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La Familia García y la "Píldora del Día Siguiente"
El matrimonio de Alejandro y Araceli decidieron ser fieles a su conciencia


Por: Carlos Polo Samaniego | Fuente: http://www.lapop.org



“Ojalá no me lo pidan a mí”, le dijo Alejandro García a su esposa Araceli. Él se refería a lo que ya era más que un rumor en el laboratorio farmacéutico donde trabajaba. Su puesto: visitador médico. A partir del segundo semestre del 2004, Tecnofarma vendería Glanique en Ecuador: la polémica “píldora del día siguiente”. Alejandro, especialista en productos ginecológicos, tendría que promocionar el producto.

Las circunstancias habían puesto a Alejandro en una encrucijada. Habían pasado sino unos pocos meses desde que lo llamaran a trabajar en Tecnofarma duplicando el salario que percibía en su anterior empleo. Su responsabilidad y esfuerzo habían sido reconocidos. Su premio: mejorar las condiciones de vida de su joven familia. Dos hijos, Anabel de 4 años y David de meses, Araceli su esposa y sus propios padres recibían los beneficios de esta mejora económica. Pero el empleo que lo estaba llenando de merecidas satisfacciones le pedía ahora que fuera en contra de sus convicciones.

“Pero mi amor, tú sabes qué pasa si te eligen a ti. Simplemente no la puedes promocionar”, fue la respuesta firme de Araceli. Ella era conciente de las previsibles consecuencias. Y el plazo no se extendió más. A los pocos días llegó Alejandro con la novedad. “Me eligieron”. “¿Y tú que dijiste?”, preguntó Araceli ansiosa. “No dije nada”, contestó. “Tengo que averiguar. Tengo que ver más”.


Los días siguientes fueron de una búsqueda frenética en internet. “Se pasó días averiguando, como tratando de buscar una salida”, comentaba después Araceli. La información médica del producto que le dieron en Tecnofarma no admitía dudas sobre la manipulación que se pretendía. Los visitadores fueron instruidos para encubrir el efecto abortivo echando mano a la argumentación falaz de la OMS: la concepción como sinónimo de implantación. Alejandro afectado y con dudas se preguntó si en algo el laboratorio tenía razón. Buscó algo que lo ayudara a no perder su empleo pero no lo encontró. Se topó más bien con el website de www.tercerefecto.com , con la información médica especializada, con las noticias de Chile y Argentina donde se habían emitido juicios ratificando el atentado contra los niños por nacer. Luego consultó a un médico especialista amigo. Todo estaba muy claro... siempre estuvo claro.

“¿A quién quieres engañar, Alejandro? Tú sabes lo que tienes que hacer. Dios proveerá”, concluyó decidida Araceli. En esos momentos sus hijos comenzaban a sufrir de asma y se les había prescrito un tratamiento largo y costoso. Para colmo sus familiares cuestionaban la posibilidad de la renuncia.

A la búsqueda de información siguió una búsqueda aún más profunda. Alejandro tuvo una conversación con un sacerdote. Este le dijo unas frases que a la mentalidad contemporánea le resultarían incomprensibles y duras en extremo: “es preferible la muerte antes que matar niños por nacer”. Pero para el matrimonio de Alejandro y Araceli decidir ser fieles a su conciencia significa libertad: la libertad de los hijos de Dios. Ambos comentaban después, “Aunque nosotros desde antes ya sabíamos lo que teníamos que hacer: Luchar contra eso”.

Lanzamiento Glanique

Un evento para médicos y un regalo de una botella de vino promocionando Glanique fueron parte de las actividades de un lanzamiento normal de un producto farmacéutico. Lo que sí llamó la atención de Alejandro fue el público objetivo de la promoción. Un cartel para pegar en las farmacias tenía la imagen de una pareja de jóvenes besándose en un auto de asientos de piel de leopardo con vista a la ciudad de noche. Nada que ver con la planificación familiar. Mucho que ver con este nuevo tema de los derechos reproductivos. No había nada que construyera familias en eso. Se trataba más bien de captar el consumo de adolescentes que quisieran sexo sin embarazos.

Había llegado la hora de la verdad. Alejandro comunicó a su Supervisor que no promocionaría la píldora del día siguiente y que renunciaría si insistían. Pidió un cambio que sabía difícil de obtener porque sentaría un mal precedente en una fuerza de ventas compuesta por 130 personas. Era la primera vez que pasaba algo así.

El primer acto de desobediencia fue no recoger las muestras médicas que debía entregar a los profesionales que visitara. Sus colegas le decían que fuera por las muestras y luego no las ofreciera conservando así el empleo. Al cabo a los médicos, muchos de los cuales saben que es abortiva, no les importa y la reciben igual. Sin mala intención, sus colegas le querían hacer ver que su sacrificio iba a ser totalmente inútil. Pero la exigencia de Alejandro iba más allá.

Inmediatamente fue citado por el Gerente de Producto quien se declaró católico “de rezo a la Virgen antes de acostarse” pero que no compartía esas ideas anticuadas del Papa. Repitió los mismos argumentos del truculento marketing y el dardo tentador de “acá ganas bien”. Acto seguido le ordenaron al Supervisor acompañarlo en sus visitas médicas. La gestión fue breve porque Alejandro le reiteró que no promocionaría Glanique. Su supervisor no supo qué hacer y prefirió irse a trabajar con otro visitador.

El próximo paso fue que el Gerente General de Tecnofarma lo citara al día siguiente. Lo intentó persuadir por última vez pero finalmente concluyó: “Somos una empresa comercializadora. Y si tú no puedes vender nuestros productos, entonces vamos a tener que tomar tu palabra”.

Alejandro renunció. Tardó dos meses en emplearse nuevamente. Regresó al laboratorio donde había comenzado. Sus hijos no volvieron a sufrir por el asma. Gana un salario menor pero su vida se enriqueció tremendamente. Es que hay cosas que muchos no pueden entender: la integridad de un hombre vale mil sueldos y Araceli, madre y mujer de fe, tenía la clave: Dios proveerá. Proveyó al cuerpo... pero también les dio una paz y una alegría que los demás envidiarían.

Comentarios al autor: carlospolo@lapop.org
 





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