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Identidad y estatuto del embrión humano.
Existen evidencias científicas, en genética, que permiten apoyar el inicio de la vida de toda persona en el momento de la concepción


Por: Unknown | Fuente: Unknown



La concepción

¿Cuándo he comenzado yo a existir? Es una pregunta que no sólo los científicos se plantean sino todos nos la podríamos cuestionar. Es, además, una pregunta cuya respuesta es fundamental para tratar los temas de anticoncepción, aborto y técnicas de procreación artificial.

Uno de los fines de la sexualidad conyugal es la procreación, el otro la unión de los esposos. Durante una relación sexual, una de las manifestaciones más sublimes de amor entre los esposos, son depositados en la vagina de la esposa millones de espermatozoides. Su destino final es precisamente llegar al óvulo para fertilizarlo. Esto implica un camino largo, difícil, con diversos obstáculos. El primero es el pH ácido de la vagina, atravesar el cuello uterino, recorrer todo el útero, para finalmente llegar a la trompa de Falopio en cuyo tercio distal se realiza la concepción.

El primer evento en la formación de un individuo es precisamente el encuentro y la fusión de dos células altamente especializadas: el óvulo y el espermatozoide; esto se conoce como concepción. El número cromosómico haploide de ambos gametos será completado a 46 cromosomas, correspondiente a la especie humana y como veremos más adelante constituyendo un nuevo genoma, único e irrepetible.

Bioquímicamente, este proceso es complejo, hay cierto quimiotactismo que precisamente guía el paso de los espermatozoides hacia la trompa en donde sucede la ovulación; las hialuronidasas, enzimas contenidas en el acrosoma del espermatozoide, tendrán como función abrirse camino entre la corona radiata y la zona pelúcida que rodean al óvulo. Solamente un espermatozoide atravesará la membrana citoplásmica del óvulo, volviéndose en ese momento impermeable; únicamente penetra la cabeza del espermatozoide, que es donde está contenido el material de herencia. La singamia consiste en la unión de ambos pronucleos, masculino y femenino.

En cuanto la cabeza de un espermatozoide penetra en el citoplasma de un óvulo comienza una cadena de actividades. Dos sistemas, el del óvulo y el del espermatozoide, dejan de funcionar en forma individual, y constituyen un nuevo sistema (genoma) que comienza a operar como una ‘unidad’ llamada cigoto o embrión unicelular. Una vez ocurrida la concepción se observa un proceso que no se detendrá hasta la muerte del individuo.


Evidencias genéticas del estatuto humano del embrión.

El genoma humano es el complejo total de genes. Los cromosomas humanos llevan unos treinta a cuarenta mil genes que codifican para proteínas. Hay unos tres mil millones de nucleótidos y cada ser humano difiere de otro en un promedio de seiscientos mil. El genoma humano es una estructura fundamental de desarrollo y de herencia.

El genoma humano es esencial ya que tiene una función determinante en el desarrollo de los seres humanos individuales y en la transmisión de la vida. El conocimiento moderno de la biología molecular nos permite constatar que todo ser vivo tiene un genoma propio de su especie; esto es precisamente lo que le define como miembro de esa especie y no de otra. Por otra parte, este genoma que no es idéntico en un individuo que en otro, los hace diferentes aunque pertenezcan a la misma especie. Refiriéndonos concretamente al genoma humano, éste nos hace ser personas y no pertenecer o dudar a qué especie pertenecemos; al mismo tiempo la individualidad del mismo nos hace únicos e irrepetibles.

El genoma humano, que deriva de la fusión del espermatozoide y el óvulo, es un conjunto particular de estructuras que tienen una función determinante y cuando es expresado da como resultado un cuerpo humano distinto al de la madre. La vida humana es esencialmente una vida corpórea y para cada persona la propia vida es la de un cuerpo individual que se ha desarrollado en virtud de una particular constitución de genes.

Así, la naturaleza biológica del producto de la concepción humana (cigoto) ofrece los datos más interesantes para confirmar su naturaleza humana y son los siguientes:


1. La individualidad genética del cigoto

Desde el momento mismo de la fecundación inicia la existencia de una nueva vida específicamente humana dotada de un código genético único e irrepetible, no idéntico ni al de la madre ni al del padre. Este genoma humano controla y fija irreversiblemente su desarrollo sucesivo. De esta primera célula o cigoto, no podrá resultar sino un hombre, y precisamente ese hombre.

El Dr. Alec Jeffreys de Inglaterra, científico que ha trabajado manipulaciones del DNA, ha demostrado que desde el cigoto cada individuo es totalmente diferente de otro y la probabilidad de que la información genética de una célula sea idéntica a la de otra persona es menor de una en un billón.

Los conocimientos actuales de biología molecular nos han permitido constatar que el genoma único e irrepetible que está presente en el momento mismo de la concepción es el mismo que encontramos en cada una de las células del embrión, del feto, del niño, del joven, del adulto y del anciano. Si en el transcurso de la vida hay enfermedades, mala nutrición, accidentes o cualquier otro percance, el genoma humano permanece exactamente igual.

