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El sentido profundo de la amistad, base de la fraternidad
En este mes de enero, dedicado a la Jornada Mundial de la Paz hay un par de aspectos interesantes a considerar –entre otros muchos- como son la fraternidad y la amistad


Por: Raúl Espinoza Aguilera | Fuente: Yo influyo



La fraternidad: un anhelo común de la humanidad

Me parece que muchos recordamos el célebre poema del escritor alemán, Federico Schiller (1759-1805), en quien se inspiró el genio musical Ludwing Van Beethoven para componer la cuarta parte coral de su Novena Sinfonía, que comúnmente se le llama “El Himno a la Alegría”.

Aunque el trasfondo es el vehemente sueño del poeta y también del impetuoso músico para que llegue el día en que no haya más guerras ni odios ni venganzas ni rencores ni discordias sino que esperan con anhelo una nueva etapa de madurez y civilización en que la humanidad viva como una familia unida, como hermanos en concordia, tranquilidad y paz.

Un siglo XX: tan sorprendente como contradictorio

En el siglo XX, que nos ofreció sorprendentes avances en la ciencia y en la tecnología, ha sido –sin embargo- uno de los siglos más crueles y sangrientos por el número de guerras, matanzas y actos inhumanos.

¿Y qué acto más inhumano no es el que padres, médicos, enfermeras, autoridades civiles, legisladores se confabulen y nieguen el primero de los derechos de todo ser humano, como es el derecho a vivir de los no nacidos? Ya son muchos millones de abortos los que se han cometido en todo el mundo desde que se autorizaron “legalmente” hasta nuestros días. La cifra resulta espeluznante y produce realmente náusea (confrontar www.google.com.mx) y, por si fuera poco, se trata de una “guerra silenciosa” donde día con día son ejecutadas miles de víctimas y “sin ser noticia” ante los medios de comunicación.

La misma “Guerra Fría” (1945-1989) no tuvo nada de “Fría” puesto que se vivía en una continua zozobra ante el peligro de una guerra nuclear, como ocurrió en octubre de 1962 cuando un avión espía descubrió que Cuba tenía misiles nucleares que apuntaban hacia la Unión Americana y que, además, se sorprendió a una larga hilera de barcos rusos que se dirigían a la isla caribeña, gobernada por Fidel Castro, para aumentar más ese armamento letal.

Otro tema fue la carrera armamentista que se desató entre los dos bloques: la U.R.S.S. y los Norteamericanos. Poco le duró el gusto a los Estados Unidos al descubrir la bomba de hidrógeno, más poderosa y destructiva que la bomba atómica y, en relativamente poco tiempo, la Unión Soviética ya tenía la fórmula y había ensayado con gran éxito esta nueva arma tremendamente mortífera en una zona muy lejana y suficientemente discreta en su vasto territorio.

De igual forma, ocurrió una desesperada competencia para demostrar quién dominaba mejor el espacio aéreo y, en julio de 1969, Estados Unidos llevó a los tres primeros hombres a la Luna. Pero, a la vez, Rusia conquistaba -políticamente o por la fuerza- otros territorios en Asia y África e introducía el marxismo-leninismo en las principales universidades del mundo occidental creando una gran influencia ideológica en las universidades y, por lo tanto, en los profesores, intelectuales y los estudiantes. Que curiosamente, a pesar de su estruendoso fracaso como sistema político, persiste en algunos gobernantes, catedráticos e intelectuales de varios países.

Un clamor universal a favor de la paz

“¡Ya basta de tanto odio y de tanta guerra derramando sangre inocente!” -fue el clamor de las nuevas generaciones. El “gran héroe” de la Segunda Guerra Mundial como fue la Unión Americana, pasó a convertirse en el gobierno más criticado bajo la conducción del presidente Richard Nixon, quien personalmente odiaba a los “pacifistas” porque –según él- no tenían una visión amplia de los acontecimientos políticos. Sostenía la “eterna excusa” para justificar su intervención armada en el sudoeste asiático, y era que “había que construir un dique de contención para que el comunismo no avanzara hasta Oceanía”.

Naturalmente, Nixon no convenció a nadie. Sobre todo cuando arribaban al territorio norteamericano cientos y cientos de féretros de soldados muertos en combate, con el dolor y llanto ahogado de sus padres y hermanos y familiares, que se preguntaban, ¿Nuestro hijo realmente murió por el bien de la patria? y se comenzó a cuestionar este conflicto bélico.

