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Aborto terapéutico: perspectivas médica y ética
Es un hecho que los avances de la medicina han reducido las situaciones de real peligro para la vida de la madre embarazada y por ende para su hijo en gestación. Estas son excepcionales


Por: Dr. Fernando Chomali et al | Fuente: Centro de Bioética, Universidad Pontificia de Chile



Existen muchos casos en la práctica médica, especialmente en la gineco-obstetricia, en los que se producen interrupciones del proceso normal de embarazo, ya sea en forma natural o por indicación médica, que no entran en nuestro análisis, por no estar involucrado el elemento esencial del tipo de aborto que nos ocupa, es decir, la acción dirigida a la occisión del feto.

Se trata de los abortos espontáneos, las interrupciones del embarazo por comodidad (cuando se planifica una fecha de parto), o las que se efectúan para salvaguardar la salud de la madre o del niño, pero con la intención clara de salvar ambas vidas, por ejemplo en casos de síndrome hipertensivo o de retardo de crecimiento fetal por mal funcionamiento placentario, etc.

En estas situaciones, el médico, a la luz de sus conocimientos y adecuada competencia, realiza un juicio de proporcionalidad de todos los efectos previsibles para la madre y el o los fetos, que le permita decidir una acción, como por ejemplo inducir el parto o realizar una operación cesárea, orientada al bienestar de sus dos o más pacientes. En estas condiciones nos hallamos frente a una acción claramente terapéutica, cuyo objetivo final es salvar las vidas que se encuentran o podrían encontrarse en peligro. Este fin se pretende alcanzar a través de una acción moralmente lícita que entra dentro de las decisiones que el médico habitualmente toma en estas circunstancias.

El conflicto surge en aquellos casos en que por diversas causas se solicita la actuación del médico o éste se ve obligado a tomar una decisión, en el sentido de realizar o no una intervención cuyo objetivo es terminar con la vida del no nacido. Es decir, practicar un aborto como “terapia” para proteger la salud o la vida de la madre. Ello sin duda que lleva grabada una serie de cuestionamientos éticos que no se pueden soslayar.

La resolución de este conflicto se ve agravada porque, analizando más detenidamente las causas de aborto por salud materna, nos encontramos con una variada gama de visiones y puntos de vista respecto de lo que sería “terapéutico” en lo que a aborto se refiere.

En efecto, para algunos cualquier aborto procurado sería terapéutico (B.Viel) 7 ; para otros, lo sería cualquier aborto provocado por un médico. Por último, otros sostienen que sería terapéutico cuando se puede agravar el pronóstico materno o cuando hay peligro vital para la madre en situaciones médicas complejas como el síndrome hipertensivo del embarazo severo y precoz, embarazo ectópico con embrión vivo, infección ovular con feto vivo, etc.

Las dos primeras concepciones de aborto “terapéutico” están avaladas por una visión demasiado amplia del concepto de salud de la madre y de acción terapéutica, que incluso llega a prevalecer por sobre el concepto de derecho a la vida que tiene todo ser humano desde el momento de la concepción 8.

Nuestro propósito es abordar el último de los tres escenarios descritos intentando responder a las siguientes preguntas que surgen, por ser de gran interés: ¿es lícito interrumpir el embarazo?, ¿es lícito dejar que mueran ambos?, ¿se está provocando un aborto?, ¿se está cometiendo un delito?, ¿es necesario cambiar la legislación que rige en nuestro país?

Antes de proceder al análisis de esta situación, y con la única intención de responder de modo adecuado a estas preguntas, creemos necesario hacer una observación que deberá estar presente como marco de referencia para adoptar una posición adecuada sobre la materia.

En efecto, es un hecho que los avances de la medicina han reducido las situaciones de real peligro para la vida de la madre embarazada y por ende para su hijo en gestación. Estas son excepcionales 9. Hay casos en que existe un agravamiento real de la salud materna, pero ello puede ser afrontado con métodos terapéuticos muy distintos de truncar la vida del concebido (la diálisis periódica en los embarazos afectados de insuficiencia renal grave; la cardiocirugía en mujeres con defectos cardíacos). Desde el punto de vista ético,la única terapia lícita es la que busca la salud de la madre y del feto. Además se ha de reconocer que como acto capaz de sustraer a la paciente a un peligro de muerte inminente y como intervención terapéutica insustituible para lograr esta finalidad, el aborto terapéutico ha perdido realmente mucho terreno y no encuentra lugar entre los modernos criterios asistenciales. Por el contrario, en muchas circunstancias agudas se ha revelado más perjudicial que útil, precisamente por el estado de “descompensación materna” 10.

Como la figura del llamado “aborto terapéutico” se ha ido convirtiendo en una verdadera “epidemia” a nivel mundial, aduciéndose como razón para su práctica y despenalización evitar peligros graves para la salud de la madre, creemos necesario dar documentos bibliográficos con datos estadísticos que muestran cómo ha habido un enorme incremento de los abortos provocados al año, en los países en que la legislación ha sido claramente liberalizadora 11.

