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Lección 8: Panorama de la Música Sagrada
Lección 8: Panorama de la Música Sagrada

Génesis del Motu Proprio Tra le sollecitudine de San Pío X


Por: Martín Jesús Pacheco Ochoa y Juan Pablo Pira Martínez | Fuente: Catholic.net



Génesis del Motu Proprio “Tra le sollecitudine” de San Pío X



Panorama de la Música Sagrada antes del Motu Proprio “Tra le sollecitudine”

Como ya se ha descrito, a lo largo del S XIX la música sagrada fue acumulando una serie de situaciones que cuestionaban seriamente su verdadero carácter. Cito aquí palabras textuales del Mtro. Carlos Marcelo Garófalo

“…En fin, más allá de estas valiosas obras de carácter religioso, pero no litúrgico al menos en sus versiones originales, es una época de franca decadencia de la música religiosa y de la litúrgica también, debido a dos causas convergentes: el olvido del canto gregoriano y la despiadada invasión del espíritu de la lírica en el ámbito sagrado..”.

Y también al entonces Sr. Cardenal Giuseppe Sarto, futuro Papa Pío X en una de sus cartas pastorales a los fieles y clero de Venecia, donde era Patriarca:

“De tal género (profano) es el estilo teatral que arreció en Italia durante este siglo. No presenta nada que recuerde el canto gregoriano y las formas más severas de la polifonía; su carácter intrínseco es la ligereza sin reservas; su forma melódica, aunque muy agradable al oído, es dulzona hasta el exceso (…). Su fin es el placer de los sentidos, y no busca otra cosa que el efecto musical, tanto más agradable para el vulgo cuanto más amanerado en las piezas concertadas y clamoroso en los coros; su forma es lo máximo del convencionalismo: (…) aria del bajo, romanza del tenor, duetto, cavatina, cabaletta y coro final, piezas todas convencionales, y que no faltan nunca (…). Muchas veces se tomaron las mismísimas melodías teatrales aplicándoles por fuerza el texto sacro; más a menudo se compusieron otras nuevas, pero siempre de estilo teatral, o con reminiscencias, convirtiendo las funciones más augustas de la Religión en representaciones profanas, cambiando la iglesia en teatro, profanando los misterios de nuestra fe hasta el punto de merecer la repulsa de Cristo a los mercenarios del templo: lo habéis convertido en cueva de ladrones”.

La situación necesitaba un fuerte golpe de timón, y las condiciones estaban dadas para hacerlo, tal como lo comprendió el venerado Pontífice. Nuevamente palabras del Mtro Carlos Marcelo Garófalo:

“El papa Pío IX saturado de tanta ópera y "prima donna"Franz Liszt (1811-1886), que, aunque controvertido en su vida privada, fue respetuoso, aun siendo un gran innovador en la música pianística y sinfónica, de las normas vigentes para la música litúrgica polifónica. Así pues nos ha dejado más de 20 composiciones de gran valor musical y aptas para la liturgia, que son poco menos que desconocidas comparándolas con su obra pianística…”

Y Mons. Valentino Miserachs nos describe:

…Lo que pasó desde Trento hasta mediados del siglo XIX se puede resumir en esta frases de Giacomo Baroffio: “De hecho (…) en pleno siglo XVII la polifonía absorbe la cultura musical de la época (la música concertada del barroco). Y de tal contaminación no se eximirá ni el mismo canto monódico litúrgico (…). La presencia de centenares de formularios escritos en los ss. XVII-XVIII en este estilo -rico de préstamos de canciones populares (…)-, abre la puerta a una total insensibilidad relativamente al carácter peculiar de la música en la liturgia. La situación precipitará. A pesar de algunas críticas aisladas, en las iglesias italianas acabará imponiéndose el estilo operístico hasta la reforma de san Pío X”...

Pero el instinto de preservar la pureza de la música sagrada no se había perdido del todo. Nos sigue diciendo Mons. Miserachs:

Quisiera notar, antes de pasar adelante, una cosa que no deja de ser curiosa, y que es fruto de mi observación y, digamos, de mi oficio. Los maestros de capilla de nuestras basílicas, en los siglos XVII-XIX, a pesar de escribir mucha música concertada en el estilo de la época, también de vez en cuando se acordaban de ser sucesores de Palestrina y de los grandes polifonistas, e intentaban escribir en el estilo antiguo, con buena técnica pero, claro está, con artificio y sin el perfume de las cosas auténticas. El lenguaje tonal se había impuesto de manera aplastante, los viejos modos eran ya sólo un recuerdo fantasmagórico. De todas maneras, podría decirse que la devoción sacral al canto gregoriano y a la grande polifonía nunca se apagó del todo, por lo menos en algunas iglesias privilegiadas.

