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Jesús ha vendo a curar a la humanidad que sufre
Hoy en día seguimos teniendo fiebres (Marcos 1, 29-39; Lucas 4,38-44)


Por: P. Jesús Martí Ballester | Fuente: Catholic.net



1. Hoy nos presenta la Liturgia de la Palabra a tres personajes: JOB, que nos manifiesta la visión negativa y amarga de la vida humana: "el hombre está cumpliendo un servicio"; "es un jornalero" que aguarda el salario insuficiente; "es un esclavo" Job, 7.1. Si la vida es así, el hombre quiere que pase pronto. El libro de Job, escrito cinco siglos antes de Cristo, aún no tiene idea de la resurrección. Job, despojado de todos sus bienes: sus bueyes, rebaños, camellos, criados, hijos; herido por la enfermedad, sentado en el estercolero. Incomprendido y maldecido por su mujer, sus amigos y por su entorno social. Más profundo todavía: Piensa que Dios le ha abandonado. Y se queja. Y protesta.

2. El Salmo 146 anticipa la solución de la esperanza: "El Señor sana los corazones destrozados, venda sus heridas, reconstruye Jerusalén". Es decir, el Señor, ante este panorama, no es un espectador, un convidado de piedra, que se queda impasible e inactivo. No es un dios griego, sino que "Tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades" (Mt 8,17). El salmista, para hacer estas afirmaciones y motivar al pueblo a cantar himnos al Señor, tiene en cuenta su bondad, que ha reconstruido las murallas de Jerusalén y ha repatriado a los desterrados afligidos. Que es protector y médico sabio y solícito. Es más, como ha escrito Paul Claudel "Jesús no ha venido a traer una teoría, sino a tomar el sufrimiento sobre sí mismo".

3. Dios, actuando por Jesús, realiza lo que el salmo ha profetizado... Cura a la suegra de Simón, que está con fiebre alta en la cama. Ella se levantó y comenzó a servir. Esta mujer representa a la humanidad, a cada hombre y a cada mujer, a quienes Jesús encuentra enfermos. El mundo es un hospital gigantesco, que está esperando que una mano le alivie su dolor. En nuestra madre la Iglesia han florecido bellas flores hospitalarias, que están en la mente de todos. En nuestros tiempos hemos visto a la Madre Teresa de Calcuta, con su cuarto voto de buscar a los más pobres de los pobres. Es verdad que algunos enfermos, muchos, no se dejan curar... La suegra de Simón, sí. "Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó"... Jamás un rabino se hubiera dignado acercarse a una mujer y menos cogerla de la mano. Jesús rompe los moldes y realiza unos gestos que rebosan humanismo, misericordia, delicadeza y ternura. Pocas veces el evangelio expone y analiza tantos signos y gestos hechos por Jesús, que evidencian su decisión de salvar al hombre de las consecuencias del pecado, y de la inseguridad y angustia que provoca la enfermedad, con tanto realismo como las describe el libro de Job, que también rompe moldes escribiendo una teología nueva sobre el misterio de la remuneración, en la que prevalece la misericordia de Dios sobre la acción del hombre.

4. La visión de Dios, que nos desvela el evangelio es más optimista que la de los hombres. Aquélla nos descubre a Dios actuante en la criatura de su mundo y de sus hijos. La de los hombres tiene una valoración pesimista o excesivamente negativa de la vida y del mundo. El hombre se inclina mejor a destacar la ausencia de Dios y su abandono que los signos de los tiempos de su Reino, que ya ha comenzado a desarrollarse en nuestro interior. Es una gracia saber descubrir la acción de Jesús, actuando en este mundo de mil maneras; con curaciones físicas o espirituales, conversiones, o sencillas señales de esperanza, o brotes nuevos de alguna obra que ayude a salir de situaciones desesperadas..En una reciente carta del Cardenal de Barcelona, Carles, mi amigo, me escribe esta frase optimista de fe: "Cuando una puerta se nos cierra, Dios nos abre una ventana". La curación de los enfermos por Cristo está descubriendo que el Reino de Dios ha llegado.