Consideraciones ético - antropológicas

El punto de partida de cualquier reflexión que se haga respecto del feto y del cuidado que se le debe prestar es que se trata de una persona.

En efecto, después de la unión de los gametos estamos en presencia de un ser humano de naturaleza racional, que se irá desplegando en el tiempo a medida que se vayan constituyendo los órganos necesarios para ejercer plenamente la inteligencia y la libertad. Muchas personas plantean que enfrentadas al caso de tener que decidir por la vida del feto o de la madre, optarían por la segunda, en virtud de ser adulta y tener en cierto sentido un estatuto superior al no nacido. En realidad ello constituye un error. En el caso del feto, el hecho de no ejercer las operaciones propiamente humanas, ya sea por el estadio de desarrollo en el que se encuentra, ya sea por algún defecto o enfermedad surgida en su desarrollo, no significa que no exista un sujeto de naturaleza racional, un ser humano que no merezca respeto y al que no se le deba respetar el derecho a la vida.

Por lo tanto, el médico enfrentado a una mujer embarazada debe, desde ese mismo instante considerar que se hallan frente a él dos pacientes (o más, si es un embarazo múltiple), aun cuando uno de ellos no pueda solicitar por sí mismo todavía su protección y cuidado.

De lo anterior se desprende la irracionalidad de toda acción realizada por un médico cuyo fin sea provocar la muerte del embrión o feto.
En el momento de actuar, el médico debe hacerlo en base a un juicio prudencial, con la competencia que le es propia en cuanto médico, lo que implica evaluar con ciencia y en conciencia los efectos previsibles de su acción, de tal manera de tomar una decisión de acuerdo con lo que es previsiblemente bueno para la salud de sus dos o más pacientes.

La igualdad fundamental de todos los seres humanos, independiente del estadio de desarrollo, implica valorar al feto como persona, el que por lo tanto adquiere el estatus de paciente para el médico. Esta constatación descarta ipso facto como lícita cualquier interrupción de un embarazo con la intención de eliminar un feto enfermo o con probabilidades de estarlo (aborto eugenésico).

La misma consideración hace ilícitas las interrupciones llamadas libres, las “éticas” y por cierto las “terapéuticas”.

Cualquiera de los efectos previsibles, relacionados o no con la salud de la madre, difícilmente podrá equipararse con el resultado previsible de la muerte de una persona. El médico, a la luz de la razón y del “ethos” propio de la medicina, debe reconocer el valor absoluto que representa la vida humana inocente y el respeto incondicional que le es debido. Este fundamento racional es iluminado y enriquecido por el reconocimiento de la esencial dignidad que posee el hombre en cuanto creado a imagen y semejanza de Dios. Por ello, es posible concordar en que no existe otro valor que pueda considerarse como superior al respeto de la vida de una persona.

Investigadores Principales
Dr. Mauricio Besio Pbro. Fernando Chomali
Dr. Jorge Neira Prof. Ángela Vivanco

Investigadores Asociados
Srta. Paola Rivas Srta. Eliana Zúñiga

Editores
Pbro. Fernando Chomali
Srta. Carla Robledo
Sra. Pilar Rogat

Preguntas o comentarios al autor

Para consultar el artículo completo:

Aborto terapéutico: consideraciones generales

Aborto terapéutico: aspectos jurídicos

Aborto terapéutico: Magisterio de la Iglesia

7 «... salud para la OMS es la condición de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad. Ante tal definición me pregunto, ante una mujer que solicita aborto y que está físicamente sana, ¿está acaso mental o socialmente sana? Si no lo está, tendría su salud alterada y si la tiene, la medicina debe ayudarla. Al aceptar tal definición todo aborto inducido es terapéutico». Requena M. Aborto inducido en Chile, Edición Sociedad Chilena de Salud Pública,1990. regresar

8 Es de gran interés estudiar los fundamentos antropológicos que avalan las dos primeras posturas, pero escapa al objetivo de este estudio, por lo que no será abordado. regresar

9 La Academia de Medicina del Paraguay emitió el 4 de julio de 1996 una declaración en la que plantea que “ante patologías de la madre o del feto que surjan durante el embarazo, la medicina moderna, utilizando la tecnología disponible en reproducción humana, cuenta con los medios para conservar la vida de la madre, el fruto de la concepción y combatir consecuentemente la mortalidad perinatal”. regresar

10 Cf. Sgreccia E., Manual de Bioética, Ediciones Diana, México, 367. regresar

11 Cf. Spaziante E., L’ aborto nel mondo, Aggiornamento statistico-epidemiologico in tema di aborto legalmente registrato, en Medicina e Morale 1998/2, 313-368. regresar

Investigadores Principales
Dr. Mauricio Besio Pbro. Fernando Chomali
Dr. Jorge Neira Prof. Ángela Vivanco

Investigadores Asociados
Srta. Paola Rivas Srta. Eliana Zúñiga

Editores
Pbro. Fernando Chomali
Srta. Carla Robledo
Sra. Pilar Rogat





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