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6. La Formación del Corazón y la Virtud de la Caridad. Curso Herramientas para educar en las virtud

6. La Formación del Corazón y la Virtud de la Caridad. Curso Herramientas para educar en las virtud
Curso en línea: Herramientas para educar en las virtudes ¡Gratuito!


Por: Pilar Varela, Mayra Novelo | Fuente: Herramientas para Padres



Sesión 6


La Formación del Corazón y la Virtud de la Caridad




Caridad virtud reina del cristianismo



Autoanálisis

Responde las siguientes preguntas y anota la calificación que consideras tener en relación con la formación de tus hijos y alumnos. La notación será del 1 al 10.
1. ¿Cómo clasificaría el corazón de cada uno de mis hijos y de cada uno de mis alumnos?

a) Egoísta
b) Susceptible
c) Magnánimo
d) Rencoroso
e) Caritativo
f) Misericordioso

Calificación que me doy como formador (a) de estos corazones:

2. ¿Su caridad es universal (abarca a todas las personas) o por lo general, establecen diferencias entre las personas?

Calificación que me doy como formador (a) de estos corazones:

3. Marca con una x las características con las cuales crees se identifican más tus hijos y tus alumnos:
- Un corazón puro
- Un corazón sincero
- Un corazón generoso
- Un corazón fiel
- Un corazón que busca el bien para todos
- Un corazón celoso
- Un corazón inseguro
- Un corazón amargado
- Un corazón con preferencias
- Un corazón egoísta

Calificación que me doy como formador (a) de estos corazones:

4. Su relación y trato con los demás, ¿es reflejo de su amor a Cristo?

Calificación que me doy como formador (a) de estos corazones:

5. ¿Tratan a los demás como les gustaría que los trataran a ellos?
Calificación que me doy como formador (a) de estos corazones:


El Corazón

El corazón es la fuente y guía de nuestro amor, el motor de nuestra entrega. Más de una vez nos hemos descubierto sintiendo cariño, simpatía o rechazo hacia alguna persona sin conocer el motivo. Esos sentimientos determinan nuestro trato hacia ella; a veces quisieramos cambiar, pero sentimos que el corazón nos maneja. Si Dios nos da un corazón para amar, ¿por qué nos cuesta tanto hacerlo? Principalmente, porque no conocemos nuestro corazón. Y puedes estar seguro de que tus alumnos, tus hijos o las personas que te rodean, tampoco conocen el suyo.

Para que este corazón arranque y funcione plenamente, es necesario conocerlo; al igual que sus cualidades y defectos para saber cómo formarlo. El corazón debe dedicarse a su labor fundamental: amar. Un corazón que sabe amar se desarrolla de manera normal y logra la felicidad, se realiza plenamente.

El corazón es el lugar donde brota el amor. Cuando hablamos de corazón, generalmente nos referimos a todo lo que sentimos y queremos en relación con las personas.
Vamos a ver cómo podemos ayudar a nuestro corazón para que se dedique a esta función fundamental, y cómo hacemos para que el corazón de tus alumnos e hijos, lata a este mismo ritmo.

Características del corazón de Jesucristo

Veamos el corazón de Cristo para descubrir qué hay en él, qué no hay en el nuestro y en el de los alumnos e hijos, y así buscar conquistarlo.

-Un corazón puro. Cristo en Belén nos enseña la pureza, nos dice que sólo los ojos limpios pueden ver a Dios.
-
- Un corazón manso y humilde: Jesucristo mismo nos lo dijo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”
- Un corazón libre: Cristo tenía un corazón sin fronteras para amar.
- Un corazón sincero: Cristo ama desinteresadamente.
- Un corazón apostólico: el amor de Cristo sale a buscar a los hombres porque quiere salvarlos a todos.
- Un corazón misericordioso: perdona siempre y a todos.
- Un corazón profundo.
- Un corazón generoso: no calcula su entrega.
- Un corazón fiel.

Formación del corazón

Un corazón sano mantiene un ritmo y una frecuencia en parámetros normales, se adapta a situaciones de estrés con facilidad. Espiritualmente, un corazón normal ama espontánea y equilibradamente, busca el bien del otro y se entrega a él, se alegra amando y sirviendo; su amor se hace entrega.

