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Aborto (2)
La despenalización del aborto trae graves consecuencias; se crea una conciencia colectiva a favor de éste, y se aumenta enormemente el número de abortos


Por: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte



Por otra parte, la despenalización del aborto para evitar los peligros de los abortos clandestinos realizados por inexpertos, trae peores consecuencias; se crea una conciencia colectiva de que no puede ser malo moralmente lo que está autorizado, y se aumenta enormemente el número de abortos.
En Rumanía, después de despenalizarse el aborto en 1965, abortaron el 25% de las mujeres fértiles, hasta el punto de realizarse cuatro abortos por cada nacimiento. Esto hizo que el gobierno socialista de Rumanía revisase la legislación abortiva117.

Estos asesinatos de seres humanos inocentes se ha generalizado en nuestra sociedad de un modo aterrador.
Según el informe del fiscal del Tribunal Supremo sobre la delincuencia, en España se dan al año trescientos mil abortos provocados
118.
Desde 1987 se han producido en España medio millón de abortos
119.
El aborto mata al año más personas que el cáncer, el SIDA o los accidentes.
En 1999 la primera causa de muerte en España ha sido el aborto quirúrgico. Fueron 58.399. La segunda fueron las enfermedades cardiovasculares: 50.000.
Y de los 58.400 abortos, la mayoría fueron de jóvenes a quienes se recomendó, en las campañas de información sexual, el uso del preservativo
120.

En Estados Unidos se realizan al año más de un millón de abortos provocados
121. Según la Organización Mundial de la Salud, en el mundo se realizan al año cincuenta millones de abortos: ¡cincuenta millones de asesinatos autorizados!122
Decía la Madre Teresa de Calcuta: «El aborto es la mayor desgracia de nuestro tiempo, porque si se permite que una madre mate a su hijo, ¿cómo se va a impedir que un hombre mate a otro?

Es una hipocresía defender como política de partido las libertades democráticas de la persona humana, y luego defender el aborto, privando del derecho a la vida a una persona inocente, aprovechándose que no puede defenderse, ni siquiera protestar.
Los defensores del aborto criminal piensan mucho en los inconvenientes que tiene para la madre un hijo no deseado, pero no piensan en los derechos que ese hijo tienen a seguir viviendo.

En 1996 se bautizó en la Iglesia Católica el Dr. Bernard Nathanson, conocido en otro tiempo como el «rey de aborto».
Fue Director de la mayor clínica abortista de Estados Unidos: la CRANCH. Tenía a sus órdenes treinta y cinco médicos que, en diez quirófanos, practicaban ciento veinte abortos diarios. Según él mismo manifestó en una conferencia en el Colegio de Médicos de Madrid: «bajo mis órdenes se practicaron sesenta mil abortos, y yo hice personalmente unos cinco mil»
123.
En los años 80 se convenció de que el feto era un ser humano, pues hay evidencia científica de que la vida humana empieza en la concepción, y se volvió antiabortista. Es autor del libro Abortando en América y de la película El Grito Silencioso.
La gente del Movimiento Pro-Vida le hicieron cuestionarse el ateísmo que había mamado desde pequeño. Dice: «Comencé a considerar en serio la idea de Dios. Descubrí el Dios del Nuevo Testamento en quien yo podía encontrar el perdón que durante tanto tiempo busqué desesperadamente. Convencido de que Dios me perdonaría los crímenes que había cometido. Eso me resultó sumamente consolador para mi espíritu afligido»
124.

También se ha convertido al catolicismo la mujer símbolo del derecho al aborto. Norma McCorvey, más conocida con el seudónimo de Jane Roe, fue la protagonista de una larga batalla que acabó con la legalización del aborto por parte de la Corte Suprema de Estados Unidos. El anuncio ha sido hecho público por la misma Norma, durante un servicio ecuménico en la Iglesia de la Trinidad en Waco, Texas. «Durante 25 años he sido utilizada por los abortistas. Me equivocado en todo», confiesa ahora
125.

La agencia de noticias ACI, en un comunicado del 2 de febrero del 2001, notifica un testimonio a la emisora de radio de Río de Janeiro, Rainha da Paz, de un médico brasileño que hizo una gran fortuna con una clínica de abortos y perdió a su hija de veintitrés años después de haberse sometido a un aborto. Le entró un enorme remordimiento de todos los niños que él había matado con los abortos que practicó. Arrepentido vendió su clínica abortiva y construyó un HOGAR DE AMPARO para acoger a las madres solteras con problemas, con el propósito de adoptar a todos los niños que vengan al mundo a través de sus manos, para que Dios le perdone los crímenes que cometió.

Algunos dicen que si la Iglesia predica tanto contra el aborto, por qué no lo hace en la misma media contra la pena de muerte. Pero son dos casos totalmente distintos. La Iglesia acepta la pena de muerte en un caso extremo, si es la única manera eficaz de defender la vida de personas inocentes, amenazadas por un injusto agresor. En cambio en el aborto se condena a muerte a una persona inocente. Y esto no se puede justificar jamás.
Es inconcebible que los mismos que quitan la pena de muerte para asesinos, que son un peligro para la sociedad, condenen a muerte a seres inocentes6 en el seno de su madre.
Es curioso que muchos que están contra la pena de muerte por el peligro de que se condene a muerte a un inocente después están a favor del aborto donde siempre se condena a muerte a seres inocentes.