Y este es, sucintamente, el estado de cosas con que se encuentra el Santo Padre Pío X al iniciar su pontificado. Lo que ocurrió a continuación, que fue la emisión del Motu Proprio “Tra le sollecitudine” nos lo describe nuevamente Mons. Valentino Miserachs:

San Pío X, nacido en Riese (Treviso) en 1835, habiendo vivido en ambiente musical desde la infancia, y habiendo practicado la música antes de ser obispo, incluso como maestro de coro, sensible a todo lo que se estaba moviendo en su tiempo para intentar salir del pantano de la música teatral, estaba destinado a ser el hombre de la Providencia por lo que se refiere a la restauración de la música sacra.

La reforma se preparó, y no sólo en Italia, en el seno de las Asociaciones de Santa Cecilia. La más antigua es la de Ratisbona, y remonta al 1868, con Franz Xaver Witt. La escuela de música de esa ciudad fue fundada ya antes del “motu proprio”; el mismo Perosi fue alumno de ella. En Munich trabajaron Ett, Aiblinger y Prosker. ¿Quién no se acuerda de los nombres de Haller y Mitterer, cuyas obras cantábamos en nuestra juventud? En Italia los nombres más importantes, entre los precursores, son los de Guerrino Amelli y del P. Angelo De Santi, S.I. , que fue el primer Préside de le Escuela Superior de Música Sacra -hoy Pontificio Instituto di Musica Sacra - después que san Pío X la fundara en 1911.

En 1888 el Patriarca Sarto pidió al P. De Santi que la preparara una relación o “voto” según lo que iba escribiendo en sus magistrales artículos de “La Civiltà Cattolica”. Pues bien, este “voto”, con muy pequeños retoques, es el texto del futuro “motu proprio” de san Pío X. Es consabido -y cosa normal- que los peritos preparan los documentos y los Papas los firman y hacen suyos.


Los grandes ejes de la Reforma del Santo Padre San Pío X fueron:

  • Impulsar la restauración del Canto gregoriano. Reafirmarlo como modelo y arquetipo de toda composición destinada a la liturgia. Darle su lugar primero en las celebraciones litúrgicas.

  • Con la publicación del “Motu proprio”, establecer de manera fehaciente los llamados “principios perennes” de la Música Sagrada, a saber: Santidad, Bondad de Formas y Universalidad para las nuevas composiciones.

  • Darle su lugar propio a los demás géneros de Música Sagrada: Polifonía Clásica y “Moderna”, Música Sagrada de Órgano tubular y Canto Sagrado Popular. Este último, entendido en el contexto del tiempo del Motu Proprio, que explicaremos más adelante.

  • Énfasis en la formación litúrgico-musical a todos los niveles.

  • Asimismo, en una doctrina que luego será retomada en el Concilio Vaticano II, se dejan entrever los Géneros del Canto Sagrado: Canto Gregoriano, Polifonía Clásica y Moderna y Canto Sagrado Popular, los cuáles trataremos brevemente.

  • Motu proprio "Tra le solecitudine" SS Sn Pío X, Página Vaticana


    Restauración del Canto Gregoriano

    Aunque nunca se dejó de cantar en la Iglesia, la interpretación del canto gregoriano fue variando, deformándose y "ocultándose", a lo largo de los siglos bajo las influencias y presiones del ambiente y de las nuevas corrientes musicales que la cultura humana fue generando en el devenir histórico. Su talón de Aquiles fue el que prácticamente se trata de un repertorio transmitido oralmente. Transcurridas todas las vicisitudes humanas, y el progreso de la polifonía, el canto gregoriano era apenas una sombra de sus orígenes.

    “La restauración de Solesmes en el siglo XIX no pudo basarse sino en el estudio y conocimiento de los signos y paleografías más antiguos así como en la transmisión interna del texto, la palabra, el ritmo, y sobre todo en la unción y la belleza que debe abrazar todo ese conjunto. Posiblemente nunca sabremos de una manera rigurosa cómo se cantaba en el siglo X, la edad de oro del gregoriano; pero la interpretación que Solesmes ha dado del canto de la Iglesia latina es una fiel exponente tanto de rigor y fidelidad a lo que los textos nos transmiten, como de buen gusto en la estética, el ritmo y la belleza de una música auténticamente espiritual”