Fueron los mismos jóvenes norteamericanos los que se manifestaron en el Capitolio, en las universidades, en las plazas públicas, en las calles; a través del arte, la música, la literatura, el teatro, etcétera; insistiendo y manifestando en sus discursos y escritos que querían vivir sin guerras absurdas y de modo pacífico.

Más que nunca se habló mucho de “fraternidad” no sólo dentro del territorio nacional sino a nivel internacional, sin hacer distinciones de raza, lengua, religión, nación... Un ícono musical de esa época, John Lennon lanzó al mercado musical internacional canciones como: “Imagina”, “Denle una oportunidad a la paz”, “Feliz Navidad, la guerra ha terminado”; Bob Dylan y Joan Baez cantaban sus melodías de protesta como “Una dura lluvia caerá”, “Los tiempos están cambiando”, “A través de la torre de observación”; George Harrison publicó como solista su primer material discográfico invitando a los jóvenes a reflexionar: “En esta vida, todas las cosas pasan” y el ex beatle sugería acudir con frecuencia a Dios, con su conocida melodía: “Mi Dulce Señor”, para tener una verdadera paz interior.

Qué es la fraternidad?

Pero esa “fraternidad” tan pregonada por esos años, sonaba a palabra hueca y vaciada de su verdadero sentido, semánticamente desgastada, demasiado superficial, sin un contenido más rico y profundo. Según el diccionario: “Fraternidad” es “la unión entre los hermanos o entre los miembros de una sociedad y es la más noble de las obligaciones sociales”.

Y entrando más en el tema, ¿qué diferencia existe entre la fraternidad, el compañerismo, la camaradería, el colega de profesión, el compañero de escuela y la verdadera amistad?

La respuesta es que fundamentalmente se define en los lazos de unión que se generan. Se puede tener a muchos “compañeros” en la primaria, y al cambiar a otra escuela secundaria, olvidarse de ellos y convivir con los nuevos estudiantes. Allí no hubo amistad de fondo. Se puede vivir un ambiente de “compañerismo” en un equipo de fútbol y, al terminar la liga, esos vínculos pueden desaparecer con facilidad. O bien, se puede tener a muchos “colegas” en el trabajo y, con los cambios de puesto o de empleo en otras empresas o de ciudad, toda esa relación de convivencia podría desaparecer.

Todo ello significaría que esas interacciones personales no generaron lazos firmes de unidad de una persona con otra. ¿Cómo pasar de la simple convivencia a la verdadera amistad?

Cuando la convivencia se transforma en amistad

Lo primero que hay que decir es que las personas no son “un número más en la estadística” sino seres humanos con un perfil biográfico, con unos determinados gustos y aficiones, con sentimientos y afectos nobles, con una familia concreta, con determinados “hobbies”...

¿Cómo comienza a generarse una amistad? Cuando, además del simple trato, se buscan puntos de interés en común. Por ejemplo, en el terreno profesional. Unos médicos que tienen la misma especialidad en cardiología, es fácil que se construyan amistades para toda la vida. Porque se pasan muchos años trabajando y conviviendo juntos. O bien, unos profesionistas que estudiaron la misma carrera de arquitectura y, mes con mes, se reúnen a desayunar para no perder la amistad, se puede no sólo conservar sino incrementar el trato de amistad.

En este aspecto los padres juegan un rol importante para que sus hijos cultiven amistades. Si comentan que se han hecho amigos de dos buenos estudiantes, los padres pueden tomar la iniciativa y sugerirles: -¿Por qué no los invitas a comer a casa para conocerlos nosotros también? Y, casi siempre, ese amable detalle es correspondido por otra invitación de parte de los padres de aquellos amigos y se van desarrollando lazos de amistad porque ya no sólo hay amistad entre esos jóvenes sino también entre sus papás.

Cuando se llega a la adolescencia, los amigos se comparten ideales y metas en común y eso lleva a estrechar los lazos de unidad. Además, es la edad en que el joven siente la necesidad de tener “un grupo” de amigos y, con el despertar de la afectividad, la necesidad de buscar a una novia.

Si esos sentimientos se comparten mutuamente, con naturalidad y en un ambiente sano, se pueden generar agrupaciones numerosas de amigos para toda la vida.

¿Pocos o muchos amigos?

Tengo a un buen amigo, escritor prolífico, que cuando era joven le gustaba mucho una melodía del cantante y compositor brasileño, Roberto Carlos, cuya letra decía: “Quisiera tener un millón de amigos / y así más fuerte poder cantar”.