¿Qué podemos esperar de una sociedad que permite asesinar a niños no nacidos, por egoísmo de los mayores?
¿Qué valores van a respetar los que no respetan el derecho a vivir de sus hijos inocentes?
126

El Papa Juan Pablo II dijo en Polonia el 4 de junio de 1991: «Ningún gobierno tiene derecho a autorizar la muerte de seres humanos inocentes».
«El hombre progresa en la medida en que mejora».
«Progresar no es tener más, sino ser más y mejor. Permitir asesinar a seres humanos inocentes no nacidos, no es progresar. Es retroceder. Dar muerte voluntariamente a una persona inocente es siempre pecado mortal».

La Comisión Permanente del Episcopado Español ha publicado una declaración donde afirma (en el nº 6) que «el Estado no tiene autoridad para decidir que sea permisible suprimir la vida de un ser humano inocente»
127.

El 15 de octubre de 1993 Monseñor Elías Yanes Presidente de la Conferencia Episcopal Española, en el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria, hablando del derecho a vivir de los seres humanos concebidos pero todavía no nacidos, expresó estas ideas:
«El derecho a vivir es un derecho fundamental que el legislador no crea sino que debe reconocer y proteger.
»Nadie, aunque no sea católico, tiene derecho a condenar a muerte a un inocente.
»El derecho a vivir de un ser humano inocente no depende de las opiniones humanas.
»El Estado no puede amparar legalmente la licitud de dar muerte a un ser humano inocente.
»Por encima de las leyes humanas está la ley natural, y ningún gobierno puede legislar contra la ley natural.
»Si bastaran las leyes humanas para hacer moralmente aceptable cualquier cosa, estarían justificados los crímenes de Hitler y Stalin que ellos ampararon legalmente».

El 22 de septiembre de 1998 se votó en el Parlamento Español una ley sobre la ampliación de la despenalización del aborto.
Naturalmente la Iglesia reaccionó en contra.
Esto se manifestó en la homilía de la misa de Monseñor Elías Yanes en la clausura del Congreso Mariano celebrado en Zaragoza diez días antes. Tuvo palabras muy fuertes contra los políticos responsables de que se aprobase esa ley inicua que daba a las madres «licencia para matar» a sus propios hijos.
Estas palabras molestaron a socialistas y comunistas, que son los que defienden el aborto, acusándole de meterse en política.
Monseñor Yanes contestó que si ellos le prohibían hablar del 5º mandamiento que dice «NO MATARÁS», ¿de qué asunto le iban a dejar hablar?
Evidentemente Monseñor Yanes encontró el apoyo de los obispos españoles. Algunos con frases muy brillantes.

El Arzobispo de Sevilla Monseñor Amigo dijo que es muy triste que el seno de una madre en lugar de ser un nido acogedor se convierta en un patíbulo para su hijo.

D. Antonio Montero, Arzobispo de Mérida-Badajoz, dijo a los políticos que defendían el aborto que ellos podían hacerlo hoy porque sus madres no pensaban como ellos, pues de haber sido así ellos al nacer hubieran ido al cubo de la basura.

Monseñor Juan José Asenjo, Secretario de la Conferencia Episcopal Española, en una entrevista que le publicó ABC de Madrid
128 dijo que hablar del derecho de las madres al aborto es una monstruosidad. Sería como si los terroristas pidieran una ley que les autorizase a los coches-bomba y tiros en la nuca.

El mismo Monseñor Yanes en la Tercera Página del ABC de Madrid publicó un artículo ratificando las mismas ideas de la homilía de Zaragoza. Entre otras cosas dice:
«Se trata de dar un tipo de legislación que equivale al aborto libre. (...)
»A nadie le es lícito, desde el punto de vista ético, eliminar voluntariamente la vida de un ser humano inocente. (...)
»Algunos hablan del derecho al aborto.
»Nadie tiene derecho a dar muerte a un ser humano inocente.
»Y nadie puede conceder este derecho. Ni el Estado, ni la sociedad ni la mayoría de votantes.
»El derecho a la vida no es una concesión que hace el Estado o que hace la sociedad.
»Es un derecho anterior al Estado mismo, anterior a la sociedad.
»Si no se respeta el derecho a la vida, no se respeta ningún otro derecho del sujeto cuya vida ha sido eliminada.
»Las disposiciones del Estado favorables al aborto voluntario, podrán ser “legales”, pero son objetivamente inmorales e injustas.
»Carecen, por tanto, de un elemento esencial a toda ley digna de ser respetada: la justicia.
»Son leyes inicuas.
»Está plenamente justificada la objeción de conciencia y la resistencia la ley»
129.
La votación del Parlamento Español rechazó la ampliación del aborto
130.

