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La contribución de la Biología al estatuto del embrión: parte 2
Documento científico del genetista Angelo Serra sobre el inicio de la vida humana, la individualidad, la totipotencialidad, y las quimeras


Por: Angelo Serra | Fuente: es.catholic.net/sexualidadybioetica



Bajo el influjo de los progresos en embriología humana, que llevaron a la producción de embriones humanos para la reproducción asistida, y actualmente además para la investigación, la tesis que aquí se propone, compartida por los embriólogos de los mamíferos, fue considerada como un obstáculo para legislaciones que favorecen el uso de embriones humanos. Por esto se emitieron muchas opiniones alternativas principalmente por parte de filósofos, teólogos y científicos, sobre todo respecto al punto cronológico en el que un embrión humano debe ser considerado un individuo humano, cualificado para atribuirle el estatus ontológico y moral de persona y/o para ser titular de plenos derechos humanos. Éstas implican objeciones a la tesis que aquí se ha sostenido, y por eso las reagruparemos y discutiremos brevemente.

Las objeciones

Pre-embrión frente a individualidad


Una opinión que hoy tiene aceptación general es que hasta el 15º día de la fecundación o, al menos, hasta la implantación -que se inicia aproximadamente al 5º-6º día de la fecundación desde un punto de vista ontológico, el embrión humano no puede ser considerado un individuo. En favor. de esta opinión se aducen cuatro razones principales.

La primera razón es que el embrión, en los primeros estadios del desarrollo y hasta el estadio del disco embrionario, sería simplemente un «amasijo de células genéticamente humanas», un «montón de células individuales y distintas», cada una de las cuales es una «entidad ontológicamente distinta en simple contraste con las otras» [43] . Obviamente, estas afirmaciones contrastan totalmente con los datos científicos de que disponemos, algunos de los cuales hemos recordado anteriormente. Esta objeción, por consiguient, no sólo carece de cualquier fundamento biológico, sino que simplemente la evidencia biológica la contradice .

La segunda razón la propuso inicialmente la reconocida investigadora de la embriología del topo, A. MacLaren. Ella considera que, hasta cerca del día 14º desde la fecundación, sólo tiene lugar una preparación de los sistemas protectores y nutritivos requeridos para cubrir las futuras necesidades del embrión. En efecto, sólo al 15º día tras la fecundación aparece la estría primitiva, que es una entidad espacialmente definida, llamada disco embrionario, que «puede desarrollarse directamente en un feto y después en un niño» [44] . Fue precisamente éste el motivo que la indujo a introducir el término «pre-embrión», para designar el embrión humano desde el momento de la fertilización hasta el 14º día del desarrollo.

A este respecto se puede considerar simplemente, recordando lo expuesto más arriba, que el disco embrionario es, en realidad, una estructura celular organizada que deriva de una diferenciación del embrioblasto, el cual está ya presente cuando el embrión en su totalidad provee, bajo el control genético, para una más rápida diferenciación de los derivados trofoblásticos, indispensables para un correcto y regular avance del proceso morfogenético. En efecto, tanto el trofoblasto como el embrioblasto, derivados ambos del cigoto, componen simultánea y globalmente el propio camino como un todo según un programa finamente orquestado.

Una reflexión sobre estos datos no puede conducir más que a afirmar, como hacen D.J. Jones y B. Tefler, que «el embrión precoz (masa celular interna y tejidos extra-embrionarios) debe ser visto como un todo», y que «esto lleva a rechazar el término pre-embrión porque -escriben los dos autores- no estamos convencidos de que ello sirva para aclarar ni los aspectos científicos ni los éticos del inicio de la vida humana» [45] .

La tercera razón es el fenómeno de los gemelos monocigóticos [46] . Este fenómeno, según los objetores, es la prueba de que el cigoto no puede ser ontológicamente un individuo humano. En efecto, en su opinión, este fenómeno muestra que el propio cigoto tiene la capacidad de llegar a ser dos individuos. Ésta parece ser la razón más sólida para que, sobre todo por los filósofos, sea negada la individualidad al embrión, por lo menos hasta el término del período de la posible separación de los gemelos.