5. Hoy, la suegra de Simón, liberada de la fiebre, y, puesta en pie, levantada por Jesús, como una profecía de que El se levantará del sepulcro, se puso a servir a Jesús y a los suyos. Jesús sigue curando por sus sacramentos, el Bautismo y la Penitencia en los que nos libera de la enfermedad del pecado para que sirvamos con diligencia y ternura amorosa, como El, que "No ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos" (Mc 10,45).

6. Aunque Marcos nos ofrece una agenda muy apretada de actividad de Jesús, es necesario que tengamos ideas muy claras sobre la intención del ministerio de los testigos de los hechos. Marcos, que reproduce la predicación de Pedro, hoy quiere manifestar la actividad taumatúrgica de Jesús y la extensión de su fama, por sus palabras y sus milagros, anunciando la salvación con palabras y obras, acompañando sus enseñanzas con numerosos milagros, prodigios y signos (Hch 2, 22), pruebas de que el Reino está presente en Él. Lo que atestigua que él es el Mesías anunciado (Lc 7,18), el enviado del Padre, a la vez que son una invitación a creer en El. Ese es su específico mensaje. Y para comprenderlo mejor, hay que saber que estos signos mesiánicos, que liberan a algunos hombres de los males terrenos del hambre (Jn 6,5-15), de la injusticia (Lc 19,8), de la enfermedad y de la muerte (Mt 11,5), no nos dan derecho a esperar que Dios ha enviado a Jesús para suprimir todos los males temporales (Lc 12,13). Su envió y misión es Redentor. Ha venido para liberar a los hombres de la esclavitud del pecado (Jn 8,34), causa de todas las calamidades humanas.

7. Ya el domingo anterior Marcos nos relató la expulsión del demonio (Mc 1,21); hoy cura de la fiebre a la suegra de Pedro (Mc 1,29); el próximo domingo, curará a un leproso (Mc 1,40) y en el 7º, pondrá en pie a un paralítico (Mc 2,1). De todos, el milagro que mejor resume y expresa la obra de la salvación de los hombres, es la curación de un endemoniado, pues va a expulsar del dominio del mundo, al que hasta hoy ha sido el vencedor, y el príncipe y dominador de este mundo, que comenzó su reinado cuando consiguió desviar a los hombres de su camino, momento en el que comenzaron todos sus males. Desde el origen de la historia humana el mal ha ido creciendo, por eso se siente dueño de este mundo. Pero hoy está viendo clara su derrota. Y porque lo ve y porque comprende que el poder de Jesús, que no sólo habla, sino que demuestra que tiene poder para destruir sus obras y que su reino está en las últimas y derrotado, por eso gruñe: “¡Has venido a acabar con nosotros!”. Y cuando Jesús dando una nueva prueba de su autoridad, dio su orden: "Sal de él", con grandes muestras de contrariedad deja libre al hombre, y se aleja dando un grito desesperado. Jesús lo ha expulsado sencillamente con su orden..., con el “poder de Dios”.

8. La Palabra de Dios sigue teniendo el mismo poder hoy que ayer. Y sigue liberándonos de lo que nos oprime, y sigue perdonándonos, y dándonos salud y Salvación. Sigue hablando con autoridad y poder. Pero para que le dejemos obrar, es necesario que escuchemos su Palabra y que la vivamos con sinceridad. Si Jesús es el Santo de Dios, como lo reconoce el demonio, el pueblo que le sigue debe ser un pueblo santo empuñando la Palabra de Dios, vivida, practicada y anunciada. Con palabras y con obras. Si Jesús ha podido ordenar al demonio que deje en libertad a aquel hombre, es porque está libre de corrupción, porque es el “Santo de Dios”. Nuestra santidad de vida es la única forma de renovar el mundo. Es toda la comunidad cristiana la que debe ser el testimonio viviente de la santidad que se opone y destruye la raíz de todo mal. Sólo los santos pueden renovar la sociedad desde la raíz. Jesús actúa hoy en su Iglesia, su Palabra, sus sacramentos. Como enseñaba san León Magno: Lo que en Cristo era visible, ha pasado a los sacramentos de la Iglesia. Hoy hemos destacado la curación de la suegra de Simón Pedro, que estaba postrada por la fiebre, que le impedía servir a Jesús y sus acompañantes, tal como ella hubiese querido. Jesús se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles (Mc 1,31). El término de este proceso es el servicio a Jesús y a los suyos, que en aquella mujer se limitaba a prepararles la comida. Los evangelistas son portadores de un mensaje, en el caso de Marcos, hoy y en todo su evangelio, su objetivo es probar la divinidad de Cristo, predicando en la sinagoga como signo de su misión de proclamar la Palabra, y testificar con el milagro que su poder es superior al de cualquier hombre, y al del mismo diablo, es decir, que Cristo es Dios. Nadie puede curar una fiebre muy alta como destaca el médico Lucas, cogiendo de la mano a la suegra de Pedro y levantándola, y que después de una fiebre tan intensa y extenunte, que deja a uno molido, comience a moverse y a preparar la comida y a hacer las faenas que comportaban el servicio de los huéspedes.

