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Tema 5: Los orígenes de las leyendas

Tema 5: Los orígenes de las leyendas
Semana 5. Los Celtas y la tradición esotérica. 29 octubre 2012


Por: Catholic.net | Fuente: Varios



Queridos compañeros caminantes:

Tengo que confesar que me ha costado mucho trabajo organizar este tema ya que se puede prestar a desviaciones doctrinales y a confundir la verdad con la mentira, pero considero muy importante conocer de dónde vienen las leyendas y mitos que son tan difundidos actualmente. Así no caeremos en error.

Comenzaremos con una cultura que llegó a la Península Ibérica en la Edad de Hierro, apróximadamente en el 900 a.C.:


El legado celta



http://www.youtube.com/watch?v=BYmBQkbq8do&feature=related







En los primeros siglos de nuestra era, la Iglesia Católica cristianizó este camino que ya existía miles de años antes del nacimiento de Jesús y se creó leyenda de la llegada del apóstol Santiago a tierras gallegas. Hay estudios que demuestran que sus inicios son incluso anteriores a los celtas y estos los incorporaron a su cultura: la existencia de una isla en pleno Atlántico, a la que viajaban las almas de los fallecidos.

Tir na nÓg, en gaélico irlandés significa "la tierra de la eterna juventud", una de las utopías de la humanidad histérica. Eterna juventud: una de las imágenes más perennes en los imaginarios colectivos, el paraíso de los pueblos celtas.

Tir na nÓg era una isla de naturaleza exuberante situada en medio del océano, en la cual los fallecidos continuaban viviendo eternamente jóvenes y donde no existían enfermedades ni guerras y todas las necesidades siempre estaban cubiertas.

Los celtas creían que las almas, emanadas de Dios, caían del Cielo como estrellas fugaces, quedando atrapadas en el cuerpo y eran liberadas de nuevo con la muerte para viajar a dicho "edén" en forma de estrellas fugaces, siguiendo el "camino de la Vía Láctea -de ahí viene la tradición de pedir un deseo cuando contemplamos una- hasta las zonas más occidentales de la tierra conocida donde el astro rey moría todas las tardes tragado por el océano, dando paso a la oscuridad de la noche. Allí esperaba, paciente, la deidad encargada de transportar en su barca mágica a los espíritus de los celtas fallecidos hacia la Isla de la Eterna Juventud.

Este mito parece ser muy anterior a los celtas. Desde el Neolítico los agricultores sabían que en el estrellado cielo de Europa, señalando el pasaje que realizaba el Sol desde oriente hacia Occidente, había un camino escrito llamado Vía Láctea. Es el actual Camino Francés que cruzaba hasta Finisterre. Nuestros primeros agricultores veían al sol sobre el horizonte a lo largo del año, avanzando y retrocediendo, desapareciendo como tragado por la noche, el Sol resurgía de nuevo restableciendo su brillante esplendor cada día. Observando estos fenómenos, acaso hayan imaginado nuestros ancestros pobladores de Europa que "persiguiendo al sol en su carrera" renacerían tras la muerte.

Aunque el Camino tenia en realidad dos itinerarios, ya señalados por Rafael Usero: uno el costero y atlántico, que pasando por San Andrés de Teixido y rodeando el Cabo Prior después de visitar el santuario de Santa Comba, se dirige por San Cristobo con sus Arenas del Paraíso hasta el célebre Monasterio de Juvia, siguiendo desde allí a Santiago y llegando por fin a Finisterre; otro el hoy propiamente llamado Camino Francés. Parece ser que antiguamente los peregrinos venían por un camino e regresaban por el otro, llamandosele entonces indistintamente a ambos Camino Francés.