Esta objeción es, por una parte, un claro ejemplo de que pueden ejercerse realmente objeciones consistentes -al menos aparentemente-contra nuestra tesis; pero, por otra, muestra que, cuando las objeciones se basan en procesos biológicos, para llegar a la correcta interpretación de un fenómeno dado y dar así a la objeción un sólido fundamento, debe apoyarse en amplias y en cuidadosas observaciones: en estos casos no se puede formar un juicio sobre una base simplemente metafísica o especulativa. En nuestro caso, y con los datos actualmente disponibles, la objeción derivada del fenómeno de los gemelos monocigóticos aparece como inconsistente .

Antes que nada, el fenómeno es una excepción real: el 99-99,6% de los cigotos se desarrollan como un único organismo [47] . Esto lógicamente significa que el cigoto está por sí determinado a desarrollarse como un único individuo humano.

Además, estudios muy recientes [48] sobre el mecanismo sustentante del fenómeno consolidan la hipótesis de que en cualquier parte del embrioblasto, a causa de cualquier error -por ejemplo, un retraso cromosómico en la anafase o un crossing-over mitótico [49]- - acaecido entre el cuarto y el séptimo día tras la fecundación, se determina un nuevo e independiente plano de desarrollo, de modo que un nuevo individuo inicia su propio ciclo vital. Parece, por esto, muy razonable afirmar que hay un primer ser humano del que se origina un segundo ser humano. Al contrario, parece incorrecto afirmar -como sostienen los objetantes que un sistema indeterminado llega a ser dos sistemas determinados. Por lo demás, el propio concepto de «sistema indeterminado» está, desde el punto de vista biológico, privado de significado.

Finalmente, la afirmación de que hay un primer ser humano, que continuará su camino epigenético, y un segundo ser humano, que se origina del primero y que seguirá después su proceso de desarrollo independiente, encuentra una seria confirmación -casi se podría decir una prueba- en muchas observaciones recientes [50] . Los casos más significativos son aquellos en los que uno de los gemelos tiene un cariotipo con 47 cromosomas y está afectado de síndrome de Down, mientras que el cogemelo tiene un cariotipo normal con 46 cromosomas. El primer sujeto -el cigoto- podría ser, desde un punto de vista cromosómico, normal o trisómico-21. Una segregación anómala muy precoz del cromosoma 21 podría originar una línea trisómica-21 en el primer caso, o a una línea normal en el segundo. Es evidente que en ambos casos el primer individuo continúa su propio curso de desarrollo, mientras que el segundo inicia su propio ciclo vital en cuanto el nuevo plano llega a ser independiente del primero.

La cuarta razón para negar el estatuto de individuo al cigoto y al embrión precoz, al menos hasta la implantación, es que la coexistencia embrión-madre es una condición necesaria para que un embrión perteneciente a la especie humana pueda adquirir el carácter de individuo humano y llegar a ser un miembro de la comunidad humana [51] . Esta condición, según algunos autores, se puede verificar sólo en la implantación.

Este argumento no tiene fundamento. Es bien sabido que la coexistencia del embrión con la propia madre se inicia mucho tiempo antes de la implantación, esto es, desde el momento en el que inicia su camino a lo largo de la trompa. Además, muchos descubrimientos recientes muestran que tal coexistencia es conveniente y sabiamente preordenada, pero no necesaria. Para probar esto, sería suficiente recordar que el desarrollo del embrión in vitro puede proseguir bien fuera del estadio de implantación y que el embrión de topo implantado bajo la cápsula renal del macho puede alcanzar el estado fetal [52] .

En conclusión, por las razones antes referidas, la opinión de que el embrión humano no puede ser considerado un individuo hasta la implantación o hasta el día 15º de la fecundación, no tiene un fundamento sólido, y resulta, por consiguiente, insostenible.

Totipotencialidad frente a individualidad

La totipotencialidad, una extraordinaria propiedad dinámica del cigoto y de las células del embrión muy precoz, es la segunda objeción contra su propia individualidad. El éxito de H. Driesch, que en 1891, separando los dos blastómeros de un embrión en dos células de erizo de mar, obtiene dos pluteos, aunque más pequeños de lo normal, fue el primero de una larga serie de ingeniosos experimentos para el análisis de esta sorprendente -aunque sí lógicamente previsible potencia de las células del jovencísimo embrión. Una muestra de los principales datos disponibles sobre los mamíferos [53] permitirá comprender mejor la cuestión.

