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Lección 3: Canto Gregoriano (Génesis, estilos, recopilaciones)
Lección 3: Canto Gregoriano (Génesis, estilos, recopilaciones)

El punto culminante llega durante el pontificado de San Gregorio Magno (590-604), en cuyo honor es nombrado “gregoriano” el canto “oficial” de la Iglesia


Por: Martín Jesús Pacheco Ochoa y Juan Pablo Pira Martínez | Fuente: Catholic.net



A Gregorio I, llamado después Gregorio Magno (el Grande) y sus antecesores inmediatos se les atribuye la reforma y la unificación del repertorio tan diverso de canto litúrgico. Ocupó el papado de 590 a 604 y durante mucho tiempo se tuvo la errónea idea de que él era el autor del repertorio actual Gregoriano, que por cierto se llama así en honor a su nombre.

Se puede afirmar que el actual Canto Gregoriano es producto de un proceso casi tan antiguo como la misma Iglesia. Es desde hace por lo menos 14 siglos el Canto Oficial de la Iglesia Católica, y como hemos visto, es herencia de los himnos y cantos entonados durante los primeros siglos de nuestra era. Tales cantos a partir del siglo IV sufrieron un proceso de asimilación a la liturgia Romana, cuando se comenzaron a cantar en lengua latina, y no en su original. Anónimos maestros reelaboraron las melodías en Roma cuyo resultado fue unas piezas más refinadas, sobrias construidas sobre los textos de la traducción latina de la Biblia (hablase aquí del latín del lado Oeste del Imperio), y con ello " la síntesis de los cantos de los ritos judíos, griegos y bizantinos.


ORIGEN DEL CANTO GREGORIANO

Descrito el panorama anterior, estamos en el umbral de acontecimientos cruciales en materia litúrgico-musical, originados por un acercamiento ya desde el siglo V entre el Papa Gregorio y el reino de los Pipinos. Este acercamiento fue en primera instancia político. Ambos coincidían en la conveniencia de la unificación del Imperio occidental, donde un factor determinante sería la fe y su forma de celebrarla. Esta alianza por lo tanto, impulsó la unificación ritual para garantizar la unidad del imperio, y al mismo tiempo proteger al Papa.

El proceso tenía que transitar por la unificación del canto sagrado. Los musicólogos señalan que no hubo una supresión o desplazamiento del uso Galicano en favor del romano, sino un auténtico mestizaje, de manera que se podría plantear que la fusión de los elementos del canto Romano y el Galicano hacen nacer el Canto Gregoriano.

El punto culminante llega durante el pontificado de San Gregorio Magno (590-604), en cuyo honor es nombrado “gregoriano” el canto “oficial” de la Iglesia.

Como se ha dicho, y contrario a lo que se creía antes, hoy día está fuera duda que San Gregorio no escribió personalmente melodía alguna. Su labor consistió en organizar y coordinar el canto sagrado de la Iglesia, a manera de de pulimento y de reforma. Según su biógrafo Juan Diácono (Vita S. Gregorii, escrita durante el pontificado de Juan VIII, 872882), “dice que la obra musical de S. Gregorio, se reduce fundamentalmente a estos dos puntos: 1) La Compilación del Antifonario Centón, y 2) La reforma de la Schola Cantorum”.


NACIMIENTO DE LA NOTACIÓN MUSICAL

Durante ocho siglos la música cristiana se había transmitido únicamente por tradición oral. Los cantores aprendían cortas frases melódicas que enlazaban entre sí según unos principios más o menos estipulados y convencionales tal como se practicaba, y se practica todavía, en Oriente. Este sistema mnemotécnico, fue durante mucho tiempo el único recurso para la transmisión de las melodías. Pese a los riesgos de alteraciones que entrañaba, era suficiente para unas fórmulas sencillas, poco numerosas y vecinas unas de otras.

Fue el enriquecimiento y la progresiva complicación del repertorio lo que suscitó la necesidad de una notación. Se descubre un primer esbozo con los neumas, una combinación de barras y de puntos que aparece en ciertos fragmentos de los manuscritos a mediados del siglo XI y que deriva indudablemente de los acentos de la escritura literaria.

Las barras, inclinadas, corresponden a las notas agudas, los puntos a las notas graves. Estos signos, superpuestos a las sílabas del texto que va a cantarse, no dan ninguna indicación sobre los intervalos ni la altura absoluta de los sonidos. No constituyen sino un “memorándum”, más que de intervalos exactos, de matices interpretativos, los cuáles el cantor ejecutará, a condición de que ya conozca la melodía.





En el transcurso del siglo X, un monje que ha quedado en el anonimato tuvo la idea de trazar una línea representando un sonido de referencia concreto, y encima y debajo de la cual se ordenaban los neumas. El siguiente paso fue la utilización de dos líneas de diferente color. El proceso siguió hasta constituir el tetragrama (conjunto de 4 líneas, que es el rayado definitivo sobre el que se escribió el canto Gregoriano.

No fue sino hasta fines del siglo X que aparece el nombre de Guido D’Arezzo, un monje benedictino a quien se le atribuye la solmización (designación de las notas por las primeras sílabas del himno a san Juan Bautista, Ut queant laxis Re sonare fibris) Las notas iniciales de este himno resultaron ser precisamente las de la escala diatónica (Ut-re-mi-fa-sol-la-si) Posteriormente el Ut fue cambiado por la sílaba Do.




Himno a San Juan Bautista




Guido asimismo, sentó las bases para un sistema de notación alfabética del que se encuentran aún algunas reliquias en la terminología anglosajona y alemana, donde “A” significa la, “B” si bemol, “C” do, etc. actualmente en uso en métodos populares de guitarra y otros instrumentos, para designar los acordes.