Recientemente se ha encontrado que algunas de las bases nitrogenadas que componen al DNA están metiladas (CH3), esto es: tienen un radical químico extra. El DNA del espermatozoide no está metalizo o subrayado en el mismo lugar que el DNA equivalente del óvulo. Así, cuando se unen los pares de cromosomas provenientes del óvulo y del espermatozoide, no son idénticos como se pensó durante muchos años. Cuando el óvulo es fertilizado por el espermatozoide se tiene la célula más especializada, tan especializada que ninguna otra célula tendrá nunca las mismas instrucciones de vida que las del individuo que se está desarrollando. Durante el desarrollo embrionario, conforme se dividen y especializan las células, nada nuevo es aprendido por el DNA de las células en desarrollo, sino progresivamente muchas cosas son olvidadas. Así la información está escrita desde la primera célula y no será progresivamente escrita en otras. Esto no es una teoría ni una suposición, sino la información que la ciencia de la genética ha constatado sin lugar a duda(1). La fertilización establece un nuevo genotipo (único e irrepetible) y lo activa a desarrollarse.

2. La continuidad de su desarrollo.

Durante el desarrollo progresivo del cigoto, desde la primera célula que se divide y se organiza sin cesar hacia su plenitud, habrá sin duda etapas importantes como la implantación y las transformaciones profundas debidas a la formación de los tejidos fundamentales. Todo se realiza en el tiempo según un proceso continuo e ininterrumpido fijado por el programa inicial (genoma humano). Existe, y lo ha demostrado la ciencia, una sola y absoluta continuidad en el proceso de desarrollo del cigoto hasta el nacimiento y después a lo largo de la vida.
Es necesario recordar el carácter potencial de la información genética por el cual lo que está presente en el patrimonio genético no es formalmente el cerebro ni ningún otro órgano, sino únicamente el programa de su formación futura. Sin embargo, aunque no sea una presencia formal, tampoco se trata de una posibilidad abstracta e indeterminada, sino real, materialmente presente en la estructura química del ADN y extremadamente determinada en sus características específicas e individuales.

No es posible, con rigor científico, establecer en la unidad de este desarrollo gradual un umbral a partir del cual, aquello que no es todavía humano, se volviese humano. La ciencia nos conduce a afirmar que si ello no fuese humano desde el inicio de su vida individual en la concepción, no se volvería jamás. Por tanto, se ha de desechar toda tentación de marcar un antes y un después, pues no existe ningún salto cualitativo, ninguna transformación en su esencia por la cual el feto, embrión o cigoto se convierta en algún momento de su desarrollo en algo que no fue desde su concepción(2).


3. La autonomía de la vida prenatal.

El embrión y solamente él es quien con un mensaje químico estimula el funcionamiento del cuerpo lúteo del ovario y suspende el ciclo menstrual de la madre. Esto sucede en un minúsculo embrión que al sexto o séptimo día de vida sólo mide 1.5 mm de largo y ya está en condiciones de decidir su propio destino.

El proceso de formación del embrión es autónomo, no obstante la íntima relación que se instaura entre el cuerpo de la madre y el hijo. Un análisis breve de las diversas fases del embarazo basta para demostrar esta autonomía:

— A través de las técnicas de fertilización in vitro se ha podido constatar que la fecundación, fertilización o concepción se realiza directamente por las células. Esto es, el técnico o científico únicamente observa bajo el microscopio cómo el espermatozoide penetra el óvulo sin que él intervenga en este proceso.

— En el periodo que precede a la implantación, cuando el cigoto parece más precario, su autonomía es paradójicamente mayor. El proceso de segmentación iniciado en el cigoto y el crecimiento numérico de células sucede de manera autónoma como lo demuestran los experimentos in vitro.

— En los primeros días después de la fecundación, el cigoto no sólo se desarrolla por sí mismo, sino que actúa activamente sobre el organismo materno, ejerce un influjo sobre la hipófisis de la madre.

— La misma implantación, es en gran parte fruto de la actividad del embrión o de la acción conjunta del trofoblasto y los tejidos maternos.

— La placenta puede considerarse un órgano del embrión. Está hecha del trofoblasto, aunque en su parte externa esté constituida por hipertrofia de la mucosa uterina. Su función fisiológica se define como un órgano para el intercambio de material entre la corriente sanguínea materna y la fetal, sin que haya mezcla de las dos sangres. La placenta aísla dos organismos netamente distintos y autónomos, aunque comunicantes.
Las evidencias genéticas son muy precisas para demostrar que desde el momento de la concepción nos encontramos ante un ser vivo, humano por su genoma; único e irrepetible, distinto al padre y a la madre que le dieron origen; y que por lo tanto merece ser respetado y gozar del primer derecho de cualquier persona que es el derecho a la vida(3). Hay algunas personas, incluso científicos y legistas a quienes estas evidencias no les convencen. Les plantearía, ¿existen evidencias científicas de que no se trate de un ser humano?

Si deseas ver las imágenes 3D y 4D de un embrión en sus primeras semanas de vida en el vientre materno, en las cuatro primeras imágenes, haz clic, para ver el video.

1.LEJEUNE, Jerome. ¿Qué es el embrión humano? , España, Ediciones RIALP, 1993.

2.Centro de Bioética. Identidad y Estatuto Humano del embrión. Medicina y Moral. México, D.F.,vol 1, No.1, abril-mayo1990., p. 47.

3.LÓPEZ BARAHONA, Mónica y Ramón LUCAS LUCAS,.El inicio de la vida: identidad y estatuto del embrión humano. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 1999.

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