Formar el corazón significa, por lo tanto, hacerlo grande. Entonces, ¿cómo formar el corazón de mis alumnos e hijos para que sea como el de Cristo?

• Conocerlos y ayudarlos a conocerse: enseñarles a hacer un examen de conciencia, a reconocer sus cualidades y defectos, sus intereses e intenciones; y compararlos con los del corazón de Cristo.
• Dominio personal: ayudarles a formar sus sentimientos y emociones (en el próximo tema lo trataremos a fondo) de acuerdo con los de Cristo, buscando llenar su corazón con los sentimientos e intereses de Cristo. Hacerles analizar su manera de pensar, de sentir y actuar.
• Cultivar un creciente amor a Cristo
• Que hagan continuos actos de caridad
• Formar su voluntad
• Que siempre perdonen
• Ayudarles a optar por el bien mejor: para ello deben ejercitarse en la renuncia personal, que es magnífica para forjar y ensanchar el corazón.
• Enseñarles a respetar a los demás.
• Rezar con ellos a Dios por todas las personas, pero especialmente por aquellas con quienes tienen alguna dificultad.
Un corazón mal formado va a deformar necesariamente nuestras relaciones con Dios y con los demás, incluso con nosotros mismos. ¿Qué pasa cuando el corazón no está bien formado?

• Coarta la libertad, nos hace esclavos de nuestros gustos y caprichos.
• Afecta considerablemente la capacidad de atención y dedicación al trabajo, a los deberes diarios.
• Un corazón disperso no se puede centrar en lo que le corresponde cada momento.
• Nos hace juzgar erróneamente a las personas.
• Nos hace destruir nuestra relación con las demás personas.
• Provoca descontento continuo con uno mismo y con nuestros semejantes.
• Envenena a la persona, con el resentimiento y el desprecio.

Y, ¿cómo es un corazón que sabe amar? Puro en sus intenciones, busca darse más que recibir, con un amor generoso, no posesivo como lo hace el egoísmo. ¡Cuántos modelos tenemos de esos gigantes en el amor, de esos corazones grandes que nos conquistan con su bondad, su caridad, su alegría, su entrega!

Muchas veces creemos que amar significa luchar para que la persona amada piense, haga y diga lo que nosotros estimamos conveniente. Esto es contrario al verdadero amor que busca siempre el bien para los demás. Del corazón brotan las buenas y malas acciones. Todos debemos esforzarnos por fomentar en nuestra vida la bondad de corazón que nos lleve a pensar y hablar siempre bien de los demás y sobre todo un corazón que regale constantemente el don del perdón.

señales de Peligro

• Hacer y consentir distinciones con las personas (ésta sí, ésta no).
• Favoritismos o preferencias
• Búsqueda exagerada del aprecio, la estima y el apoyo de los demás.
• La inseguridad: personas que viven con el temor constante de ser agredidas, ignoradas o rechazadas por los demás.
• Pesimismo en relación a los otros: no me quieren, no me valoran, no me hacen caso
• Maledicencia: hablar constantemente mal del otro y justificando nuestra conducta al hacerlo.
• Tendencia a la crítica y desprecio hacia personas o instituciones
• Envidias y celos
• Frialdad e indiferencia hacia los demás
• Cuando el trato con los demás esta gobernado por lo que siento en el momento (sentimentalismo) o lo que me imagino que es esa persona (complico interiormente las acciones, palabras o gestos del otro, sin conocer realmente como es)
• Cuando me siento con mucha facilidad, ofendido o herido sin motivo fuertes y veo a esa persona que me ofendió con desprecio, con recelo, con resentimiento.
• Cuando me siento herido ante un comentario crítico, una llamada de atención, una mirada de indiferencia o de desprecio, un determinado tono de voz, una ironía.
• Cuando ante una omisión de los demás: no me felicitaron el día de mi cumpleaños, porque alguien no me saludo, no me dio las gracias o no me invitó a la fiesta; parece que el mundo se viene encima y me siento sumamente agredido (a), triste y lleno de amargura.
• Cuando vivo con inseguridad y con el temor constante de sentirme agredida, ignorada o rechazada por los demás.
• Cuando suelo decir “perdono pero no olvido” y me condeno a vivir con el veneno del rencor y del odio dentro.