Los abortistas protestaron de que se les llame «asesinos», pues para ellos el derecho de las madres a matar a sus hijos es ser «progresistas»
131; y encima acusaron a la Iglesia de intransigente132 por defender la vida de seres humanos inocentes e indefensos de la agresión que maquinaban contra ellos los más «fuertes» que querían asesinarlos.

Es curioso que muchos ecologistas son abortistas. Defienden a las plantas y a los pajaritos, y no les importa asesinar seres humanos.

La jurista María Dolores Vila-Coro ha publicado en el ABC de Madrid
133 un interesante artículo sobre el aborto en el que hace referencia a dos sentencias judiciales notablemente relacionadas:
El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 5 de Cáceres condenó al propietario de un perro por haberlo matado; y la Sala 1ª del Tribunal Supremo condenó a un médico por no haber informado a una madre que su hijo iba a nacer mongólico, privándola así de la posibilidad de abortar.
Por lo visto, para algunos, matar un perro es más delito que matar al propio hijo.

Un párroco de La Rioja fue multado por retirar de la torre de su iglesia unos huevos de cigüeña; pero no se castiga a la madre que mata a su hijo.
Y es que, como dice monseñor Bira, Obispo de La Rioja, «el feto humano no es especie protegida»
134.

Monseñor Gea, Obispo de Mondoñedo, ha publicado una pastoral titulada El hombre, especie no protegida. Dice entre otras cosas:
«Está muy bien que se multe a quienes destruyen nidos de cigüeñas o de águilas reales.
»Lo que es un contrasentido es que no se castigue también a quienes destruyen vidas humanas.
»¿Es que el que destruye vidas humanas inocentes en el seno de su madre, es menos asesino que el terrorista que pone un “coche bomba”?
»¿Qué dirían los políticos que defienden el aborto por “angustias” de la madre, si nos negáramos a pagar tributos exagerados por las “angustias” que esto nos produce?»
135.

Si se permite quitar la vida de un ser humano inocente, ¿qué otra cosa más grave se puede a prohibir?

A mediados de septiembre de 1994 murieron el mismo día dos niños, Marcos Alegre, de trece años, y Judit Rivera de catorce, porque sus padres, Testigos de Jehová, se negaron a que les hicieran una transfusión de sangre que les hubiera salvado la vida.
Esto es lamentable.
Pero es ridículo que la ministra socialista de Asuntos Sociales, Cristina Alberdi, haga solemnes manifestaciones
136 contra el hecho de que por motivos religiosos unos padres dejen morir a sus hijos, pues los padres no tienen derecho a disponer de la vida de sus hijos. Y después ella promueve una ley que permite a miles de madres que asesinen a sus hijos inocentes, si así lo desean.

Defender el aborto criminal como un derecho de la mujer, es como defender la libertad del asesino para matar, y olvidarse del derecho que tiene la víctima a vivir.

¿Y si se trata de un embarazo por violación?
La situación de una muchacha embarazada por violación es triste, pero esto no justifica el aborto.
¿Qué culpa tiene el hijo?
¿Por qué se le va a condenar a muerte a él?
Si hay que castigar a alguien, es al violador. No va el hijo a pagar con su vida la culpa de su padre.
La honra de la madre no justifica el derecho a matar a su hijo.
Si es un hijo no deseado, que lo entregue en adopción, pero matarlo es un crimen.

Eso de que la madre puede disponer de la vida de su hijo es una monstruosidad. La madre tiene obligación de que su hijo viva, y si es culpable de su muerte, nadie le quitará ese remordimiento
137.
El aborto puede quedar impune ante la ley, pero no ante la conciencia; el remordimiento no la dejará dormir tranquila.
Así me lo aseguraba una chica que se despertaba sobresaltada por las noches, mucho tiempo después de haber practicado el aborto, por el remordimiento de haber asesinado al hijo de sus entrañas. Me decía: «Padre, a veces me despierto viendo a mi hijo a quien asesiné».
Decía el Dr. Wilke: «Es más fácil sacar un bebé del útero de una mujer que de su conciencia»
138.
«Todo confesor experimentado sabe que el aborto es un pecado que muchas mujeres no se perdonan a sí mismas, ni siquiera después de haber sido perdonadas por Dios. Los médicos y los psiquiatras saben también hasta qué punto las mujeres que han abortado voluntariamente sufren traumas psíquicos»
139.

El doctor D. Antonio Peco, ginecólogo, con treinta años de profesión en la Seguridad Social y en su clínica privada, me habló del trauma psíquico que sobreviene después del aborto:
a) Remordimientos de conciencia por haber asesinado a su propio hijo.
b) Mujeres que tenían uno o dos hijos y abortaron al que venía de camino. Después perdieron uno o los dos hijos, y viven desesperadas, pues ya es tarde para encargar otro.
c) Matrimonios que no tienen valor de mirarse a la cara después de haber abortado, y terminan rompiendo definitivamente.
d) Padres que ayudan a sus hijas a abortar, y después terminan odiándose mutuamente.
Con razón los psicólogos austríacos reconocen gran cantidad de neurosis y depresiones en mujeres que han abortado voluntariamente
140.

Para consultar el artículo completo:


Aborto (1)

Aborto (3)

 

 

 

 







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