Los topos, ratones y conejos fueron los principales objetos de estos estudios; pero la investigación se extendió también hacia otras especies domésticas, como las ovejas, los bueyes, los caballos y los cerdos. En los topos y en los ratones el 65% de los blastómeros individuales obtenidos por embriones de dos células son capaces de desarrollarse en fetos completos viables o hasta el nacimiento; pero esto no era posible en el caso de los blastómeros aislados por embriones en estadio de desarrollo más avanzado. En el conejo, en la oveja o en el caballo, en cambio, los blastómeros individuales aislados por embriones de dos, cuatro y ocho células pueden desarrollarse en nacimientos completamente vitales, aunque en porcentajes decrecientes con el aumento del número de los blastómeros del embrión original.

En el topo, agregados de blastómeros provenientes de la sola masa interna o de una sola célula periférica, o de ambas en conjunto, extraídas de los embriones en el estadio de mórula (16-32 células), no muestran diferencia en el desarrollo tras la implantación, indicando que por lo menos algunas células de cada población celular hasta el estadio de mórula son todavía totipotentes. Sin embargo, mientras que las células periféricas pierden su totipotencia al término del estadio de mórula, algunas células internas del blastocisto precoz -alrededor del quinto ciclo celular- son todavía totipotentes.

Como afirma R.A. Pedersen, «los embriones precoces de los mamíferos placentarios se caracterizan por un alto grado de regulación del desarrollo. Blastómeros de los primeros estadios son totipotentes, y esta totipotencialidad persiste hasta la fase de partición. También tras la formación del blastocisto, cuando las células del trofectoderma se comportan como ya orientadas al propio destino, las células de la masa interna permanecen totipotentes para un ulterior ciclo celular, o quizá todavía más» [54] .

Recientemente se ha realizado un experimento similar sobre embriones humanos -no sin críticas, aunque sólo desde el punto de vista deontológico-por el grupo de J. Hall en el The in vitro Fertilization and Andrology Laboratory de la George Washington University [55] . Los blastómeros individuales, separados a partir de 17 embriones de dos, cuatro y ocho células -considerados no adaptados a la implantación-, fueron revestidos de una zona pelúcida artificial y puestos en un terreno nutritivo donde pudieran comenzar a dividirse de nuevo. Se desarrollaron 48 nuevos embriones. En particular, los blastómeros obtenidos de embriones de 8 células se desarrollaron sólo hasta el estadio de 8 células; los provenientes de embriones de 4 células alcanzaron el estadio de 16 células; tan sólo los derivados de embriones de dos células llegaron al estadio de 32 células. La decadencia de la totipotencia durante la segmentación de embriones humanos precoces parecería, por consiguiente, similar a la observada en el topo.

Otro índice de totipotencialidad de las células de embriones precoces es la posibilidad del desarrollo parcial o también total de una o ambas mitades (gemelas) tras una división provocada. Datos relativos al topo ya algunos animales domésticos muestran que las proporciones de supervivencia de la mitad del embrión son: 46% cuando la división se hace en el estadio de 4 células; 30% en el estadio de 8-16 células; 42% en el estadio de mórula compacta; y 46% si se hace en el estadio de blastocisto. La supervivencia de ambas mitades de un embrión alcanza, en cambio, el 30% si se derivan de embriones de 8-16 células, y el 27% si se obtienen de una mórula compacta.

Es evidente, entonces, que la manipulación experimental de los embriones mediante procedimientos de microcirugía -como extirpaciones, desagregaciones, agregaciones y dislocaciones de células intactas o marcadas, con la finalidad de determinar su potencialidad y su destino- ha demostrado que al inicio del desarrollo embrionario hay un intervalo de tiempo, que varía según la especie, en el que las células embrionarias son totipotentes, es decir, tienen la «gama completa de capacidad de desarrollo», pudiendo no sólo diferenciarse de modo distinto en varios ambientes, sino también dar origen a individuos completos.

