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3. El Código Ético Mundial para el Turismo

3. El Código Ético Mundial para el Turismo
En los parámetros señalados por estos documentos, el Código se declara a favor de “un turismo responsable y sostenible, al que todos tengan acceso”. Las razones de esta opción, así como las condiciones que deben darse, viene expuesto a lo largo de los


Por: Rev. Prof. Jordi GAYÀ ESTELRICH | Fuente: www.vatican.va




En los parámetros señalados por estos documentos, el Código se declara a favor de “un turismo responsable y sostenible, al que todos tengan acceso”. Las razones de esta opción, así como las condiciones que deben darse, viene expuesto a lo largo de los 10 artículos que integran el Código.

Los cinco primeros sirven para referir la contribución que el turismo puede aportar, tanto a la persona como a la sociedad o a las relaciones entre los países. Al señalar al turismo “como un medio privilegiado de desarrollo individual y colectivo”, se menciona ante todo el que se le considere “un factor insustituible de autoeducación, tolerancia mutua y aprendizaje de las legítimas diferencias entre pueblos y culturas y de su diversidad” (2.1). Esta función del turismo deriva del “contacto directo, espontáneo e immediato que permite entre hombre y mujeres de culturas y formas de vida diferentes”.

Las propuestas que inspiran el Código son ciertamente muy sugerentes. Introducir una regulación que pretenda con realismo ser globalmente aceptada, supone una dosis muy considerable de mediación y prudencia. Sin embargo, es necesario constatar que el Código no adelanta formas de comportamiento realmente innovadores, ni se enfrenta realísticamente a la situación presente.

El desarrollo sostenible es la respuesta adecuada a un principio de la realidad que se ha impuesto definitivamente a la conciencia humana: los límites del crecimiento. Estos límites no señalan el hasta dónde, sino el cómo es posible asegurar el desarrollo de la humanidad, es decir el acceso de todos los hombres y mujeres al pleno ejercicio de sus derechos.

El turismo se propone como realización de algunos de estos derechos, que, por cierto, son de los más importantes, como es el derecho al descanso y al tiempo libre. El gran reto que se le plantea al turismo, para cumplir esta función, es el de reconocer y adecuarse a los límites de su desarrollo.

A pesar de su peso económico, o precisamente a causa de él, se debería tener claro que no le corresponde al turismo elegir sus límites, sino que éstos le vienen impuestos. Para adecuarse a esta realidad, será necesario insistir más en la autoridad reguladora de las comunidades locales, no tanto en la forma de sus gobiernos, como en la inviolabilidad de su territorio, de sus costumbres o de su cultura.

El Código Ético Mundial para el Turismo es un punto de llegada. Como tal es la plataforma en que deben converger el comportamiento de turistas y comunidades receptoras, empresarios y trabajadores. Un punto de partida común para seguir buscando nuevos horizontes, humanistas y humanizantes, a una actividad que es clave para el desarrollo sostenible de hoy y de mañana.


Notas:
[1] La documentación citada es accesible, en general, a través de los servicios de documentación de las agencias de la ONU distribuidos por Internet. Se puede acceder al índice general de las Organizaciones de la ONU en el sito: http://www.unsystem.org.

[2] Durante la Cuarta Reunión de la Conferencia sobre Diversidad Biológica (Bratislava 1998) diversas delegaciones insistieron en el papel que el turismo puede jugar, según esté programado, tanto en la destrucción como en la protección de la diversidad biológica.

[3] En esta sesión, como se menciona en el CEMT, se dió a conocer la iniciativa de la OMT referente al Código.

[4] El tema fue estudiado en la Conferencia Mundial sobre la Valoración del Impacto Económico del Turismo, promovida por la OMT y celebrada en Niza en junio de 1999. El informe “Contabilidad satélite del turismo (CST). Cuadro conceptual”, se propone no sólo como un método para una mayor fiabilidad de los datos, sino como “un instrumento de normalización internacional de conceptos y clasificaciones”. La realidad básica a la que se pretende hacer frente es el hecho de que la economía turística está más directamente ligada al comportamiento de un visitante, antes que a estructuras concretas finalizadas al servicio de los visitantes.

[5] Esta política está claramente animada por la Agenda 21, cuando dice: “Sín el estímulo de los precios y otros signos de mercado por los que productores y consumidores vean claramente cuales son los costes medioambientales del consumo de energía, de materias y recursos naturales, y la producción de desperdicios, no resulta probable que los hábitos de producción y consumo sufran cambios importantes en un futuro próximo” (4.24).





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