El historiador Martín Almagro hallo numerosos carnoedos o amilladoiros (piedrecillas testimoniales que dejan al pasar) ofrendados a Hermes/Mercurio/Oghmiios distribuidos a lo largo del camino. Este rito, (que se repite en el pedrón de Padrón sustituyéndose las piedras por monedas), es idéntico al desarrollado por los pueblos célticos, en los que era costumbre arrojar chinarros en los cruces de caminos para alejar a los malos espíritus. Aún hoy encontramos vigente el rito del amilladoiro al alcanzar la Cruz del Cebreiro en la ruta jacobea, o la de arrojar ruedecillas solares a manantiales curativos para curar algunas enfermedades, (la costumbre de arrojar monedas al agua). Esta tradición también se conserva en el seno del cristianismo en la costumbre de tocar la piedra del Gólgota que se encuentra en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, en la que existe también la práctica de arrojar monedas y en la tradición de situar losas y lápidas sobre las tumbas en todo el ámbito occidental.

También los griegos denominaban a está zona costera como Dutika Mere que significa región de la muerte. Aristóteles ofrece relevantes detalles de la ruta hacía esta parte de la península ibérica, en Noticias maravillosas (*). Habla sobre la existencia de una senda que discurre de Italia a la península Ibérica, por la que transitaban peregrinos que eran protegidos por los lugareños y reseña incluso una garantía penal "internacional" con severos castigos a los que ultrajen a los peregrinos. Lo denomina "camino Herácleo" en recuerdo de la mítica ruta por la que transitó Hércules desde Italia a Iberia (la península Ibérica), y de ahí hacia una isla en medio del Atlántico (clara alusión al paraíso celta). Así aparece recogido en la Teogonía de Hesíodo a finales del siglo VIII o comienzos del VII a. C. Hércules se dirigió hacia Iberia en su "décimo trabajo" (penitencias que tuvo que realizar esta deidad, según la tradición griega), y en el territorio ocupado en la actualidad por la ciudad de A Coruña, el héroe griego se enfrentó al gigante Gerión, rey de la zona, derrotándolo y enterrando su cabeza donde se erige la espectacular Torre de Hércules, el faro romano más antiguo de Europa que todavéa continúa en funcionamiento. En su viaje, Hércules siguió la senda estelar trazada por la Vía Láctea, también el camino del Sol de Oriente a Occidente en el curso del año.

También cita este enclave Plutarco, Flavio, Plinio o Ptolomeo al referirse a la existencia de una "tierra de los muertos" situada a varios días de navegación de las costas de Hispania. También Homero se refiere a esta tierra de eterna felicidad, en el medio de las aguas oceánicas.

Los celtas también creían que infinidad de almas concurrían a ciertos santuarios marinos por la noche, acomodándose en barcas de piedra varadas en las playas, De esta creencia surge que durante siglos en la costa atlántica gallega siempre había amarrados barcos, cuyo cometido era trasladar las almas de los difuntos a la Isla de los Muertos y de ahí viene el dicho "Dios te lleve a buen puerto".

En los finisterres de Europa los puertos son hoy santuarios cristianos. En una barca de piedra llegó a Muxia la Virxe da Barca. En otra llego a Iria Flavia (hoy Padrón) el Apóstol Santiago.

No es casual que en las zonas costeras más occidentales de Galicia perduren todavía ritos y creencias relacionados con el paso al "otro mundo" de los difuntos. Entre estas zonas destacan dos: Finisterre ("el fin de la Tierra") y el santuario de San Andrés de Teixido, en el Norte de Galicia, situado frente a Irlanda donde como reza el dicho "A San Andres de Teixido va de muerto el que no va de vivo" y a donde por tanto es obligado peregrinar. El lugar al que debían peregrinar las almas antes de emprender el último viaje hacia el más allá, la mítica Isla de la Eterna Juventud.

Todos estos ritos han perdurado hasta hoy en día, simbolizando el viaje hasta las orillas más occidentales de Europa el viaje para morir y volver a nacer en el plano gnóstico y místico.

(Fuente: Albergue Lua)




Objetivo:

Conocer la mitología celta y la gallega para entender el misticismo que envuelve al Camino de Santiago


Participa en los foros:

5ª etapa del Camino: ¡Sincretismo a la vista!. Semana del 29 de octubre

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(*) Nota mía: No lo he leído pero creo que se refiere al tratado aristotélico "De las maravillas escuchadas" (De mirabilibus auscultationibus)







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