  • Graduale "Oculi mei", Monjes de Solesmes

  • Pange lingua, Tantum Ergo, Monjes de Solesmes


    “La historia más reciente del canto gregoriano es rastreable al año 1833, cuando un joven sacerdote, Dom Prósper Guéranger (1805-1875), inicia la restauración del monasterio de Saint-Pierre de Solesmes (Francia), arruinado y abandonado tras la Revolución. La recuperación de este antiguo priorato señalará asimismo el restablecimiento de la orden benedictina en ese país, y del canto gregoriano para toda la cristiandad. El procedimiento consistió en la restitución de las melodías tal como se conservan en los signos de los antiguos códices atesorados en las bibliotecas de toda Europa, y el discernimiento de su justa ejecución, lo cual constituye un campo de estudio complejo para la investigación actual”

    “Dom Guéranger se puso la tarea de revivir el acento y el ritmo del canto llano, que se había perdido, y al restaurar el verdadero texto del canto puso las bases de interpretación , que desde entonces han sido seguidas estrictamente, de que cuando varios manuscritos de diferentes períodos y lugares estaban de acuerdo en una versión, ese era el texto más correcto. Confió la obra a Dom Jansions y a Dom Pothier. Este produjo "Les Mélodies Grégoriennes" en 1880 y el "Liber Gradualis" en 1883, que fueron impresos, como tantos otros en la Imprenta de Solesmes.

    Por su deseo de ser conciliador y por la insuficiencia de manuscritos, la ausencia de comprobación competente y el deseo y necesidad de una prueba práctica preparatoria, las primeras ediciones de Solesmes fueron deficientes, pero sirvieron al propósito de vuelta a la antigüedad y sirvieron de base para futuras investigaciones, y eventualmente para las sucesivas nuevas ediciones, cada vez más perfeccionadas, y de las cuáles podemos disponer en nuestros días para la Gloria de Dios en la liturgia, a través de la interpretación de tan venerable repertorio de cantos.

  • Pater Noster, Solesmes



    “La obra de los Padres de Solesmes recibió el mayor reconocimiento posible en 1904, cuando SS Pió X, en el espíritu de su Motu Proprio, 25 abril, 1904, confió particularmente a los monjes de la Congregación Francesa y al monasterio de Solesmes la preparación de una edición oficial vaticana del Canto de la Iglesia y nombró una comisión con ese propósito con Dom Pothier de presidente”


    Obra de Dom Guéranguer

    Dom Próspero Guéranger, fue en verdad no solo el I Abad de Solesmes, o el restaurador de la vida en ese cenobio, sino además el artífice de la recuperación de la orden benedictina francesa, y de la liturgia romana contenida como en el ánfora mas acabada en esas milenarias melodías gregorianas, luego definidas por San Pío X como modelo supremo de la música religiosa católica.

    La recuperación de la vida monástica en “Saint-Pierre” de Solesmes constituyó la base material para que este canto tradicional de la Iglesia romana, como así lo entiende el Vaticano II, resonara solemne en el monasterio francés, como en toda la cristiandad. Dom Guéranger comprendió que el gregoriano recibido en los libros de canto entonces en uso no podía ser, en tanto primordial vehículo del acto litúrgico, esa “pesada y aburrida sucesión de notas cuadradas que no sugieren un sentimiento ni pueden decir nada al alma”, en sus propias palabras. Estaba en su intuición que el gregoriano, para hacerse oración cantada, debía ser ante todo oración, lectura inteligente de la Palabra para que luego sea palabra propia.


    Frutos musicológicos próximos de la Restauración del Canto Gregoriano

  • La búsqueda y localización de las fuentes históricas necesarias -los manuscritos dispersos por toda la Europa latina- para restablecer lo que la moda y el tiempo habían hecho desaparecer.

  • Emisión de valiosos tratados como: “Mélodies grégoriennes” primer tratado sobre la base de las investigaciones de los antiguos manuscritos aparecido en 1880 de Dom Joseph Pothier (1835-1923), “Paléographie musicale” en 1889, en donde se atesora una importante colección de documentos, de Dom André Mocquereau (1849-1930), la inauguración de la semiología musical, la ciencia no tanto de la melodía como del ritmo y la expresión implícitos en los signos fijados por los notadores medioevales atribuida a Dom Eugène Cardine (1905-1988)

    “Solesmes es considerado como el centro pues de la restauración de este repertorio musical, enclave único de estudiosos, historiadores, liturgistas, musicólogos, buscadores de Dios que se expresan a través de la alabanza cantada de la manera más exquisita, Solesmes es como una ventana al cielo, desde donde los ecos de la liturgia de la Jerusalén celeste, cuando el tiempo lo favorece, casi se pueden llegar a hacer perceptibles”.

























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