9. La otra característica de los evangelistas es que son mensajeros, no reporteros de una sección de sociedad, de los que esperamos un retrato de familia. Su objeto no es contarnos los avatares de una familia ni su árbol genealógico. Porque no pocos, en contra del celibato de los sacerdotes, usan el argumento ya desfasado, de que Pedro estaba casado, y lo prueban por la dichosa suegra. Pero, ¿por qué no preguntan, dónde estaba aquel día su mujer, que tenía enferma a su madre y es la suegra la que les tiene que servir? Jesús aceptaba lo que tenía a mano y en aquella cultura, los hombres no permanecían solteros tanto tiempo como en nuestra época. Jesús está en Galilea, junto al lago, donde la mayoría de los hombres son pescadores, no está en Roma, donde puede elegir tribunos. El Padre Gracián, mano derecha de Santa Teresa, era muy exigente en la elección de las candidatas a monjas. Santa Teresa, con mayor experiencia, le tendrá que decir que si ella hubiera seleccionado tanto, aún estaría sin monjas. Cada uno elige lo que tiene a su lado. Pues claro que Pedro estaba casado, pero no se dan cuenta de que el joven virgen Juan era el ojito derecho de Jesús.

10. Una vez curada la enferma, se puso a servirles Marcos 1,29. Para los griegos, cuya filosofía habían adoptado los hebreos en sus largas y varias invasiones, servir era una acción indigna. La dignidad consistía en dominar, no en servir. El fin del hombre consistía en conseguir el perfecto desarrollo de su personalidad, y de ninguna manera el servicio al prójimo. Jesús actúa desde el amor, pues por amor "No ha venido a ser servido, sino a servir" (Mt 20,28). Es lo que ha hecho esta mujer una vez curada. Parece que queda mucho de filosofía griega en nuestra sociedad: la juventud, sobre todo, sólo piensa en "realizarse". Lo de los demás "ese es tu problema".

11. Esta mujer con fiebre, es el signo de la humanidad con fiebre, es la Iglesia, que comienza a servir, como Jesús, con la oración, la palabra, el servicio, el coger de la mano, el hacerse débil con los débiles, sin orgullo, sino humildemente, uniendo las manos con los pobres del tercer mundo, evangelizando, dando vida hasta la cruz. Algunos gestos son aún de nuestros días: ahí tenemos a la Madre Teresa de Calcuta.

12. San Agustín nos dirá que seguimos con virus o bacterias, que sigue habiendo fiebre: nuestra fiebre es la avaricia, la soberbia, la ira, el orgullo, el egoísmo cerrado, la vanagloria. Nuestras fiebres son el odio, que destierra el amor; la ambición que seca el corazón humano; las riquezas mal adquiridas o mal conservadas, fuente de injusticias; la opresión, que destruye la caridad; la mentira, de tantas maneras, las medias verdades, las excusas que encubren caprichos, que nos gustan más que el cumplimiento de la palabra y que enmarañan las relaciones sociales, el afán de novedades bajo el prisma de la evangelización. Trampas del demonio que "suscita muchas cosas que hacer, para que no se haga ninguna", según San Francisco de Sales. La Iglesia curada ha de evangelizar sin soberbia: pues "Vale más ser granos de trigo dentro de la Iglesia, que quedarse a la puerta como revolucionarios" , dijo el gran teólogo Rahner. La Iglesia, limpia de pecado, curada, sirve. Para llegar a la unidad de todas las Iglesias, los Patriarcas orientales, deben considerar su ministerio como un humilde servicio de caridad; el episcopado oriental y occidental no debe ver en el poder recibido de Cristo un conflicto de autoridades, sino una conjunción de servicios. Y toda la comunidad cristiana, no sólo la jerarquía, pues la suegra de Pedro, no pertenecía al orden jerárquico, era una mujer seglar, debe vivir mejor el evangelio. A la comunidad le sobran miembros paralíticos. Para Santa Teresa los que no hacen oración son tullidos. No necesita personas enfermizas y convalecientes en la fe, sino miembros activos-contemplativos, como Cristo, que ora y cura a los enfermos.

