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La mirada de Jesús sobre María
Jesús

¿Cómo sería esa mirada? ¿Cómo fue, Virgen María? Fue para ti


Por: Luis María Martínez | Fuente: Jesús. Ed. La Cruz, México



Sobre las pajas del pesebre yacía el Niño Celestial envuelto en blanquísimos pañales. Su dulce Madre le contemplaba silenciosa, con el corazón deshecho de ternura, con el alma hundida en profunda adoración. Jesús abre sus ojos y de aquellos soles divinos brota la primera mirada de amor.

¿Cómo sería esa mirada? ¿Cómo fue, Virgen María? Fue para ti.

Muchas miradas se posarán sobre el Verbo humanado: la santa de José, la ingenua de los pastores, la de los magos henchida de deseos; y después la mirada fría de los indiferentes y la cruel y sacrílega de los enemigos..., ¡pero la primera al menos que sea digna de Jesús, la primera al menos que diga al Dios enamorado que viene a visitarnos, que también en la tierra se mira como se mira en los cielos...!

¡Y en la tierra de las lágrimas, en la gruta pobre y humilde de Belén, se realizó ante la admiración de los ángeles como un maravilloso trasunto del eterno misterio de la vida de Dios; y al fundirse las miradas de Jesús y de María en la santa unidad del amor, los cielos y la tierra se llenaron de la gloria de Dios y de la paz verdadera que los ángeles cantaron en aquella noche bendita!...

El misterio de esas dos miradas, único por su perfección, se sigue reproduciendo en los siglos en diferentes grados. Jesús quiere mirar a las almas como miró a María, y quiere ser mirado por ellas como lo miró María. Para eso vino a la tierra, para que mirándonos Él y mirándolo nosotros, nuestros corazones fueran arrebatados al hondo de las cosas invisibles, al seno de la Trinidad, y participáramos del misterio de la eterna mirada de amor. Así lo canta la Iglesia en el Prefacio de Navidad: “Ut dum visibiliter Deum cognoscimus, pero hunc in invisibilium amorem rapiamur.”

Martínez, Luis María. Jesús. Ed. La Cruz, México, 2001, p. 9-15.

 

 







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