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Por qué se le dio a san Pablo el rostro de un filósofo
Roma, Italia

La más antigua representación del apóstol se encontró a poca distancia de su tumba, también objeto de nuevas investigaciones. La Iglesia quiso representarlo como el Platón cristiano, lo cual fue una decisión audaz, y muy actual también hoy


Por: Sandro Magister | Fuente: chiesa.espresso.repubblica.it



El año dedicado a San Pablo (2008-2009), a dos mil años de su nacimiento, concluyó con dos importantes descubrimientos anunciados el mismo día, en la vigilia de la festividad del santo.

El primer descubrimiento lo ha revelado Benedicto XVI en persona, en la homilía de las vísperas del 28 de junio de 2009, en la basílica romana de san Pablo Extramuros:

"Estamos congregados en la tumba del apóstol, cuyo sarcófago, conservado bajo el altar papal, ha sido recientemente objeto de un atento análisis científico. En el sarcófago, que no ha sido abierto jamás durante tantos siglos, se practicó una pequeñísima perforación para introducir una sonda especial, mediante la cual se han puesto de manifiesto huellas de un precioso tejido de lino de color púrpura, recubierto con oro cequí, y de una tela de color azul con filamentos de lino. Se ha puesto de manifiesto también la presencia de granos de incienso rojo y de sustancias proteicas y calcáreas. Además, el análisis de pequeñísimos fragmentos óseos, sometidos al examen del carbono 14 por parte de expertos que desconocían su procedencia, ha dado como resultado que pertenecieron a una persona que vivió entre los siglos I y II de la era cristiana. Esto parece confirmar la unánime e indiscutible tradición que se trata de restos mortales del apóstol Pablo".

También para Pablo entonces – como antes para el apóstol Pedro, cuya tumba está identificada ahora con seguridad, bajo el altar mayor de la basílica de San Pedro en el Vaticano – se ha confirmado que está sepultado precisamente donde ha sido venerado siempre: bajo el altar mayor de la basílica romana que le está dedicada.

El segundo descubrimiento fue anunciado por "L´Osservatore Romano", en su edición del 28 de junio.

Es el descubrimiento de la más antigua representación que se conoce del apóstol Pablo, que se remonta a fines del siglo IV: la representación se reproduce en esta página.

Esta imagen de Pablo apareció el 19 de junio de 2009, en las excavaciones que están llevándose a cabo en una catacumba que tiene el nombre de santa Tecla, a lo largo de la via Ostiense, que lleva de Roma al mar, a poca distancia de la basílica del apóstol.

Al limpiar con rayos láser la bóveda de un cubículo, los arqueólogos han visto salir a la luz una exuberante decoración pintada al fresco. En el centro de la bóveda apareció la imagen del Buen Pastor, con cuatro círculos a su alrededor y con las figuras de Pablo, la mejor conservada de Pedro y probablemente la de otros dos apóstoles.

En dos amplios informes publicados en el diario de la Santa Sede, los arqueólogos Fabrizio Bisconti y Barbara Mazzei, han proporcionado todos los detalles del descubrimiento. Pero hay un elemento que impacta más que los otros, y remite a los motivos que llevaron a representar al apóstol Pablo tal como lo vemos en este fresco, y luego en otros posteriores, con el aspecto de un filósofo pensativo, la mirada penetrante, la frente alta, la calvicie incipiente y la barba puntiaguda.

En efecto, en una muestra de arte dedicada a san Pablo, inaugurada en 2009 en un ala de los Museos Vaticanos, se exponen las cabezas de dos filósofos, (esculpidas en la época romana), uno de los cuales es probablemente Plotino, y que presentan fuertes semejanzas con las antiguas representaciones de Pablo, a partir de aquélla que ha sido descubierta ahora.

La misma cuestión se plantea para el apóstol Pedro, representado tradicionalmente con cabellera corta, espesa y cándida, con rostro amplio y la mirada decidida, también con la barba corta y llena. Y lo mismo también para otros protagonistas de la historia sacra.

La técnica del retrato estaba muy difundida en el arte griego y en el arte romano. Pero en la cultura hebrea las imágenes estaban prohibidas, razón por la cual era impensable que Pablo y los otros se hicieran retratar. Sólo más tarde la Iglesia aceptó representar las celebridades de la fe cristiana.

¿Pero cómo? He aquí la sugestiva explicación que ha dado el profesor Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos y gran historiador del arte, al presentar la muestra sobre san Pablo:

"El problema se planteó entre los siglos III y IV, cuando una Iglesia ya difundida y estructurada asumió el riesgo grande y genial que está a la base de toda nuestra historia artística. Aceptó e hizo propio el mundo de las imágenes y lo aceptó en las formas en las que lo había elaborado la tradición estilística e iconográfica helénico-romana. De este modo, sucedió que Cristo -buen pastor- asumió el rostro de Febo Apolo o de Orfeo, y que en la fosa de los leones Daniel tuviera el semblante de Hércules, el desnudo atleta victorioso.

"¿Pero cómo representar a Pedro y Pablo, los príncipes de los apóstoles, las columnas que sostienen a la Iglesia, los fundamentos de la jerarquía y de la doctrina? Alguien tuvo una feliz idea: dio a los proto-apóstoles los semblantes de los proto-filósofos. Así Pablo, calvo, barbado, el aire grave y absorto del intelectual, tuvo el rostro de Platón o quizás de Plotino, mientras que el de Aristóteles le fue dado al pragmático y terrenal Pedro, que tiene la tarea de guiar en medio de las insidias del mundo a la Iglesia practicante y combatiente".

Si así sucedió, la Iglesia de los primeros siglos no tuvo entonces ninguna timidez en atribuir a los apóstoles, y en particular a Pablo, la cualidad de filósofo, ni en trasmitir, estudiar y proclamar su pensamiento en su totalidad, que por cierto no es fácil de comprender y aceptar.

Lo mismo se puede decir de los Padres de la Iglesia. En una fase del cristianismo en expansión, en una fase en la que la transmisión de la fe cristiana a los gentiles estaba en pleno desarrollo, la Iglesia no pensó jamás en aguar o domesticar el propio mensaje para hacer que sea de fácil aceptación por los hombres de la época.

El retrato de Pablo filósofo es advertencia elocuente para todo aquél que considera inactual a un Papa teólogo como Benedicto XVI, moderno Padre de la Iglesia.
 





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