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Peregrinos de la comunicación

Peregrinos de la comunicación
Texto completo del Mensaje del Santo Padre a Monseñor Dario Edoardo Viganò, Director del Centro Televisivo Vaticano con motivo del 30° aniversario de su creación. 18 octubre 2013


Por: Papa Francisco | Fuente: es.radiovaticana.va



Deseo dirigir mi saludo cordial a todos los presentes en el Congreso que no sólo quiere recordar los treinta años del Centro Televisivo Vaticano sino, sobre todo, reflexionar sobre sus perspectivas para un servicio cada vez más atento y cualificado.

Saludo a los relatores y a los huéspedes, en particular a Mons. Claudio Maria Celli y a los miembros del Consejo de Administración.


Un servicio al Evangelio y a la Iglesia

1. Ante todo quisiera subrayar que su trabajo es un servicio al Evangelio y a la Iglesia. El aniversario del CTV se coloca en el marco de otro importante aniversario: los cincuenta años de la aprobación del Decreto Conciliar Inter Mirifica, que considera entre los maravillosos dones de Dios los instrumentos de la comunicación social, incluido, precisamente, el medio televisivo. Las palabras de los Padres Conciliares se nos presentan como proféticas; ellos subrayaban justamente cuán importante es el uso de estos medios, de modo que "como la sal y la luz fecunden e iluminen el mundo", llevando la luz de Jesucristo y contribuyendo al progreso de toda la humanidad.

En estos decenios la tecnología ha viajado a gran velocidad, creando inesperadas redes interconectadas. Es necesario mantener la perspectiva evangélica en esta especie de "autopista global de la comunicación", tener siempre presente la finalidad que quiso establecer el Beato Juan Pablo II al dar vida al CTV: favorecer "una acción más eficaz de la Iglesia por lo que respecta a las comunicaciones sociales... con el fin de ofrecer nuevos instrumentos con los cuales desarrollar en el mundo la misión universal de la Iglesia" (Rescrito del 22 de octubre de 1983).

Como les recordó también Benedicto XVI: "Poniendo las imágenes a disposición de las mayores agencias televisivas mundiales y de las grandes televisiones nacionales o comerciales, ustedes favorecen una adecuada y tempestiva información sobre la vida y la enseñanza de la Iglesia en el mundo de hoy, al servicio de la dignidad de la persona humana, de la justicia, del diálogo y de la paz" (Discurso al CTV, del 18 de diciembre de 2008).

Por tanto, no olviden que el suyo es un servicio eclesial, dentro de la misión de evangelización de la Iglesia.


Su punto de vista jamás puede ser "mundano", sino eclesial

2. Por esta razón – y es el segundo elemento que deseo subrayar – al presentar los eventos su punto de vista jamás puede ser "mundano", sino eclesial. Nosotros vivimos en un mundo en el que prácticamente no existe casi nada que no tenga que ver con el universo de los medios de comunicación.

Instrumentos cada vez más sofisticados refuerzan el papel cada vez más penetrante que juegan las tecnologías, los lenguajes y las formas de la comunicación en el desarrollo de nuestra vida cotidiana, y esto no sólo en el mundo juvenil.

Como recordaba al día siguiente de mi elección como Obispo de Roma, al encontrarme precisamente con los representantes de los medios de comunicación social presentes en Roma con ocasión del Cónclave, "el papel de los mass-media ha ido creciendo tanto en estos últimos tiempos, hasta volverse indispensable para narrar al mundo los eventos de la historia contemporánea".

Todo esto se refleja también en la vida de la Iglesia. Pero si relatar los eventos de la historia no es algo sencillo, es más complejo aún relatar los acontecimientos relacionados con la Iglesia, que es "signo e instrumento de la íntima unión con Dios", es Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios, Templo del Espíritu Santo. Esto requiere una responsabilidad particular, una fuerte capacidad de leer la realidad en clave espiritual. En efecto, los eventos de la Iglesia "tienen una característica de fondo particular: responden a una lógica que no es principalmente la de las categorías, por decirlo de alguna manera, mundanas, y precisamente por esto no es fácil interpretarlos y comunicarlos a un público vasto y abigarrado" (Discurso a los Representantes de los media, 18 de marzo de 2013).

Hablar de responsabilidad, de una visión respetuosa de los acontecimientos que se desean relatar, significa también tener conciencia de que la selección, la organización, la puesta en onda y el compartir los contenidos requiere una atención particular porque usan instrumentos que no son neutros, ni transparentes. Esta conciencia atraviesa hoy el CTV, empeñado en una reorganización según paradigmas tecnológicos capaces de servir mejor a todas las latitudes del mundo, contribuyendo a favorecer la respiración de la catolicidad de la Iglesia.

Quisiera agradecerle de corazón a Usted, Mons. Dario Edoardo Viganò, y a todo el personal del CTV, la capacidad de componer relaciones con realidades diferentes de todo el mundo, para construir puentes, superando muros y fosados, y llevar la luz del Evangelio. Todo esto según la indicación de Inter Mirifica que precisa que también en el mundo de los media, la eficacia de la actividad apostólica requiere "la unión de intensiones y de fuerzas" (n. 21). Converger en lugar de concurrir es la estrategia de las iniciativas mediáticas en el mundo católico.


Las sofisticadas periferias tecnológicas

3. En fin, quisiera recordar que ustedes no desarrollan una función puramente documental, "neutral" de los eventos, sino que contribuyen a acercar la Iglesia al mundo, anulando las distancias, haciendo llegar la palabra del Papa a millones de católicos, también allí donde con frecuencia profesar la propia fe es una elección valerosa.

Gracias a las imágenes, el CTV está en camino con el Papa para llevar a Cristo a las tantas formas de soledad del hombre contemporáneo, alcanzando también las "sofisticadas periferias tecnológicas". En esta misión, es importante recordar que la Iglesia está presente en el mundo de la comunicación, en todas sus diversas expresiones, sobre todo para conducir a las personas al encuentro con el Señor Jesús. En efecto, es sólo el encuentro con Jesús, lo que puede transformar el corazón y la historia del hombre.

Les agradezco y los animo a proceder con parresia en su testimonio del Evangelio, dialogando con un mundo que tiene necesidad de ser escuchado, de ser comprendido, pero también de recibir el mensaje de la vida verdadera.

Oremos al Señor para que nos haga capaces de llegar al corazón del hombre, más allá de las barreras de la difidencia, y pidamos a la Virgen que vele sobre nuestros pasos de "peregrinos de la comunicación".

Les pido que recen por mí, ¡tengo necesidad de esto! Invoco la intercesión de Santa Clara, Patrona de la televisión, y los acompaño con mi Bendición.





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