobre el altar está representado el misterio de la Anunciación. A la izquierda está la Virgen arrodillada en actitud de oración, mientras el Espíritu Santo desciende sobre ella. A la derecha el ángel de Dios baja del cielo por una escalera de nubes. Las imágenes de Isaías y Ezequiel, profetas que anunciaron la venida del Mesías y la virginidad de María, completan el mensaje.

Bajo el altar se conservan los restos de Gregorio Nacianceno, mandados traer desde el monasterio benedictino de Santa María in Campo Marzio.

La cúpula

La imponente cúpula interna se levanta hasta 42 metros del suelo. Luce una profusa decoración en la que abundan los ángeles que tienen a María por reina. Ocho medallones ostentan varios símbolos marianos, como una especie de letanía lauretana:

1. Arca de la Alianza: Como el arca de la antigua Alianza, María llevó en su seno la Alianza nueva y eterna, que es Cristo.

2. Torre de David: Como un baluarte contra los enemigos, en ella encontramos refugio en los momentos de aflicción.



3. Pozo de agua: María es la llena de gracia, que desborda la alegría y la frescura de llevar a Dios en el alma.

4. Palma de Cades: Que crece como en un oasis en medio del desierto del mundo.

5. Ciprés: Símbolo de la vida y la eternidad, por su follaje siempre verde que se eleva hacia lo alto.

6. Sol elegido: María resplandece entre las criaturas como el sol entre los astros.

7. Luna deslumbrante: María es reflejo del resplandor de Dios, la criatura que más perfectamente conserva la imagen del Creador.

8. Templo del Señor: María es templo de Dios por la encarnación del Verbo; como ella, el cristiano es templo de Dios por el bautismo.

Donde la cúpula apoya su base se aprecian los primeros mosaicos realizados en la nueva Basílica. Se trata de las solemnes figuras de los santos doctores de la Iglesia: Gregorio Magno, Jerónimo, Gregorio Nacianceno y Basilio, de los cuales el Papa Gregorio XIII era devoto admirador.

En el corazón del orbe católico no podía faltar la presencia materna e intercesora de la Madre de Dios. Ella, con bondad, acoge a los peregrinos que acuden a la Basílica de San Pedro desde todos los ángulos del mundo y les ofrece su auxilio, su consuelo y su cercanía.


Fuentes:
Virgilio Noe, La Madonna nella Basilica Vaticana, LEV, 1994.


 

 





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