Se plantea entonces la pregunta sobre si la presencia de estas células totipotentes, que aún son capaces de dar origen aun nuevo individuo si fueran separadas del embrión en desarrollo, nos constriñe a negar la individualidad del propio embrión precoz al que pertenecen y del cigoto o, por el contrario, nos lleva a considerar el embrión como un agregado de individuos como máximo potenciales, y el cigoto como una célula indeterminada. La reconsideración del proceso de desarrollo, ya trazado en la segunda parte de nuestro texto, podrá ofrecer una respuesta.

La totipotencia, obviamente presente en el cigoto, no significa indeterminación, sino, tal y como se ha expuesto, una capacidad actual de ejecutar un plan de acuerdo con un programa determinado. Cuando este plan se ejecuta según el programa, esto es, sin interferencias disturbadoras, la unidad morfofuncional en la totalidad fenotípica autoorganizadora es la señal evidente de una existencia individual y por eso de un individuo que, en este caso específico, está construyéndose a sí mismo; y cada célula, cualquiera que pueda ser su potencialidad, está en su lugar correcto según el proyecto preparado y resulta implicada en un proceso ordenado, único y coordinado. En este proceso la totipotencialidad inicial del cigoto se produce cada vez de manera siempre más restringida, según la exigencia del plano de diferenciación.

En un embrión precoz hasta el cuarto o quinto ciclo celular, tan sólo un error o un acontecimiento mutante podría llegar a aislar aquella eventual célula o grupo de células en las que el genoma, según el plan de diferenciación, no tiene todavía restricción experimentada. En tal caso, estas células podrán ser capaces -puestas las condiciones necesarias- de iniciar su ciclo vital. Ahora, y tan sólo ahora, esta célula o este grupo de células podrá considerarse como un nuevo individuo; mientras que antes tan sólo era una célula o un grupo de células perteneciente a otro individuo, en su preciso estadio de desarrollo.

Por eso, la totipotencia no se opone a la individualidad. Células totipotentes pueden ser parte de un individuo sin destruir su individualidad.

Quimera frente a individualidad

Un gran número de líneas de investigación testimonia el amplio y útil uso de los estudios sobre quimeras no sólo en el campo de la biología del desarrollo, sino también en otros campos de la medicina [56] . Gran parte de la información proviene de estudios sobre animales de laboratorio, concretamente del topo. Sin embargo, datos obtenidos de otros animales, especialmente de bovinos y ovinos, aunque limitados, indican que los embriones quiméricos «tienen como en el caso del topo, una gran flexibilidad en lo que concierne a los sistemas de regulación» [57] .

Los estudios experimentales sobre el desarrollo implican generalmente la agregación de dos o más embriones todavía separados al estadio de blastocisto; por ejemplo, un embrión de dos células se funde con un embrión, de la misma especie o de otra, que se encuentra en un estadio de desarrollo que va del de célula al de mórula. Otra técnica de agregación consiste en la inyección en un blastocisto de una masa celular interna (ICM) proveniente de otro blastocisto.

Será suficiente aquí llamar la atención sobre dos observaciones. La primera es que la temporización de los acontecimientos de la compactación y de la blastulación no parecen sufrir alteración por el cambio del número total de las células. La segunda es que los embriones quiméricos tienen la capacidad de controlar un número mayor de células de lo normal, al menos desde el estadio de blastocisto en adelante.

Aunque están insuficientemente documentadas, en la especie humana se conocen como quimeras naturales. C.E. Ford [58] ha definido posibles nuevos tipos de quimeras, seis de las cuales se describen también en el hombre. Entre éstas, que implican dos actos distintos de singamia -y son por eso importantes en nuestro contexto-, merecen ser recordadas: (1) dispermia con fecundación del oocito y del segundo glóbulo polar; (2) dispermia con fecundación de dos núcleos haploides, hijos del núcleo del oocito; y (3) dispermia con fusión de un hijo del núcleo del cigoto con el segundo corpúsculo polar fecundado.

Es ciertamente correcto plantearse si este fenómeno no contrasta con la atribución de una individualidad al embrión, el cual, de hecho, puede agregarse y fundirse con otro, dando así origen aun tercer individuo.