Formar el corazón significa desarrollar el don más grande que Dios nuestro Señor ha querido compartir con nosotros, el don del amor. Un corazón bien formado llega a la santidad fin de toda vida cristiana.

Virtud de la Caridad

Caridad es la virtud teologal que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y amar a los demás como a nosotros mismos. Sus características principales son el perdón, la delicadeza y la universalidad (porque trata bien a todos).

Hay muchos aspectos implicados en un corazón caritativo. San Pablo nos recuerda algunos: “La caridad es paciente, es servicial, no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa, no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de las injusticias; se alegra con la verdad”. I Col 13, 4-6

La autenticidad de Toda virtud tiene su base en la caridad; sin embargo, vivimos en un mundo donde el valor principal no es la caridad sino el egoísmo: que yo me divierta, que yo esté bien, que yo esté cómodo, que yo me sienta bien,… aunque con ello dañe al otro.

A los hombres se les mide por el corazón, por el amor; por eso la grandeza de un hombre se observa en la manera de tratar al prójimo.

Se trata de un mandamiento nuevo, el más importante que Cristo nos ha regalado como su testamento y distintivo de sus seguidores. Es el sello del auténtico y fecundo testimonio cristiano que lleva a servir a todos los hombres, especialmente a los más necesitados, para ayudarles a encontrar en Cristo el sentido de su vida y la salvación. Todo cristiano debe ser para los que le rodean un signo visible del amor de Dios a los hombres.

La caridad tiene que ser ante todo positiva, haciendo el bien a los demás, brindando apoyo, estima sincera y fraterna y sirviéndoles en lo que sea posible. Debemos aprender a sobrellevar las cargas del prójimo, a silenciar sus errores y ponderar sus cualidades y virtudes, a compartir sus éxitos y fracasos, a reconocer sinceramente su competencia en el campo respectivo y, si es necesario, defenderlo con prudencia, nobleza y decisión.

La vivencia de la caridad ha de tener su primera expresión en el hogar, por ser en él donde la convivencia serena y armónica puede encontrase más amenazada, dada la cercanía y la frecuencia de las relaciones interpersonales.

Para ello recomendamos:

• Crear en el interior del marco familiar, un ambiente de confianza, comprensión, alegría, intereses compartidos, perdón, disponibilidad y apertura, de tal manera que tanto las relaciones de los esposos entre sí, como la de éstos con sus hijos, la de los hijos con sus padres y la de los hijos entre sí, estén impregnadas del amor mutuo. Hablar de esto con los padres de familia de nuestros alumnos.
• Sensibilizar a los hijos y alumnos a comprender y ayudar a sus padres, preocupándose por ellos.
• Tratar de solucionar los problemas y diferencias por medio del diálogo constructivo, en el que todos estén abiertos a los puntos de vista de los demás, considerándolos desapasionadamente y haciendo el esfuerzo de armonizar los intereses personales con los de la familia, sabiendo renunciar generosamente a sí mismos en el bien de los demás.
• Disculpar y perdonar siempre.


Elementos del amor

Alguna vez habrás escuchado la frase “El arte de amar”; veamos cuales son los elementos distintivos de este arte:

1. Ser el primero en amar
2. Amar a todos
3. Amar al enemigo
4. Amar dando la propia vida, dándose a uno mismo.
5. Amar sirviendo

Hace falta un gran corazón para vivir la caridad madura, en paz y armonía. Implica salir de uno mismo, romper las propias barreras, pensar en los demás antes que en uno mismo.

Claves para lograr el éxito en la virtud

Caridad interna
• Bondad de corazón: aceptar a cualquier persona independientemente de lo que yo sienta por ella, silenciar sus errores, ponderar sus cualidades y virtudes. Alegrarme por sus éxitos.
• Pensar bien de los demás: contrarrestar la tendencia natural del dicho popular “piensa mal y acertarás” con una actitud cristiana, es decir, “cree todo el bien que se oye, no creer sino el mal que se ve y aun ese mal, saber disculparlo”.
• Donación universal y delicada

Caridad externa
• Benedicencia: hablar siempre bien de los demás, descubrir y alabar lo bueno y disculpar lo malo
• Evitar la crítica, la murmuración y la burla.
• Servir desinteresadamente
• Colaborar generosamente
• Dar sin medida, sin buscar recompensa
• Tratar bien a todos: con aprecio, respeto, bondad y sencillez.