Cuando se le cuestionaba si el tener a tantos amigos no iba contra la selección de los mismos, él contestaba con aire de seguridad: “Se trata de estar abiertos a hacer verdaderas amistades, no sólo en la juventud, sino a lo largo de toda la vida”.

Y siempre he pensado que ésa es una gran verdad porque, con el paso del tiempo, una persona se puede anquilosar y caer en la famosa “resistencia al cambio”: unos no quieren salir de su estrecho círculo de familiares; otros, se conforman con tener pocos amigos; y hay quienes se esfuerzan por cultivar siempre nuevas amistades porque están convencidos que cada amigo es un gran tesoro que enriquece la propia personalidad.

Amigos para siempre

Me comentaba un profesor que para él constituía un verdadero deleite en conocer y tratar, cada año escolar, no sólo a sus nuevos alumnos sino también a sus padres, y sobre todo, darle continuidad a ese trato. No olvidándose, por ejemplo, de sus cumpleaños y santos. Y los de las generaciones posteriores habitualmente lo buscaban para invitarlo a comer, a cenar y, en general, para convivir con sus respectivas familias. Y es que este profesor tenía importantes cualidades como: saber escuchar, comprender, corregir y dar los consejos oportunos y acertados.

Hay una exitosa canción popular, titulada “Amigos para siempre”. Es quizá el anhelo que tiene toda persona de cultivar amistades que duren a lo largo de toda la existencia. Y gracias a los avances de la cibernética y las redes sociales, muchos me han comentado que, por ejemplo, en Facebook escriben el nombre de un buen amigo que hace décadas que no saben nada de él y que les gustaría de nuevo entrar en contacto con esas antiguas amistades y, para su sorpresa, muy pronto lo encuentra trabajando en Francia o en Estados Unidos y así se reanudan muchas viejas amistades.

Pero, sin duda, lo más valioso en una persona es trascender y darse cuenta que fue creado por un Ser Supremo que lo ama con infinita ternura y ha sido capaz de entregar a su propio Hijo para morir en una Cruz, con la finalidad de obtener el perdón de nuestros pecados, y de esta forma, abrirnos las puertas del cielo.

La amistad con Dios para los fieles laicos, concretada en el trato diario con el Señor en medio de su trabajo cotidiano y de sus deberes familiares y sociales. Y frecuentando la confesión y la Eucaristía, que sin duda, es el hecho más sublime que un ser humano puede tener en esta tierra porque la Santísima Trinidad habita en esa alma, y de una forma misteriosa pero real, logra ‘endiosarse’, es decir, al esforzarse por ser “Otro Cristo” se convierte en un instrumento de Dios al servicio de todos sus hermanos, los hombres. Sin duda, una persona que está “endiosada” resulta ser comúnmente un foco de atracción porque los amigos lo buscan para recibir sus consejos espirituales, porque transmite paz y serenidad y, casi de inmediato, genera nuevas amistades por su trato franco, amable y alegre y porque está convencido que el Amor a Dios no cabe en un solo pecho sino que hay que difundirlo y explicar la razón de ese profundo gozo.

Bibliografía para consultar:

-Espinoza Aguilera, Raúl, “Ideas Claves sobre la vida y el aborto”, Editorial Minos III Milenio, México, Primera Reimpresión 2009.

-Melendo, Tomás, “Ocho Lecciones sobre el amor humano”, Ediciones Rialp, Madrid, 1993.

-Lewis, C. S., “Los Cuatro Amores”, Ediciones Rialp, Madrid, 1994.

-Wojtyla, Karol, “Amor y Responsabilidad”, Ediciones Razón y Fe, Madrid, 1978.

-Thibon, Gustave, “Entre el amor y la muerte”, Ediciones Rialp, Madrid, 1977.

-Ocáriz, Fernando, “Amar a Dios, amar a los hombres”, Ediciones Palabra, Madrid, 1974.

-Vázquez de Prada, Andrés, “Estudio sobre la Amistad”, Ediciones Rialp, Madrid, 1975.
-Covey, Stephen R., “Los 7 Hábitos de la Gente Eficaz”, Editorial Paidós, México, 1994.

-Escrivá de Balaguer, Josemaría, “Amigos de Dios”, Editorial Minos III Milenio, México, 2013.

-Espinoza Aguilera, Raúl, “Cuando Dios llama a tu puerta. Algunas conversiones de personalidades ilustres”, Editorial Minos III Milenio, México, 2009.

-Fernández Carvajal, Francisco, “Hablar con Dios”, Ediciones Palabra, Madrid, 1991.




 





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