Si bien la evidente rareza del fenómeno en la naturaleza debería sugerir mucha cautela al darle una interpretación, la aproximación experimental ha contribuido válidamente a su mejor comprensión. Los modelos experimentales son esencialmente de dos tipos.

En un modelo, células todavía dotadas de toda o gran parte de la potencialidad original se extraen de la masa celular interna de uno o más blastocistos «donadores» y se trasplantan, mediante inyección, en un blastocisto «receptor». Este procedimiento puede considerarse como un microtrasplante: en lugar de un órgano, tan sólo se toma un grupo de células del donante. Estas células, dada su todavía gran plasticidad y adhesividad, se mezclan con las de los blastocistos receptores y se implican en su plan y control del desarrollo. En este caso, prácticamente se destruye el blastocisto donante; el blastocisto receptor, en cambio, continuará su propio desarrollo, encauzando las células trasplantadas a lo largo de diversas vías en diferentes tejidos y órganos. En este modelo, no se cuestiona la individualidad del blastocisto receptor; por el contrario, las células singulares del blastocisto donante se implican en su proyecto de desarrollo, que continúa según sus propias directrices.

En el otro modelo experimental, dos o más sets de células embrionales de estadio de pre-blastocisto se agregan en conjunto dentro de la propia zona pelúcida (técnica de la agregación). El proceso epigenético procede así con la contribución de varios sets de células, terminando con la formación de un nuevo ser cuyo fenotipo es la expresión de dos genotipos originales. Cómo sucede la combinación y la integración de dos o más planes de desarrollo no se conoce todavía; por eso, toda interpretación no puede ser más que hipotética. Sin embargo, el hecho de que para el éxito del experimento se requiera una notable concordancia de los dos genomas y de los estadios de desarrollo de los dos embriones, sugiere que el individuo posiblemente predominante destruya la unidad del otro, cuyas células estarán ahora implicadas en el plan de desarrollo del primero; o bien que emerja realmente un nuevo plan de desarrollo inmediatamente después de la fusión de dos seres humanos homogenórnicos y homofásicos, todavía totipotenciales o casi, los cuales pierden su propia individualidad mientras no aparezca una nueva, con la cual tiene inicio el ciclo vital de un nuevo individuo humano.

Estas consideraciones podrían parecer demasiado elementales, y ciertamente deberán ser revisadas a mydida que se progrese en el conocimiento de este fenómeno curioso, que, sin embargo, permanece en los límites de una inducción biológica lógica.

Ausencia cerebral frente a individualidad
Según una opinión, sostenida principalmente por algunos filósofos y teólogos, ningún embrión humano tendría que ser considerado un individuo humano -y mucho menos una persona- hasta que el sistema nervioso central esté suficientemente formado, esto es, aproximadamente hasta la 6ª-8ª semana de gestación. Según J .M. Goldening, «la vida humana puede ser vista como un espectro continuo, entre el inicio de la vida cerebral (8ª semana de gestación) y la muerte cerebral. En todo momento [de la vida] pueden darse tejidos y órganos, pero sin la presencia de un cerebro humano funcional éstos no pueden constituir un ser humano, al menos en sentido médico» [59] . y J .F. Donceel, teólogo, considera que «no puede haber alma humana, y por consiguiente persona, en las primeras semanas de gestación», porque «lo mínimo que se puede exigir antes de admitir la presencia de un alma humana es la disponibilidad de un sistema nervioso, del cerebro y especialmente de la corteza» [60] .

Sin ninguna duda un cerebro que funciona tiene un rol esencial como «centro crítico de unidad» cuando el sujeto humano está formado. Pero la situación es totalmente diferente en el embrión. En efecto, durante el estadio embrionario hay una intensa relación entre las células, tejidos y órganos -sostenida también por un continuo, ordenado y coordinado aumento del número de células nerviosas-, que testimonia la unidad morfo-funcional. Durante el estadio embrionario nos encontramos frente a un proceso altamente dinámico, donde la ley ontogenética exige una gradual organización de todo el cuerpo y, por eso, también de las propias estructuras nerviosas y del cerebro, y donde la unidad y la individualidad están garantizadas por la ley intrínseca del desarrollo inscrita en el genoma.

