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Las cosas son como son; aprende a ser feliz con ellas

Las cosas son como son; aprende a ser feliz con ellas
Raúl Espinoza Aguilera habla del anhelo a la felicidad y aquello que lo impide


Por: Raúl Espinoza Aguilera | Fuente: Yoinfluyo.com



Para poder redactar mi reciente novela "Vencedores" (en coautoría con el doctor Ernesto Bolio) por muchos años me dediqué a entrevistar a personas que sufren de adicciones y a recoger reflexiones de médicos psiquiatras.

Encontré un común denominador: todas las personas anhelamos ser felices. Muchos encuentran esa felicidad por caminos acertados, pero bastantes han elegido falsos derroteros que los conducen a precipicios profundos y de dolorosa recuperación, como el consumo de las drogas, del alcohol, del compulsivo uso del sexo (fuera del matrimonio), de la inmoderada y obsesiva adquisición de bienes materiales, o bien, se vuelcan sobre su trabajo profesional como finalidad única y excluyente de la familia y cualquier otra actividad humana.


Esto ocasiona, en la mayoría de los casos, trastornos emocionales, estrés y neurosis, en algunos casos bastante acentuados.

Como resultado de esas investigaciones realizadas, fue que me decidí a escribir este libro: "Si quieres, puedes ser feliz. Acerca de la madurez y la felicidad" (1), que responde a muchas de las interrogantes planteadas en la novela.

Sin duda, también existen toda una gama de pequeños temas por los cuales una persona pierde la serenidad y la paz: el disgustarse por asuntos sin importancia, la manía de estarse comparando con los demás, el afán de ser patológicamente perfeccionista, el alterarse ante los mínimos defectos de los que conviven con nosotros, el agobiarse si el trabajo aumenta, permitir que inunden en nuestro horizonte cotidiano pensamientos pesimistas o negativos.

Hay un pensamiento muy sabio del escritor Romano Guardini, quien afirma: "Las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran". ¿A qué se refiere? A que hay que aceptarnos a nosotros mismos con nuestras limitaciones, virtudes y defectos; a querer a los demás con sus pequeños defectos y, en tercer lugar, a aceptar la situación general de nuestro entorno laboral o familiar.

¿Pero se puede ser feliz cuando toca a nuestra puerta el dolor, la enfermedad, el sufrimiento o la muerte? Paradójicamente sí se puede. Por una parte, en el aspecto humano, un padecimiento nos ayuda a crecer en fortaleza, paciencia y madurez. Y espiritualmente, si esa enfermedad se la ofrecemos a Dios, entonces adquiere un inconmensurable valor, porque nos unimos a la Cruz de Cristo y contribuimos a la salvación de las almas.

Por ello es fundamental conservar la salud mental y adquirir una personalidad madura que sabe tener objetivos magnánimos en la vida, sin dejar de ser realista; que es tolerante, flexible y a la vez congruente con sus principios; que a los inevitables fallos y equivocaciones, los aprende a visualizar como retos, desafíos u oportunidades para crecer y enriquecerse como persona.

Finalmente, es importante mantener la alegría y el buen humor ante todas las circunstancias de la vida: ante las situaciones fáciles, regulares o francamente adversas. Nada se gana con dejarse llevar por la tristeza, la angustia, el abatimiento o la melancolía. En cambio, cuando una persona mantiene la serenidad y la paz puede reflexionar con mayor objetividad y solucionar mejor sus dificultades y problemas.

La risa y el optimismo son maravillosos recursos que tenemos los humanos para darle un sentido positivo a la vida, para estrenar con ilusión cada día, como si fuera el último de nuestra existencia.

(1) Espinoza Aguilera, Raúl, "Si quieres, puedes ser feliz. Acerca de la madurez y la felicidad". Panorama Editorial, México, 2011. 128 páginas. Se puede adquirir en las librerías de prestigio.

Blog: raulespinozamx.blogspot.com





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