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El ruido de la basura

El ruido de la basura
No nos damos cuenta de la labor silenciosa y de la influencia que generan en nuestra sociedad, nuestros comportamientos y hasta en nuestra fe


Por: Javier Leoz Ventura | Fuente: www.javierleoz.org



Todos los días de octubre, mes del Rosario, a las 7 de la mañana más de 150 personas salimos desde la parroquia por diversos itinerarios rezando el Santo Rosario.

Hoy, al encarar la Calle Mayor Vieja, nos hemos topado con el ruido del camión de la basura. Ello me ha llevado a la siguiente reflexión dentro de la eucaristía:

La basura del mundo hace mucho ruido y, entre otras cosas, pretende engullirnos y hacernos creer que "la basura" es cosa buena. Y es que, la basura, todo lo mancha, todo lo confunde y todo lo denigra.

Nosotros, ante ese ruido, hemos seguido rezando el rosario. ¿Por qué? Ni más ni menos porque, los Hijos de la Luz, han de ser valientes, testigos perserverantes y no dejarse aturdir por el estercolero que tenemos a nuestro alrededor.

Lo malo no es el ruido de la basura... lo peligroso es cuando no nos damos cuenta de la labor silenciosa y de la influencia que, "esas basuras", generan en nuestra sociedad, nuestros comportamientos y hasta en nuestra fe: intentan someternos y convertirse en punto de referencia para todo, pensamiento único, etc., etc.

El Rosario de la Aurora de Peralta por la Calle Mayor vieja... dos filas como las cuentas del Rosario... se encaminan hacia la parroquia sembrando ilusiones y esperanzas.

Amanece y, los rosarieros de Peralta, saben que con sus oraciones el SEÑOR hará algún bien en una familia, en un enfermo, en una empresa, en un pecador, en un matrimonio, en un sacerdote ....allá donde menos pensamos. El Rosario es siembra invisible pero constante.

El misterio y las luces, las sombras y las imágenes, la belleza y la seriedad, gente de todas edades... se cruzan en el Rosario de la Aurora de Peralta.

Que nos mantengamos firmes con una mujer que por ser LIMPIA (por dentro y por fuera) ¡MARÍA! nos invita a seguir arando los surcos de nuestra vida con el arado de la oración del Ave María.


(Foto Pili Navarro Ciordia)





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