Se ha subrayado en la primera parte que calificar un embrión humano como persona no es tarea de la ciencia biológica, especialmente cuando esta calificación está estrechamente ligada a la presencia de un alma, como constituyente esencial del ser humano. Es oportuno recordar, sin embargo, que la razón fundamental que está detrás de la objeción de Donceel y de otros, es de naturaleza metafísica: el embrión sería todavía materia inadecuada para recibir el alma, puesto que el alma y el cuerpo deben ser proporcionales entre sí.

Se puede considerar simplemente que, sobre la base de los actuales conocimientos biológicos, se está constreñido a admitir las conclusión a la que llega S.J. Heany al término de un riguroso análisis de los argumentos del Aquinate sobre los que se basan Donceel y otros tomistas. «Desde el momento de la fertilización el concebido es materia propiamente dispuesta para ser el sujeto de una forma como la de alma racional» --escribe Heany- «un concebido unicelular dotado de un específico genoma humano [...] es materia muy bien dispuesta para ser precisamente el sujeto tanto de un alma intelectiva como de un acto primero, materia para la cual tal alma es la forma sustancial» [61] .

Conclusión

La definición del estatus ontológico del embrión humano es una cuestión urgente. Comités nacionales e internacionales y diversos gobiernos son muy conscientes de esta urgencia; pero todo esfuerzo por encontrar un consenso aunque sólo sea sobre algunos puntos fundamentales parece frustrarse.

El gran obstáculo para alcanzar tal definición, a fin de poder reconocer la dignidad y los derechos del embrión, lo constituye la posición contraria que fue originalmente tomada en el seno del Comité Warnock [62] , y que ha llegado a ser una norma generalmente aceptada y hoy profunda y fuertemente enraízada.

En el capítulo 11 del Informe final, donde se consideraba el problema de la experimentación sobre el embrión humano, se lee: «Mientras que, como se ha visto, la temporización de los diferentes períodos del desarrollo es crítica, apenas ha comenzado el proceso, no hay ninguna particularidad del proceso de desarrollo que sea ya más importante que otra; todo forma parte de un proceso continuo, y si cada período no sucede normalmente, en el tiempo justo y en la secuencia correcta, el desarrollo ulterior cesa» [63] . Sigue, entonces, una segunda aserción: «Por eso, biológicamente no se puede identificar en el desarrollo del embrión un estadio singular al margen del cual el embrión in vitro no debería ser considerado con vida» [64] . Evidentemente la lógica científica habría llevado a los miembros del Comité a nuestra misma conclusión: el ciclo vital de cada ser humano se inicia cuando los dos gametos se funden. Parecería entonces que el derecho a la vida del embrión hubiese sido reconocido desde el estadio de cigoto. y desde este estadio, en el que se inicia la vida de un nuevo ser humano, ésta no debería ser interrumpida.

No obstante esto, tras haber tomado en consideración un amplio espectro de opiniones sobre el problema de la investigación y de la experimentación sobre el embrión humano, el texto poco después prosigue así: «Sin embargo, se ha convenido que ésta es un área en la que se debe tomar alguna decisión precisa, a fin de calmar la preocupación del público». y la decisión, tomada por mayoría, se expresó así: «A pesar de nuestra división sobre este punto, la mayoría de nosotros recomienda que la legislación debería conceder que la investigación pueda conducirse sobre cualquier embrión obtenido mediante fertilización in vitro, cualquiera que sea su procedencia, hasta el término del día 14.2 de la fertilización» [65] . ¡La contradicción lógica con las afirmaciones precedentes es evidente! y fue entonces cuando se introdujo el término «pre-embrión», propuesto precisamente por un miembro del propio Comité, a fin de «polarizar la cuestión ética» [66] a la cual no se podía sustraer. y es sobre este terreno donde se ha desarrollado el disenso, que ha contribuido a obscurecer los datos gen éticos y embriológicos hasta ahora evidentes.