Lo importante es este apartado es considerar la gran utilidad de un sistema de notación, el cuál, ya desde la aplicación de los primeros neumas, permitió la conservación de las melodías con un máximo de pureza, mediante la hechura de los célebres manuscritos.

Desde el siglo XI, el pentagrama de cuatro líneas se difundió por toda Italia, el país más avanzado en este campo, y de allí pasó a Francia. No fue sino hasta el siglo XIII que el pentagrama apareció en España en el siglo XIII.


Características del Canto Gregoriano

  • Su íntima unión con la palabra. Las melodías están al servicio de la Palabra y de la oración litúrgica, potenciándola.
  • Se sujeta al ritmo libre de la Palabra, según los acentos del lenguaje latino.
  • Es monódico. Su línea melódica es sencilla, y no exige sobreesfuerzos a los cantores, pues se sujeta a la tesitura humana.
  • Sus melodías están hechas sobre las escalas griegas (modales)
  • Se ejecuta sin acompañamiento.

    En el repertorio gregoriano los cantos comunes a todas las misas (Ordinario de la Misa) son los más sencillos, porque originariamente se reservaban al pueblo y al clero inferior: Como se ha dicho, los cantos del ordinario son: Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, y Agnus Dei.


    Credo IV


    Los cantos particulares de determinadas fiestas (Cantos del Propio) están mucho más desarrollados e incluyen numerosas vocalizaciones, sobre todo los Aleluyas, derivados del canto de los salmos.


    Gran Aleluya de Pascua


    Además de la liturgia de la misa, el repertorio gregoriano comprende los himnos que acompañaban a los oficios de las distintas horas canónicas, maitines y laudes, prima, vísperas, completas. En estos se desarrolla primordialmente la Salmodia y las diversas formas de cantarla. Sus estrofas son cantadas de ordinario por dos coros que se alternan (Forma Antifonal). Cuando tienen un estribillo, y las estrofas son ejecutadas por un cantor, o un pequeño grupo de ellos, se trata de la forma Responsorial. Si la melodía puede ser de hecho la misma que la del resto, y es ejecutada por el coro y las estrofas por dos o tres chantres, o todo el salmo por un solista, se tratará de la forma Hímnica.


    Los musicólogos clasifican también las piezas gregorianas de acuerdo a su constitución pneumática, es decir, al empleo en cantidad y grado de dificultad de los pneumas en la composición de una melodía. Son cantos sencillos del repertorio.

    Se dice que un canto es Silábico, cuando a cada sílaba del texto corresponde una nota musical.


    Salve Regina


    Se denomina como Pneumático a aquellas piezas en las que hay algunas sílabas a las que les corresponden grupos de notas.


    Introito Viderunt omnes


    Las piezas más elaboradas son las llamadas Floridas. En ellas, hay sílabas a las que se les asigna gran cantidad de notas. Se trata de los cantos más difíciles de entonar, y por lo tanto, se le asignaban a los cantores más experimentados.


    Tractus de la Misa de difuntos


    Esplendor del Canto Gregoriano
    La época de mayor brillantez o de esplendor del Canto Gregoriano ocurrió hacia el siglo IX cuando se estableció la división de los cantos de la Misa en Cantos del Ordinario (Kyrie, Gloria, Credo Sanctus, Benedictus y Agnus Dei) y Cantos del Propio (Introito, Graduale, Tractus, Alleluya, Ofertorio, Communio) que servirán como esquema aún en nuestros días para los compositores que abordan la forma Misa, tan importante en la Música Sacra. La contribución mayor la hicieron las grandes Abadías Europeas (Toledo, León, Ripio y Gerona). Este progreso hacia la forma mas definida y elaborada, y el estilo mas puro y dependiendo absolutamente de la exaltación del texto, hacen que la época Carolingia sea al mismo tiempo la del esplendor del Canto Gregoriano.

    Decadencia del canto gregoriano
    Las nuevas sonoridades de la incipiente Polifonía, (uso de 2 o más melodías simultáneamente) así como el aparente agotamiento del uso de las escalas modales comenzaron a filtrarse en un repertorio tan cuidado y sólido como el del Canto Gregoriano, lo cual culminó hacia los siglos XIV y XV con su decadencia que se dio en 2 sentidos: RITMICA y MELODICA.

    Decadencia Rítmica
    En el caso de la primera se dio influenciada por la nueva métrica de la Polifonía la cual se opuso al tradicional ritmo libre Gregoriano. Las melodías comenzaron a ejecutarse como si estuvieran sujetas al ritmo fijo de los compases, mas emparentado con nuestra actual música.

    Decadencia melódica
    La decadencia melódica buscó incluir los nuevos conceptos del cromatismo y del uso de las escalas con un sentido tonal, antecedentes directos de los actuales modos mayor y menor. Así por ejemplo se disolvió el sabor propio de la modalidad griega, a favor de la simplificación de los modos y de la altura tonal.

    Es a partir de estas influencias que la nueva técnica Polifónica -como veremos más detalladamente- demolió el canto Gregoriano y con ese material construyo sus propios edificios sonoros. La autoridad eclesiástica sujeta a los devenires sociales y a la crisis moral de todos conocidas en este tiempo poco pudo o quiso hacer para evitar que su canto oficial fuese tratado de esa forma. Las grandes abadías se convirtieron en el refugio seguro para los manuscritos antiguos, pero también antiguos laboratorios donde algunos los mismos monjes experimentaron libremente con la nueva corriente. Mas adelante volveremos a encontramos con el Canto Gregoriano y con una Iglesia verdaderamente preocupada por recuperar y revalorar el Canto Gregoriano, no nada mas desde el aspecto cultural, sino y sobre todo por su insuperable valor espiritual y oracional.











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