13. Después de curar a los enfermos y poseídos, Jesús "se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar". Dejando las alabanzas y el quedar bien, se fue a orar. Si no nos dedicamos asiduamente a la oración, no crecerá mucho el Espíritu. No le debemos dejar solo. Lo que podemos hacer nosotros y no lo hacemos, no lo hará el Espíritu. El no es un tapagujeros. Contaba el Padre Tardiff, que me honró con su amistad, que un obispo envió a una parroquia muy abandonada a un sacerdote muy dedicado a Dios y al servicio que, en pocos años, la transformó. Vino el Obispo de visita y dijo: "Me maravillo de la obra que ha hecho en esta parroquia el Espíritu Santo". Y el sacerdote le replicó: "Señor Obispo: ¡Si usted hubiera visto esta parroquia cuando el Espíritu Santo estaba solo!". El Cura de Ars después de la Revolución francesa, se hizo cargo de aquella parroquia, y a los quince años de luchas, oración y lágrimas, penitencia y sufrimientos, calumnias y persecuciones, confesaba "Ars ya no es Ars". "El cementerio de Ars es un relicario". No esperemos a que nos lo den hecho, como el muchacho incorporado al servicio militar que cuando llegó a su casa con permiso vestido de general. “¿Qué te han hecho General?, le preguntó lleno de asombro su padre. Y el militar bisoño, contestó: ¡Si esperas a que hagan!”…Era lo de aquellos vagos estudiantes que, sin haber dado golpe en todo el curso esperaban aprobar por la intercesión de San José de Cupertino a quien los últimos días de curso le rezaban una novena.

14. El segundo personaje de hoy es PABLO, que se ha hecho débil con los débiles, que no predica por soberbia, ni por propio gusto e interés, sino por exigencia interior y de balde. "¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!" 1 Coríntios 9, 16: San Pablo sigue presentándose a los Corintios, y muestra la inquietud y la humildad del verdadero apóstol; Pablo tenía el corazón rebosante y no podía callar, su palabra le ardía en el pecho como el fuego. Los que no tienen nada que decir, vacíos por dentro, consideran al que no puede callar, como soberbio o envanecido.

15. El tercer personaje es JESUS, como ya hemos visto: encuentra enferma a la suegra de Simón; le llevaron todos los enfermos y poseídos. Curó a muchos, no a todos. Quedan muchos. Maestro, cúralos. Curadlos vosotros. Yo os he cambiado el corazón para que los curéis y sirváis vosotros. A El en la oración, el Padre le dice lo que tiene que hacer. También a nosotros, en la oración nos cambia Jesús el corazón y nos pide lo que quiere de nosotros, nos informa sobre lo que él ha pensado que seamos nosotros.

16. "Vámonos a otra parte". -Aquí hay mucho que hacer, "todo el mundo te busca", le dicen. Yo he sido enviado para predicar también allí, QUE PARA ESO HE VENIDO. Todos hemos sido bautizados para evangelizar. A nuestro lado hay personas que necesitan, sobre todo, nuestro testimonio de cristianos.

17. Hemos venido a celebrar la Eucaristía, por lo tanto, a orar, a cantar salmos, "que la música es buena", aunque hay musiquillas que mueven poco a la alabanza y a la devoción, hemos de depurarlas, a escuchar la palabra de Dios, para prepararnos al banquete del cuerpo y la sangre de Cristo. Recojamos nuestro espíritu y pongamos toda nuestra atención en nuestra oración, evitando la dispersión y la distracción, para comer con fruto el manjar celestial.

 

 

 

 



 





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