La ciencia y la medicina han abierto ciertamente nuevas y maravillosas oportunidades para una mejor comprensión del ser humano, desde el primer momento de su existencia, y para nuevas empresas de frontera para el tratamiento y/o prevención de las enfermedades. Sin embargo, quizá, ciencia y medicina, en su entusiasmo por el conocimiento y la acción dentro de una perspectiva empírica, han reducido el valor del ser humano a un puro valor biológico. Desde la observación del desarrollo humano se podría haber atribuido un valor diferente al cigoto, al embrión antes o después de la implantación, al feto en diferentes semanas de gestación, y hasta el neonato. Éstos, sin embargo, son valores cuantitativos, basados tan sólo sobre la valoración de la complejidad estructural del ser humano. Tales juicios de valor representarían, con respecto al hombre, un reduccionismo biológico, con todas sus graves consecuencias.

Tan sólo posteriores investigaciones interdisciplinares podrían conducir a los científicos y tecnólogos, por una parte, ya los filósofos y teólogos, por otra, a una comprensión más profuda del peculiar status ontológico y moral del ser humano a partir de su concepción, de modo tal que su dignidad sea honrada y sus derechos plenamente respetados desde aquel misterioso, pero ineludible primer acto de nuestra vida.

Para consultar el artículo completo:

La contribución de la Biología al estatuto del embrión: parte 1

Si deseas ver las imágenes 3D y 4D de un embrión en sus primeras semanas de vida en el vientre materno, en las cuatro primeras imágenes, haz clic, para ver el video.

[43] Cf. N.M. FORO, op. Cit., ppo 137-146; M.J. COUGHLAN, The Vatican, the Law and the Human Embryo, MacMillan, Basingstoke, 1990, pp. 6970, sostiene que «en el desarrollo del embrión humano, hasta el estadio de ocho o dieciséis células, cada célula es un individuo independiente, en el sentido que una vez que ha sido formada es orgánicamente bastante independiente de las otras, y, en realidad, podría alejarse del resto si no fuese retenida en su lugar por la zona pelúcida»

[44] Cf. A. McLAREN, «Prelude to embryogenesis», en THE CIBA FOUNDATION, Human Embryo Research, res or no? , Tavistock, Londres/Nueva York, 1986, pp. 5-23, esp. p. 12.

[45] Cf. D.J. JONES, B. TEFLER, «Before I was an embryo, I was pre-embryo or was i?», Bioethics, 9 (1995), 47,

[46] Cf. W. RUFF, «Individualität und Personalität im embryonalen Werden. Die Frage Nach dem Zeitpunkt der Geistbeselung», Theologie und Philosophie, 45 (1970), 25-49; N.M. FORO, op. cit., pp. 132-137.

[47] Cf. P. PROPPING, I. KRUEGER, «Über der Hiiufigkeit von Zwillingsgeburten», Deutsche Medizinische Wochenschrift, 101 (1976), 506-512, P.M. LAYDE, I.D. ERICKSON, A. FALEK. B.I. MCCARTY, «Congenital malformations in twins», American Journal of Human Genetics, 32 (1980), 69-78; H.I. LANDY, S. WEINERT, S.L. CORSON, F.R. BATZER, R.I. BOLOGNESE, «The «vanishing»twin: ultrasonographic assesment of fetal disappereance in the first trimester», American Journal of Obstetrics and Gynecology, 155 (1986), 14-19.

[48] Cf. C.E. BLOKAGE, «On the timing of monozygotic twinning events», Progress in Clinical and Biological Research, 69(A) (1981), 155-165; id., «Twinning, non-righthandedness and fusion malfonnation: evidence for heritable causal elements held in common», American Journal of Medical Genetics, 28 (1987), 67-84.

[49] Cf. G.B. COTÉ, I. GYFGODINOU, «Twinning and mitotic crossing over: some posibilities and their implications»,American Journal of Human Genetics, 49 (1991),120-130.

[50] Cf. I.G. ROGERS, S.M. VOULLAIRE, H. GOLD, «Monozygotic twins discordant for trisomy 21», American Journal of Human Genetics, 11 (1982),143-146; T. HASSOLD, «Mosaic trisomic in human spontaneous abortions», Human Genetics, 61 (1982), 31-35; C.E. SCHWAR1Z, S.M. SAUER, A.M. BROWN, R.A. SAUL, R.F. STEVENSON, «Detection of DNA fingerprint differences in monozygotic twins discordant for the Proteus Syndrome»,Cytogenetics and Cell Genetics, 51 (1989), 1075.

