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La religiosa: Virgen, Esposa y Madre
Algunas reflexiones sobre la maternidad de las Almas Consagradas


Por: Norma Peschard | Fuente: Catholic.net



Durante los festejos del 10 de mayo del año pasado participé de una misa ofrecida en acción de gracias por las madres. Al terminar la Misa, el sacristán se puso a la puerta de la Iglesia y fue entregando a cada mamá una rosa por cada hijo que ella tenía.

Si la mamá tenía un hijo, le daba una rosa, si tenía tres hijos, le daba tres rosas, si tenía cinco, le daba cinco rosas... Cuando salí yo, me preguntó sobre cuantos hijos yo tenía. Le expliqué que no tenía hijos pues soy consagrada, e inmediatamente me respondió que entonces debería de darme todas las rosas que tenía y que ni siquiera con ellas podría cubrir una por cada uno de mis hijos...

Pensé entonces en aquellas almas que me han sido encomendadas y en la maternidad espiritual que he tenido por cada una de ellas. Regresé entonces a casa reflexionando y festejando también en ese día la verdad de mi propia maternidad espiritual...

“Toda mujer está llamada a ser madre. Hay quienes lo son en el aspecto físico y hay quienes lo son en el aspecto meramente espiritual, pero toda mujer lleva en sí misma la esencia de la maternidad”.

De acuerdo a esta afirmación de Pío XII, que festejar a la madre es festejar a la mujer, a toda mujer.

En su exhortación apostólica sobre la vida consagrada, Juan Pablo II hace referencia a la maternidad consagrada al mencionar en el número 57 que:

“Las mujeres consagradas están llamadas a ser una manera muy especial, y a través de su dedicación vivida con plenitud y con alegría, un signo de la ternura de Dios hacia el género humano y un testimonio singular del misterio de la Iglesia, la cuál es VIRGEN, ESPOSA Y MADRE...”

Las mujeres consagradas, abrazando libre y alegremente nuestra castidad velamos por, y testimoniamos, la pureza del amor (virgen). Al unirnos esponsalmente a la fuente del amor, que es también el Amor mismo (esposa), damos vida al amor en este mundo (madre), es decir, las mujeres consagradas ejercemos nuestra maternidad también dando a luz a la vida (espiritual) a muchas almas.

Hay muchos casos de mujeres consagradas en la historia de la Iglesia que han sabido sondear el misterio de su maternidad y han logrado analizar su acción en las almas a ellas encomendadas, velando, cuidando, protegiendo, formando, alimentando a sus hijos espirituales. Ejemplos claros de ellas son Teresa de Jesús, Catalina de Siena, Teresita de Lisieux, entre otras.

El caso más claro de esta maternidad consagrada lo tenemos en María, madre de Dios y madre nuestra. Ella, modelo de mujer consagrada plena, también en su maternidad, dando a luz a los hombres a la vida de fe, de esperanza, de caridad. Ha velado, protegido, formado, guiado a cada uno de sus hijos. Su misión de Madre la ha llevado acabo con profundidad y con mucha alegría. Ella dio a luz a Jesucristo, Carne de su carne. Ella también nos ha dado a luz a nosotros, que no nacimos directamente de su carne. Ella, sin embargo, es Madre de todos, la mejor de las madres. Su maternidad viene implícita en su identidad femenina.

Su vocación se realiza plenamente en su maternidad también. Ella es MUJER, su identidad de mujer consagrada también implica que sea Madre de muchas almas, y en su caso de todas las almas.

Concluyamos agradeciendo a Dios el don maravilloso de nuestra maternidad consagrada, y sigamos dando la vida para dar a luz a muchos también a la vida de fe, a la vida de esperanza y a la vida en el Amor.

¡MUCHAS FELICIDADES EN ESTE DÍA DE LAS MADRES!

 

 

 

 







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