Todo esto se logra cuando el corazón vive el don del perdón. Y ¿cómo se vive este don?

• Disculpar y perdonar: si camino por la calle y me tropiezo perdiendo el equilibrio e involuntariamente arrojo al suelo a la persona que está cercana a mí, lo que procede es pedir disculpa. Si esa persona se da cuenta que mi acción fue involuntaria, me disculpará. En cambio si esa persona, al llegar a su casa, insulta a su esposa, no basta que solicite ser “disculpada”: deberá pedir perdón, porque ha sido culpable de la ofensa cometida. Por lo tanto, se disculpa al inocente y se perdona al culpable.

En la vida ordinaria es frecuente que muchas acciones aparentemente ofensivas se interpretan como agresiones culpables, cuando en realidad no lo son, porque carecen de intencionalidad.

• Perdonar: El perdón No es un sentimiento, perdonar No equivale a dejar de sentir (dolor, odio, venganza). El perdón es un acto de voluntad y un don de la misericordia de Dios. Es un acto de voluntad porque consiste en una decisión. Al perdonar opto por CANCELAR la deuda (herida, mal, ignorancia, crítica) que el otro ha contraído conmigo al ofenderme y, por tanto, lo libero como deudor. No es suprimir la ofensa cometida y vivir como si nunca existió porque carecemos de ese poder. Perdonar es un don de la misericordia de Dios, por lo que debemos pedir a Dios esta gracia, sólo así la ofensa es aniquilada.

“Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre” CIC N° 2840

Dios respeta nuestra libertad. Condiciona intervenir para darnos este don a nuestra libre apertura para recibir su ayuda. Y la llave que abre el corazón para que el perdón divino pueda entrar, es el arte de perdonar libremente a quien nos ha ofendido, no sólo alguna vez, sino incluso de manera reiterativa.

Perdonar es la manifestación más alta del amor y en consecuencia lo que más transforma el corazón humano. Aquí el valor de la confesión sacramental, quien se ha sentido perdonado está más dispuesto a perdonar. “Nada nos asemeja tanto a Dios como estar dispuestos a perdonar” San Juan Crisóforo.



Como formar a mis hijos y alumnos en esta virtud

• No hablar nunca mal de nadie delante de tus hijos o alumnos
• Acostumbrarlos a pedir disculpas y disculpar siempre las ofensas de los demás
• Agradecer siempre y hacer que agradezcan siempre, hasta los mínimos detalles, que los demás hacen por ti y por ellos.
• Fomentar la actitud de servicio, siempre ayudar en lo que sea posible sin esperar nada a cambio
• Cuando se hable de alguna persona, valorar las cualidades y capacidades personales, aunque se traten de defectos…
• Estar abiertos a todos, tanto miembros de la familia como compañeros de clase.
• Tratar a todos bien, independientemente de lo que sienta por ellos
• Fortalecer el carácter, haciendo retos que exijan vencimiento personal (ver formación de la voluntad)
• Vivir para los demás con objetivos claros de servicio y de este modo conseguir el olvido propio, el no pensar demasiado en uno mismo.
• Cuando una ofensa supere la capacidad humana del perdón, con la ayuda de Dios, se puede llegar a perdonar hasta lo humanamente imposible…

Ejercicios para esta sesión

1. Te presentamos una serie de propósitos para trabajar con tus hijos y alumnos.

Primera semana: Haré todos los días un acto de servicio sin buscar que me lo agradezcan y especialmente a las personas que no me son muy simpáticas.

Segunda semana: Hablaré bien de los demás.

Tercera semana: Todos los días pensaré en una cualidad de la persona con la que me encuentre y en especial a aquella a la cual me sorprenda criticándola.

Cuarta semana: Pediré disculpas, cuando note que he ofendido voluntaria o involuntariamente a alguien. Perdonaré a quien todavía no he perdonado.


2. A ti formador te proponemos el siguiente ejercicio:

Revisar interiormente si hay alguna persona a la cual, no he perdonado y cancelar la deuda con una decisión de perdón sincero.


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