[51] Cf. F. AREL, «Nascita e morte dell´uomo: prospettive de11a bio1ogia e della medicina», en S. BIOLO (coord.), Nascita e morte dell´ Uomo: Problemi Filosofici e Scientifici della Bioetica, Marietti, Génova, 1993, pp. 3753

[52] Cf. W.D. BILLINGTON, C.F. GRAHAM, A. McLAREN, «Extra uterine development of mouse blastocysts cu1tured in vitro from early c1eavage stages», J ournal of Embryology and Experimental Morphology, 20 ( 1969), 391399; D.A. T. NEW, M. MIZELL, «Opossum fetuses grown in culture», Science, 175 (1972),533-536; Y.C. Hsu, «Differentiation in vitro of mouse embryos to the stage of early somite», Developmental Biology, 33 (1973), 403-408; P.A. W. ROGERS, A.M. MacPHERSON, L.A. BEATON, «Embryo implantation in the anterior chamber of the eye», Annals of the New York Academy of Sciences, 451 (1988), 455-464.

[53] Cf. R.A. PEDERSEN, «Potency, lineage and allocation in preimplantation mouse embryos», en I. ROSSANT, R.A. PEDERSEN (coord.), Experimental approach to mammalian embryonic development, op. cit., pp. 3-33; J. ROOSANT, «Deve1opment of extraembryonic celllineages in the mouse embryo», en I. ROSSANT, R.A. PEDERSEN, op. cit., pp. 97-120; R. BEDDINGTON, «Analysis of tissue fate and prospective potency in the egg cylinder», en J. ROSSANT, R.A. PEDERSEN, op. cit" pp. 121-147.

[54] Cf. R.A. PEDERSEN, «Potency, lineage and allocation in preimplantation more embryos», op. cit., p. 24

[55] Cf. R. KOLBERG, «Human embryo cloning reported», Science, 262 (1993), 652-653; C. HOLDEN, «Embryo cloners jumped the gun», Science, 766 (1994), 1.949; R. MACKLIN, «Cloning without prior approval: a response to recente disclosures of noncompliance», Kennedy Institute of Ethics Journal, 5 (1995), 57-60.

[56] Cf. N. LE DOUARIN, The ontogeny of the neural crest in avian embryo chimeras, Nature, 286 (1980), 663668: N. LE DoURAIN, A. McLAREN (coord.), Chimeras in Developmental Biology, Academia Press, Nueva York, 1984; S.O.M. BARNEs, «Bird chimeras may be models for certain neurological diseases», Science, 282 (1986), 930-932; E. BALABAN, N.-A. TEILLET, N. LE DOURAIN, «Application of the quail-chick chimera system to the study of brain development and behavior», Science, 241 (1988), 1.339-1.342; O. SOLTER, «Differentiation imprinting and expression of maternal and paternal genomes», Annual Review of Genetics, 22 (1988), 127-146.

[57] Cf. V.E. PAPAIOANNU, K.M. EBERT, «Comparative aspects of embryo manipulation in mammals», en I. ROSSANT, R.A. PEDERSEN, op. cit., p. 79.

[58] Cf. C.E. FoRD, «Mosaic and chimeras», British Medical Bulletin, 25 (1969), 104-109.

[59] Cf. J.M. GOLDENING, «The brain-life theory: towards a consistent biological definition of humanness», Journal of Medical Ethics, II (1985), 204.

[60] Cf. J.F. DONCEEL, «lmmediate animation and de1ayed hominization», Theological Studies, 31 (1970),101. 113.

[61] Cf. S.J. HEANY, «Aquinas and the presence of the human rationa1 sou1 in the ear1y embryo», The Thomist, 56 (1992),37.

[62] DEPARTMENTOF HEALTHANS DocIAL SECURITY. Report ofthe Committee of inquiry into Human Fertilization and Embriology, Her Majesty´s Stationery Office, Londres, 1984.

[63] Ibíd., p. 65.

[64] . Ibíd

[65] Ibíd.,p.69

[66] Cf. D. DAVIES. «Embryo research», Nature, 320 (1986), 5-7.





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