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¿Es malo el placer?
Es malo cuando se lo agranda, cuando se cree que la vida pasa por ahí, cuando uno construye la vida desde ahí, cuando uno cree que la felicidad pasa por ahí


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net



Creo que los que se van a vivir en pareja dan una prioridad al placer y dejan en un segundo plano la responsabilidad.

Hay que comprender que el placer es una gran seducción.
Negarlo sería no reconocer una realidad.

¿A quién no le atrae el placer?
¿A quién no le gusta pasarlo bien? ¡Hay tantos placeres que nos seducen!
¿A quién no? Y todos los placeres.

Los placeres de la vista.
Los placeres del paladar.
Los placeres genitales. ¿Y es malo el placer? NO, no es malo el placer.

Es malo cuando se lo agranda, cuando se cree que la vida pasa por ahí, cuando uno construye la vida desde ahí, cuando uno cree que la felicidad pasa por ahí.
Eso es lo malo. Cuando todo lo medimos desde ahí.
Cuando todo lo medimos, desde el pasarlo bien.

Vivir en pareja tiene su mayor debilidad en haber dejado en segundo plano la responsabilidad, las obligaciones que todo futuro impone a la vida.
El vivir teniendo en cuenta el futuro, debería condicionar nuestros actos de hoy. Esto se llama vivir en la responsabilidad.

La base de la responsabilidad se encuentra en la libertad que cada uno de nosotros tenemos.
Es la libertad que Dios le dio al hombre para su buen uso.
Muchos creen que la libertad le fue dada al hombre para hacer lo que quiera.
Y no es así. La libertad le fue dada para hacer lo que debe, no lo que quiere.

El hombre es feliz si hace lo que debe y no lo que quiere.
El querer, siempre es un impulso primario.
El deber, es siempre razonado, pensado y reflexionado,

Al tomar una decisión, hacer una elección, al ir a vivir en pareja o en matrimonio, cada uno de nosotros ha tenido que pensarlo y realizarlo conscientemente.
Y somos responsables de las consecuencias.
Sean ellas buenas o malas.

Esto es asumir futuro.
Mi acto personal y libre tendrá consecuencias.
Persona responsable es quien está dispuesto a dar respuesta y la da efectivamente a todas las exigencias de la vida diaria y asume las obligaciones que le vienen.
Cuando las cosas empiezan a andar mal, andan precisamente mal, porque no se tienen en cuenta las obligaciones.

Se fueron a vivir juntos, se atrajeron, se gozaron, se entregaron sus cuerpos, pero no se entregaron el alma.
Para entregarse el alma, se necesita la total entrega del ser, no solo de una parte de mí.
............un sobrino vivía en pareja: le expliqué la diferencia y se lo quedó pensando. Sobre todo cuando le remarqué que desde aquel instante, cada vez que hicieran el amor, no podrían evitar recordar que su entrega no es total, no es absoluta, cualquiera de los dos puede pegar el portazo e irse tan campante.
Eso no es el amor, podrá ser cualquier cosa, menos el amor.

Si no hay un compromiso definitivo, no se puede construir nada.
Si no hay un compromiso definitivo, no le puedo decir al otro, que yo lo amo.
Porque una de las cosas propias del amor, ¿saben que es?
Es decirle para siempre.

Comentarios al autor: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

El libro editado y grabaciones están también disponibles en: Tel.(54 11) 4903-6242 Fax 4737-3439


 





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